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Domingo, 09 Enero 2011 11:47

Hace 20 años: mi experiencia política en la izquierda

Written by Alfonso Elizondo

 

Cuando ya sobrepasaba los cincuenta años de vida me empecé a preocupar por los aspectos contingentes de la actividad política de mi País. Hasta entonces había vivido lleno de amor y con intensidad los años de la infancia, luego los primeros años de vida racional dedicado a descifrar los enigmas metafísicos y disfrutar la también enigmática belleza que generan las vivencias sensoriales y las bellas artes, particularmente la literatura, las artes plásticas y la arquitectura, reina de todas.

Poco antes de los 25 años de edad encontré de pronto el amor del género procreativo y decidí formar una familia. Desde entonces mi vida transcurrió en un universo dual, donde empleaba la mitad del tiempo físico inmerso en los mecanismos sociales de sobrevivencia y en el resto continuaba inmerso en la filosofía y en las artes. Quizá por eso nunca tuve la inquietud de conocer y analizar los hechos de la política nacional y parroquial, hasta que alcancé el nivel de ingresos que me garantizaría el modesto nivel de satisfactores materiales que desde muy joven me había trazado.

Nunca he tenido duda de que los paradigmas materiales de todo ser humano pueden tener un límite, aunque éste no se alcance a determinar durante la vida de la gran mayoría de las personas; mientras que es obvio el carácter infinito de los paradigmas espirituales, además de que nunca cesan de crecer y de retroalimentar la vida del ser humano cuando éste les concede una mínima porción de su tiempo físico. No obstante, en la estadística reciente de las conductas humanas suelen haber tres vertientes: la de quiénes nunca alcanzan su nivel de sobrevivencia, quiénes lo alcanzan, no se enteran y siguen utilizando todos sus esfuerzos en superarlo hasta que mueren y quiénes logran definir el nivel óptimo cuando todavía tienen vida para disfrutar de la espiritualidad.

No puedo negar que esta etapa de mi vida del amor procreativo, la construcción de una familia y la continuidad de mi vida espiritual en la filosofía y el arte cuenta con un extenso anecdotario que incluye los largos períodos de vida ociosa y frívola, la temprana y prolongada etapa de la libido sin control, la inevitable megalomanía, el narcisismo, los períodos etílicos, el tránsito por etapas de ciertas ideologías y creencias que desaparecieron al llegar la madurez, hasta finalmente encontrarme con el pensamiento crítico, como instrumento toral de mi vida de los últimos 20 años.

Como mi formación académica universitaria incluyó tanto las humanidades como la ciencia empírica, al entrar al campo de la política contingente, pronto descubrí que toda la estructura política, económica y social de Occidente se había construido sobre los principios de los grandes filósofos de la Ilustración; desde la normatividad jurídica, los elementos del Estado democrático y republicano, los criterios de la cultura histórica, de la salud, de la mente humana, las teorías de la economía y por desgracia la base de una tradición cultural distorsionada – la modernidad histórica – que dejó un sistema educativo basado en axiomas falsos, como el antropocentrismo, la racionalidad central de la historia y la dicotomía entre el cuerpo físico y la mente.

El sistema político que existía en México hace 20 años era similar al que existe ahora, con diferencias muy ligeras, pero tenía casi las mismas vertientes predominantes del sistema actual: autoritarismo, impunidad, corrupción, racismo, malinchismo, maniqueísmo, machismo, falta de democracia, alto nivel de pobreza extrema, un sistema alimentario autónomo totalmente destruido, explotación de materias primas y energéticos no renovables por empresas extranjeras, minimización de las inversiones del Estado en infraestructuras, cancelación de los institutos y centros de investigación científica financiados por el Estado y naturalmente, el origen de todos estos problemas que ha sido la pérdida de autonomía de los gobiernos mexicanos desde mediados de los años setenta.

Cuando los gobiernos mexicanos gozaron de autonomía entre 1934 y 1970, el País alcanzó el período mas largo de crecimiento económico de toda su historia, logrando además que ese crecimiento sostenido por más de 30 años pudiese permear a un gran sector de la población mexicana. Por feliz añadidura, el gobierno federal de Lázaro Cárdenas inició una etapa de educación elemental gratuita y obligatoria que lograría la alfabetización de un alto porcentaje de nacionales que en los años treinta apenas si alcanzaba el 10% del total de la población, se empezaron a fundar universidades públicas en las regiones de mayor población y se crearon la mayoría de las instituciones del estado mexicano actual. A principios de los años sesenta se consideraba a México como el país pionero de América en materia educativa y en desarrollo político, mientras que su economía era consideraba como 'el milagro de América'.

Al inicio de los setenta, los Estados Unidos e Inglaterra empezaron a impulsar un modelo económico que impulsaba la macroeconomía, iniciaba el proceso de globalización económica, limitaba, casi por completo la participación del Estado en la economía y propiciaba el nacimiento del actual capitalismo financiero que podría generar riquezas sin la participación del trabajo. Este modelo se denominó 'neoliberal' y los Estados Unidos empezaron a experimentarlo en las naciones que ellos consideraban subsidiarias y dependientes de su economía. Aunque esta nueva forma de dominio no se expresaba en forma abierta a principios de los años setenta, quizá por la cercanía en tiempo de la masacre del 68, contra supuestas movilizaciones de la izquierda internacional que provenían de la Unión Soviética, en los ochenta se convirtió en una fuerza maléfica sin encubrimientos que conculcó la soberanía del Estado mexicano e impuso las políticas de Washington.

Fieles a su tradición malinchista, los líderes políticos, los intelectuales con reconocimiento público, la mermada clase media y los grandes capitalistas aceptaron esa condición de subordinados con distintos niveles de alegría, aunque debe reconocerse que los políticos y los intelectuales lo matizaron con altos grados de hipocresía. Como siempre ha sucedido en la historia de México, las excepciones a la regla general de sumisión a los poderosos, los dos líderes políticos con carisma en la población y opuestos al dominio norteamericano, Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador tenían serios problemas de personalidad: megalomanía y mesianismo, mientras que en el caso de los intelectuales con reconocimiento internacional fueron cooptados por los gobiernos dirigentes, mientras que a los que permanecieron fieles a sus ideales libertarios apenas se les permite llegar a un pequeño sector de la sociedad a través de las publicaciones del periódico La Jornada y la revista Proceso.

El resumen de los resultados de este dominio de tres décadas de los Estados Unidos está consignado en las cifras económicas más importantes: el PIB ha crecido en un promedio de 1% anual, la cifra más baja de Latinoamérica, con excepción de Venezuela (0.8%) que tiene un gobierno dictatorial; la población en la economía formal, incluyendo a los empleados por el Estado, se mantiene igual a la de hace 20 años; la población de la economía informal es la mitad del total de Población Económicamente Activa; los mexicanos en situación de pobreza extrema se ha incrementado y alcanza niveles superiores al 30%, similar al índice que existe en los países de Asia y de África más pobres del mundo.

Al iniciar los años ochenta, la situación de la política mexicana era muy dramática, ya que el PRI había dirigido durante más de cinco décadas con una mezcla de astucia y maldad al sistema político mexicano desde que acabó la lucha revolucionaria y ya no tenía fuerza interna, ni líderes capaces de sacudirse el dominio de los Estados Unidos, que imponían su política interna y externa a placer, mientras que los pusilánimes Gobiernos priístas fingían negociar y condicionar las decisiones unilaterales del FMI, el Banco Mundial y del Departamento del Tesoro de los EU.

Esta situación se mantuvo con un mínimo grado de encubrimiento en los gobiernos de Echeverría, López Portillo y Miguel de Lamadrid cuyo sexenio terminó en 1988. Pero justo en el año de 1989, durante el gobierno espurio de Carlos Salinas se hizo público un decreto de Washington sobre la forma en que deberían de operar los sistemas políticos y económicos de la naciones Latinoamericanas, incluyendo a México. Con el factor de la ácida hipocresía norteamericana, esa decisión unilateral del Gobierno estadounidense se bautizó con el nombre de 'El Consenso de Washington'. El más sorprendido con dicho nombre fue el profesor de economía John Williamson, del Institute for International Economics, quién lo había pergeñado con propósitos y significados totalmente distintos a los que expresaba Washington.

Durante el sexenio espurio de Salinas (1988 – 1994) se realizó la persecución y la matanza más sangrienta en la historia de los procesos electorales de México, cuando Salinas mandó ejecutar a varios cientos de operadores electorales de la alianza de partidos que le venció en los procesos electorales de 1988 y se habían constituido en un movimiento político real de la nueva izquierda mexicana. Del triunfador Frente Democrático Nacional, formado con casi todos los partidos de izquierda y cuyo liderazgo se había transferido a Cárdenas para que participara en el proceso electoral de 1988, se estaba derivando la construcción del primer partido genuino de la izquierda mexicana, que en esta ocasión no había sido inventado por el priísta Jesús Reyes Heroles, para simular ante la comunidad internacional que México ya no era una 'dictadura perfecta', sino que ahora el Gobierno tenía opositores políticos reales.

Como resultado de los crímenes de Salinas, muchos intelectuales, políticos y ciudadanos de todas las clases sociales se unieron al movimiento de Cuauhtémoc Cárdenas, con la idea de alcanzar el poder por la vía democrática e institucional de los procesos electorales. Fue entonces cuando me uní – sin afiliarme – en calidad de simpatizador a esa nueva fuerza política que aún no lograba ser aceptada como partido político oficial. Después de una larga y cruenta lucha, el PRD logró su reconocimiento como partido político oficial y se empezó a preparar para competir en los procesos electorales de 1994.

El candidato por el PRI sería Ernesto Zedillo, un personaje tímido y sin carisma que había quedado como sustituto de Luis Donaldo Colosio, el segundo delfín de Salinas quien murió asesinado cuando puso a discusión el programa político que le había señalado Salinas para su campaña electoral. Pero Salinas estaba jugando a dos cartas, ya que a partir del fraude electoral contra Cárdenas había surgido Diego Fernández que tomó las riendas del PAN tras el asesinato de Manuel Clouthier quien se había negado a asociarse con Salinas. De la sociedad entre Diego Fernández y Salinas surgió una idea malévola y astuta con la cuál lograron vencer a Cárdenas de nuevo; ya que Diego Fernández fingió lanzarse como candidato del PAN y cuando calculó que había logrado despojar de suficientes votos a Cárdenas con su eficaz retórica, se retiró de facto de la contienda electoral durante los meses finales y aunque fingió participar en la contienda tripartita, muchos de sus votos fueron cedidos al PRI, ya que sus representantes electorales no protestaban cuando los votos panistas eran registrados como votos priístas en las actas electorales oficiales.

Salinas había dejado a México en una situación política de sumisión ante Estados Unidos, había creado un déficit impagable en la Tesorería al pagar enormes ganancias a los electores favoritos de Clinton que habían adquirido certificados de la tesorería mexicana cuyos rendimientos reales habían sido muy bajos durante su período de inversión, pero Salinas ya los había pactado con Clinton y el posterior gobierno de Zedillo tuvo que liquidarlos ocasionando un grave deterioro de las finanzas mexicanas. Salinas robó de las arcas nacionales las cifras más altas de su historia. Su saqueo de 39 mil millones de dólares superó al alcanzado por los peores dictadores y gobernantes de la época moderna.

Al terminar su mandato había privatizado las principales empresas nacionales, traspasándolas a sus socios y familiares y había reprivatizado la banca, vendiendola, casi toda a la banca extranjera. Había privatizado buena parte de la CFE, otorgando concesiones de generación de energía y de suministro de energéticos a compañías extranjeras mediante hábiles argucias de sus asesores legales; a PEMEX le canceló su centro de investigación científica denominado Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y empezó a dar las concesiones de explotación y transportación de gas y petróleo a compañías privadas nacionales y extranjeras, ya que previamente había desmantelado el consorcio sindical más poderoso de México que aun cuando tenía muchos ladrones en su dirigencia, éstos estaban beneficiando a un amplio sector de la población que incluía a varios cientos de miles de mexicanos de las clases populares, una cifra que era infinitamente superior a la media docena de familias asociadas con Salinas.

Aún cuando todas estos delitos y crímenes fueron escondidos por el equipo de comunicación de Salinas, las televisoras que había protegido y concesionado, la mayoría de las empresas periodísticas, sus grandes ligas con el Banco Mundial, su sociedad con Diego Fernández que le liberó de todos los litigios con las empresas nacionales y extranjeras, Salinas contaba además con el apoyo incondicional de los grandes capitalistas nacionales, aún cuando ellos no hubieran recibido beneficios, sino como parte de un tributo de admiración al taumaturgo que les había demostrado un nivel de ambición y de menosprecio a las clases populares superior al de cualquiera de ellos.

Finalmente, el resultado de los procesos electorales de 1994 arrojó como vencedor a Zedillo, quién tuvo que aceptar la tutela de Diego Fernández en muchos asuntos de política interna y externa, como resultado del acuerdo que había tenido con Salinas, quién también le heredó un erario público en bancarrota, un crimen organizado sin control, una serie de movimientos sociales muy peligrosos y una total dependencia de los Estados Unidos en todos los aspectos de la planeación económica y financiera, de política externa, de disposición de los ingresos fiscales y de las estrategias para el control del narcotráfico.

Durante el gobierno de Zedillo se incrementó la dependencia de los Estados Unidos, ya que tuvo que recurrir a un préstamo de 34,000 millones de dólares con garantías e intereses muy altos debido a que Salinas había dejado al País en bancarrota. Creó un mecanismo para financiar con dinero de los contribuyentes a los banqueros y a los industriales que habían quebrado durante la crisis que heredó Salinas (FOBAPROA) y desarrolló otros mecanismos financieros para PEMEX, y para CFE (PIDIREGAS) en los que el gobierno de México pagaba y sigue pagando intereses desorbitados a la gran banca especulativa de Estados Unidos mientras empleaba los ingresos de estas empresas del Estado para cubrir el creciente gasto de la burocracia. Por estas razones Zedillo se convirtió en miembro distinguido de la comunidad financiera internacional y fue premiado con infinidad de puestos honoríficos y estipendios millonarios.

Al igual que Salinas y De Lamadrid, Zedillo tampoco pudo aplicar la riqueza producida por la nación a proyectos de inversión en infraestructuras y cumplió rigurosamente con las disposiciones de Washington en el empleo de su presupuesto, ganándose el respeto y la admiración de todos los funcionarios del Banco Mundial y del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Como ha sido tradición histórica en los mexicanos, esa admiración se extendió a la mayoría de los empresarios y grandes capitalistas, así como a un amplio sector de la clase media alta cuyos paradigmas proceden de la sociedad norteamericana.

Esa obediencia total de Zedillo a los designios de Washington trajo como resultado un flujo inusitado de inversiones estadounidenses, sobre todo de empresas contaminantes, de pobre tecnología, con alto grado de manufactura y sin capacidad para competir con sus similares que emigraron a México en el sexenio de Fox y que pronto huyeron del País, cuando encontraron otras naciones con menos exigencias fiscales, ecológicas y laborales, como la India, China y algunas naciones del Sudeste Asiático.

Dos elementos positivos del gobierno de Zedillo fueron que sus ambiciones materiales eran limitadas y se retiró sin que se encontrasen rastros de partidas ilegales ni de acciones de su gobierno para lograr un beneficio personal o de sus familiares en todo su sexenio. Asimismo, durante su gestión se logró la consolidación de la institución nacional conocida como IFE (Instituto Federal Electoral) que regularía los procesos electorales en el futuro con un grado aceptable de credibilidad y de democracia, hasta que se derrumbó de nuevo en el sexenio de Fox.

Justo en la segunda parte del mandato de Zedillo, la Comisión Electoral del Estado de Nuevo León me convocó a formar parte de su comité directivo, al que me uní con pasión, ya que en ese momento de mis vivencias al interior de la política contingente, estaba plenamente convencido que la vía de las instituciones electorales era el único camino hacia la democratización de la vida política, hacia el desarrollo de la economía y hacia lo más importante de todo que era la autonomía del Estado mexicano. Después de participar en la elección del primer gobernador panista de Nuevo León, hube de dimitir a mi cargo para participar en los procesos electorales del 2000 con el equipo del PRD que había lanzado de nuevo al ingeniero Cárdenas.

Para su tercera contienda por la presidencia de México, Cuauhtémoc Cárdenas aceptó que yo contratase a un Despacho de Consejeros Electorales que era considerado entre los 3 más importantes de los Estados Unidos. Los principios básicos de esas consejerías eran el uso de las estadísticas para fundamentar la estrategia toral de campaña, un sistema promocional que estaba inspirado en spots televisivos, donde se exaltaban las virtudes del candidato y sus principales proyectos, además de un método proactivo para desarrollar nuevas ideas de campaña que provenían de reuniones grupales entre promotores de voto nacionales y los miembros del despacho de consejeros electorales. Desde principios de los años ochenta existe la hipótesis, muchas veces comprobada que el voto electoral carece de racionalidad en todas las regiones del mundo y en todos los niveles de la sociedad, por lo que la publicidad y la promoción tienen que hacerse con imágenes en la televisión y en la hipermedia.

El Despacho que contratamos tenía un récord excelente de triunfos con candidatos de izquierda en todo el mundo, en el que destacaba, el triunfo de Mandela en Sudáfrica, donde no había existido nunca un candidato de color de filiación izquierdista con un porcentaje de simpatizadores iniciales menor al 20%, en un país que apenas estaba saliendo del 'apartheid'. La primera acción del despacho fue hacer una minuciosa encuesta nacional para determinar con mucha precisión el número de electores simpatizadores de Cárdenas antes de iniciar las campañas electorales.

Al mismo tiempo que se realizaron estas encuestas, el despacho empezó a filmar y difundir en la Televisión nacional las acciones más notables que estaba realizando Cárdenas en su calidad de Jefe de Gobierno de la Cd. de México, entre las que destacaban las imágenes de un Zócalo atestado de camiones especiales para recolectar y transportar la basura, la restauración de parques públicos, la conservación de árboles enormes en las grandes vías públicas, la limpieza de los grandes ductos de aguas residuales, la dotación de armas y de medios de transporte a los casi cincuenta mil policías de la Cd. de México, la restauración de algunos frontis de edificios públicos y de monumentos que habían sido descuidados por las anteriores administraciones.

Mientras tanto, Antorcha Campesina y otros organismos subsidiarios del PRI establecían un bloqueo permanente al Palacio del Gobierno de la Ciudad, lanzando al aire infinidad de gritos y protestas que superaban el nivel de decibeles tolerable por el oído humano propiciando que Cárdenas y los principales miembros de su equipo de campaña abandonaran ese recinto y se instalaran en una casa habitacional que rentó su partido en la colonia Polanco. Muy cerca de ese lugar, el despacho estadounidense encabezado por Frank Greer y Celinda Lake estableció su centro de operaciones con el que me mantenía en contacto directo.

Habían transcurrido apenas unos meses de la contratación del despacho de consejeros electorales y se habían realizado algunas giras de Cárdenas por el interior del País, cuando Frank Greer me solicita una entrevista en Monterrey para plantearme lo que él consideraba el asunto más delicado de todos que era la estrategia de campaña que ya realizaba Cárdenas con su estilo propio. En muy pocas palabras me explicó que la parte medular de su trabajo era la de diseñar una estrategia de campaña de acuerdo con los nuevos conceptos que existían ahora, cuando el uso de la palabra oral y escrita se iban retirando cada vez más de las campañas electorales, ya que consideraban que éstas no deberían realizarse con ideas y conceptos, sino con imágenes seductoras y reiterativas que iban construyendo la intención de voto del elector. Estaba ampliamente demostrado que ahora se vivía la etapa del 'homo videns' en los procesos electorales y ya no se podía regresar al mundo de las palabras y de las ideas.

Convocamos a una reunión en Galileo de los principales miembros del comité electoral de Cárdenas en la que el director del Despacho expresó con mucha claridad los nuevos elementos de las estrategias de campaña, insistiendo en que era inútil y obsoleto realizar actos promocionales con el viejo estilo de reunir a sus simpatizadores en un espacio público y comunicarles los planes y proyectos del candidato, ya que el principio de la nueva promoción del voto excluía en todo lo posible el uso de la palabra y no tenía sentido promover el voto con simpatizadores, sino que todo el esfuerzo tendría que dirigirse a quiénes no simpatizaban con el candidato y la mejor forma era a través del medio televisivo con mensajes rápidos y llenos de imágenes alegres y optimistas.

Como siempre, Cuauhtémoc Cárdenas escuchó con mucha cortesía el mensaje del Director del Despacho y como su respuesta fue en español se dirigió a mi con mucha calma y me dijo que aunque ahora fueran obsoletos los métodos de promoción con mensajes orales, él estaba convencido que no podría cambiar los métodos de campaña que su padre Lázaro Cárdenas le había enseñado a través de su vida. Asimismo dijo que no le agradaba la idea de exhibir una cara risueña en los spots televisivos, como le pedían los consejeros electorales, ya que ese no era su expresión natural y las condiciones del País eran tan terribles que consideraba tonto expresar cualquier forma de satisfacción y de alegría.

Es obvio decir que todo el pleno del comité de campaña aplaudió ruidosamente los comentarios de Cárdenas, pudiendo expresar hasta entonces todo género de apóstrofos contra mí y quiénes habían aprobado la presencia de un consejero electoral norteamericano en una campaña, donde el candidato era enemigo de las políticas estadounidenses, de las personas que las practicaban y de quiénes, como yo, pensaban que las ideas y las tecnologías hechas en Estados Unidos podían aplicarse a México.

Ese día, 10 de diciembre de 1999, renuncié para siempre a participar en la política contingente, sino en calidad de observador o analista, por lo que me dediqué al periodismo, al ensayo político y a la pasión de toda mi vida que son las artes y la filosofía. Unos cuantos años después me topé en el Festival de Kosmopolis de Barcelona con algunos distinguidos científicos y literatos de la Tercera Cultura y desde entonces creo haber encontrado en 'el uso social de la ciencia' la más factible solución para resolver muchos de los conflictos de la sociedad global actual y naturalmente la de México.

(Imagen tomada de Internet / derechos reservados por el autor)