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Lunes, 21 Enero 2013 11:57

Formación profesional, mercado laboral y tecnocracia educativa

Written by Amando M. Colunga

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La crisis educativa que hoy vive nuestro país se ha configurado gracias a la acción de algunos lineamientos político-educativos diseñados desde las salas de juntas de los distintos secretarios de educación de los gobiernos conservadores que han dominado el estado mexicano en las últimas décadas.

Desde mi punto de vista se trata de una crisis sin solución. Principalmente porque es una crisis estructural. Es decir, el resultado perverso de la combinación de políticas educativas neoliberales, programas tecnócratas de control y complicidades administrativas y sindicales profundamente corruptas.

Esta no es ninguna novedad. Ya se ha apuntado con abundancia y hasta la saciedad. Desde hace años que vivimos atrapados en esta dinámica combinada de inexorabilidades y represión.

Nuestra educación básica ha sido un catálogo moral de seducciones orientado hacia la servidumbre. Nos han formado en la obediencia y la disciplina. Saber hacer, saber estar, saber obedecer, son los perfiles del egreso primario que se certifican con una carta de buena conducta. Esto es saber vivir, y la educación básica nos lo enseña.

Nuestra educación superior no ha sido muy diferente. La han definido hacia un mercado idealizado en el que cada quien es libre de concurrir vendiendo y comprando según sus impulsos, inclinaciones y deseos. ¿Vendes antropología? Pues proyecta su aplicación hacia American Airlines, Walt Mart o Liverpool. ¿Vendes historia? Hombre, ante todo la moral y el ejemplo cívico. Colma tus inquietudes con historiografías de grandes hombres, de los grandes procesos de desarrollo que nos han legado los buenos gobiernos liberales y culmina su ejemplaridad con un llamado a la unidad nacional.

Y nos han dejado sin opciones. Vivimos atrapados. Nos determinaron, condicionaron y caracterizaron, clasificándonos y otorgándonos un sitio, un lugar. Y nos dejaron sin opción. Las cifras marco-económicas, nos han dicho, indican nuestro radio de acción. Más allá de tu espacio natural no hay nada, bueno, casi nada, es decir, el desempleo y la marginación.

Para justificarlo nos han hablado de república, de estado de derecho y de igualdad de oportunidades. "Científicamente comprobado", nos han dicho. El hombre de éxito es el competitivo. El mercado es talento y competencia, un mundo abigarrado de talentos y competencias. Desarrollarlos es el principio de la independencia de criterio, de la autonomía de carácter, de la creatividad emprendedora, de la autopromoción y el desarrollo personal. El mercado es la mano invisible que regula la valoración de los talentos. "Científicamente comprobado" nos reiteran.

El proyecto "Tuning" para América Latina es parte de la estrategia. Originalmente diseñado en Europa para reforzar operativamente los llamados acuerdos de Bolonia ha querido vincular la universidad con la empresa a través de la formulación de una ideología que destaca el valor de la actitud emprendedora y el negocio del saber en tiempos virtuales y transitorios.

Para ello lo han erigido en un modelo metodológico de diagnóstico y proyección. De acuerdo con este modelo la "puesta al día" de las universidades tiene que observar la dinámica de los mercados ya que son ellos los empleadores de los titulados universitarios. Esta "puesta al día" responde a un tiempo regulado por índices de velocidad marcados por la productividad. En estos tiempos acelerados, medidos y evaluados por cronometrajes infalibles, objetivos, técnicamente imparciales, nuestras sociedades requieren gente productiva, gente que se centre en sus especificidades disciplinarias, que limite su quehacer profesional al laboratorio, al ámbito preciso de sus evidencias empíricas y que no piense en contextos y condicionamientos históricos o sociales que les pueden llevar al atropello especulativo o a la imaginación desenfrenada.

Pero más aun. Nos han dicho que el buen desempeño en el aula y la investigación será premiado con financiamiento. Es decir, dinero, money, paga contante y sonante. Pero esto no es gratis, para ello es necesario definir qué es un "buen desempeño".

El proyecto tuning no tiene dudas. El estudiante debe tener "disponibilidad a asumir y llevar a cabo actividades, dar más de lo que es exigido en el trabajo, hacer cosas que no han sido pedidas pero pueden mejorar el trabajo, debe persistir pese a los obstáculos, debe aprovechar las oportunidades y anticiparse a problemas posibles". Además debe desarrollar cierto tipo de capacidades, esto es: "capacidad de abstracción, análisis y síntesis, capacidad de aplicar los conocimientos en la práctica, capacidad de comunicación oral y escrita, capacidad de investigación, capacidad de aprender y actualizarse permanentemente, capacidad crítica y autocrítica, capacidad para identificar, plantear y resolver problemas con capacidad creativa".

¿Alguien tiene dudas? Este perfil de disponibilidades y capacidades indica claramente qué es un "buen estudiante". Aunque no nos indican para quien habrá de trabajar este estudiante ejemplar, y en qué sentido tendrá que dar más de lo que le es solicitado en el trabajo, debemos entrever que se trata de los empleadores. Es el empleador quien observará si este titulado modelo poseerá las capacidades de abstraer, analizar y sintetizar, aprender y actualizarse, identificar y resolver problemas con capacidad creativa. El mercado, esa abstracción idealizada del pensamiento ideológico neoliberal, es la clave. El empleador es el mercado.

Independientemente de las realidades económicas monopólicas y financieras de los mercados reales, de las altas tasas de interés y de la selectividad en las asignaciones crediticias, de los altos índices de desempleo y marginación, las expectativas educativas deben orientarse hacia lo ideal. Y el marcado ideal es el de la libre concurrencia. Un mercado al que todos acceden en igualdad de oportunidades y que con su mano invisible pone a cada quien en el lugar que le corresponde. El problema no es del mercado, el problema es de quien oferta poca cosa.

En consecuencia, nos han dicho las autoridades universitarias, la ruta a seguir es el estudio del mercado de las profesiones. Es decir, la mercadotecnia y el marketing. La primera para estimar la calidad de los productos ofertados y el segundo para maquillar y hacer atractivos los nuestros.

Por esto debemos prevenir tanto a estudiantes como a profesores. Debemos incrementar nuestras productividades con la formación de sujetos competitivos. ¿Pero qué es la competitividad?

Tuning nos responde: "es la combinación de conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para realizar adecuadamente una tarea o proceso intelectual propios del desempeño profesional en un contexto definido", es decir, "la expresión de los valores en el comportamiento del individuo". O bien, en otros términos, "el potencial que el ser humano tiene para adquirir y manejar nuevos conocimientos. Capacidades para pensar y saber, actuar y hacer. Es un conjunto de datos sobre hechos, verdades o de información ganada a través de la experiencia o del aprendizaje".

Claro, la meta es el lucro. No se compite gratuitamente. Hay una recompensa en este mercado ideal de libre concurrencia profesional. Quien mejor perfila su competitividad es quien accede al mejor empelo, al mejor sueldo.

En este tenor es que se perfilan las responsabilidades pedagógicas de los docentes. Los profesores deben estimular en los estudiantes algunos valores específicos que den vida escolar a estas amables abstracciones. En primer lugar deben fomentar "habilidades para buscar, procesar y analizar información procedente de fuentes diversas". Para esto deben estar atentos que los estudiantes desarrollen cierto tipo de "competencias genéricas" en el nivel de las "habilidades interpersonales": "Capacidad para organizar y planificar el tiempo, capacidad para actuar en nuevas situaciones, capacidad para tomar decisiones, capacidad de trabajo en equipo, capacidad de motivar y conducir hacia metas comunes, habilidad para trabajar en forma autónoma, capacidad para formular y gestionar proyectos, compromiso con la calidad".

El problema es que muchos profesores han descuidado este compromiso ético con sus alumnos. Han perdido la ruta y se han refugiado en el tradicional protagonismo de sus funciones. Ya no ven la prefiguración del producto, no atienden los controles necesarios de la calidad y autodirigen su atención hacia sí mismos, se embriagan en sus propias decisiones y se autoseducen con su propia egolatría. No han entendido que las cosas han cambiado, que el estudiante es el protagonista de su propio desempeño.

¿Que no tienen un estímulo económico acorde a sus necesidades y expectativas? Esto no es cierto. Para ellos se han diseñado las políticas del desempeño docente. Ellos no están excluidos de esta realidad ideal. ¿Quieren un mejor salario? Sean más productivos, más competitivos.

Para eso hay congresos y para eso se otorgan constancias. Los locales valen tantos puntos, los nacionales tantos más y los internacionales otros tantos. Dime a cuántos congresos asistes y te diré quién eres. Pero también están las publicaciones certificadas. Pero ojo, no todas las publicaciones y no todas las editoriales. Aquí también hay una jerarquía y es similar en el orden del puntaje adquirido. No hay excusa. ¿Eres productivo o no? La universidad misma es el mercado. Y lo más importante, un mercado abierto.

¿No es este un bello y hermoso cuadro para el desempeño profesional?

Su confección es norteamericana y sus trazos europeos. En nuestro país ha sido adaptado por la tecnocracia y los expertos en pedagogía. Y lo han circulado a todas las universidades. De ello se han encargado las secretarías, las subsecretarías, la ANUIES, el CONACYT y las direcciones y departamentos de planeación. Esta adaptación es una respuesta a los compromisos contraídos en los Tratados de Libre Comercio en los que el ejercicio de las profesiones ha merecido un capítulo especial.

En este contexto las llamadas "competencias genéricas" definen nuevas capacidades y habilidades. Entre ellas "capacidad de comunicación en un segundo idioma, habilidades en el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación, y habilidad para trabajar en contextos internacionales". Además, y para estar a tono con los problemas de la globalidad: "responsabilidad social y compromiso ciudadano, compromiso con la preservación del medio ambiente, compromiso con su medio socio-cultural, valoración y respeto por la diversidad y multiculturalidad".

Todo ha sido dicho y el cuadro está completo. No hay nada que agregar. Se ha cerrado la cortina y nos han dejado sin opciones. Nos han atrapado y han condicionado nuestro futuro.

Facultad de Ciencias Sociales UNACH.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)