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Domingo, 20 Enero 2013 11:30

Tres principios del México nuevo

Written by Severo Iglesias

 severoensayo

La soberanía nacional, la soberanía popular y la soberanía social son propuestas, no recetas, promesas o respuestas ya desechadas por la historia. Son líneas de acción, no un programa. Este lo traza el pueblo organizado. Nosotros somos sus ayudantes. Son escritas bajo el signo de la liberación del trabajo... el hijo predilecto de la humanidad. Y bajo el signo de la lealtad a México, con la esperanza de que llegue a tener el lugar que le corresponde en el concierto de las naciones libres.

1. 2012. Situación actual.

El ritual electoral ha pasado. Las elecciones han resultado ser un fiasco, mero mercado comunicativo. El gobierno fue electo por una minoría del electorado por otros 6 años. Las aspiraciones nacionales y sociales profundas no han tenido lugar en las ofertas de los candidatos.

Nada promisorio se esperaba, nada importante se alcanzó. Lo demás es regateo por el botín. Es hora de pensar lo que debe hacerse fuera del mercado. Para no girar en torno a un personaje o un gobierno, sino para encontrar el nuevo rumbo de México; no para emprender una práctica eventual sino para la acción permanente del pueblo y la nación.

Se trata de impulsar la acción general, constituir una nueva condición nacional que abra oportunidades reales para liberar a México, al pueblo y gestar nuevos modos de vida. En pocas palabras: constituir un México nuevo. El tiempo lo fija la misma historia. La ansiedad es mala consejera.

La situación nacional. Entre sus rasgos destacan:

• El bajo valor del trabajo. La posición cada vez más débil de la clase trabajadora en el esquema de distribución de la riqueza (62.8% de utilidades para 2.600 millones de empresarios y 29.0% para 43.320M de ocupados en 2008); el control de las corporaciones sindicales sobre los trabajadores; el desequilibrio sectorial del producto interno bruto: de la riqueza total que vale 11 836 629M de $, 411 535M (3.4%) corresponden a la agricultura, 4 366 563M (36%) a la industria y 6 969 897M (58%) a los servicios en 2008; el país es penetrado por las inversiones de las corporaciones globales...

• La economía de casino. La mitad de la población es pobre, la educación no responde a las necesidades nacionales ni sociales, la mentalidad común está envenenada por la publicidad y la diversión, muchos capitales derivados de las empresas vendidas al extranjero se han transferido a la economía de casino, que facilita la acumulación y el lavado, con la vileza de quienes buscan, como especuladores de bolsa, apropiarse del dinero de otros sin producir.

• Los grupos electorales. Los grupos electorales recuentan las posiciones logradas, se sientan a la mesa del estado, saborean el poder y giran a su alrededor. No representan las clases ni expresan ideologías sociales, tienen astucia para eludir los asuntos que salen de los marcos del juego.

Dicen ser parte de un "constituyente permanente" o un parlamento inexistente. Dejan fuera de sus debates el verdadero problema: México pierde su base industrial, agrícola, bancaria, y hasta su misma autonomía educativa y cultural.

Hipnotizados por la transferencia del ejecutivo, dicen formar parte de la imaginaria "clase política". Coinciden en negar el verdadero contenido de la política que, en sentido estricto, no está en la burocracia, sino en la acción colectiva que versa sobre los principios, las formas de organización y los fines de la sociedad. Sólo creen en la administración y la transacción "parlamentaria". En todo caso, velan por legalizar medidas compensatorias que frenen los estallidos.

• Los estudiantes resucitados. Hoy renacen los estudiantes, esperando que lleven agua al molino de los grupos. Su presencia mediática e internética es, en realidad, un signo de ocultamiento. Habían sido excluidos del escaparate político y reaparecen al conjuro de la televisión. Es obvio, como se dice, la verdad se oculta poniéndose a la vista.

Su presencia decorativa en las campañas electorales les impide reconocer que tienen una posición en la estructura y funcionamiento de la sociedad: se preparan para ser técnico o profesional. Ya están enrolados, por tanto, en la vida productiva con los trabajadores activos de la industria, la agricultura y los servicios, y junto a los viejos que ya aportaron su cuota de trabajo.

Su falta de autoconciencia no puede ocultar ese hecho irrefutable que exige al estudiante intervenir en la vida nacional: son portadores de una misión propia y se degradan al ser meros instrumentos de grupos partidarios. Tienen todo el derecho a una postura política independiente, que les fue negada por las derechas y las viejas izquierdas. Y no deben perderse en demandas y denuncias distractoras.

Como quiera, se despeja el velo que oscurece la visión de la costumbre inmemorial: negar al joven su capacidad para formar su existencia, para pensar, actuar y vivir por cuenta propia. Y se hace patente una verdad universal de la historia: cada generación, con la estafeta, ha de construir su propia vida, separándose de la anterior, equivocándose muchas veces pero ejerciendo siempre su derecho a la libertad.

Su conversión en fuerza nacional organizada es, por tanto, una acción estratégica.

• La vida civil productiva. El mercadeo civil ha suplido al tejido social. Este es actividad entrelazada de todos que gestan las condiciones comunes donde los mexicanos pueden cumplir sus aspiraciones y propósitos, no la sociedad de mafias que se reparten las instancias de poder y brindan "protección" a cambio de sumisión.

Los grupos de poder prometen dar empleo como si eso dependiera de un gobierno. Solapan que la tecnología marcha en dirección contraria a la ocupación, que la baja propensión a invertir de los empresarios mexicanos y la posesión de las principales ramas productivas por el capital corporativo mundial, bloquean las respuestas. Que el desempleo crece en el planeta y el capital es incapaz de garantizar la vida del pueblo en tal condición.

Otra causa de la baja ocupación es la descapitalización permanente por el flujo de utilidades hacia el extranjero, en todas las áreas de producción, comercio y servicios. En lo interior, el rasgo parasitario del capital mexicano, desde el nacimiento del México independiente ha medrado con la usura, a la sombra del capital exterior, los subsidios y la protección del estado, con altas cuotas de utilidad, sin compromiso con el interés público, nacional y social.

O lo que es lo mismo. El fracaso de las medidas de empleo es el fracaso de la economía privada y del capitalismo de estado ante la justicia histórica.

• El fantasma que recorre a México. Los grupos presumen tener la clave secreta para acabar con el hambre, el crimen y la inseguridad. Aunque el pánico que sufren cuando gobiernan lo disfrazan buscando culpables de sus fallas.

Ocultan premeditadamente que es la ausencia de una nación fuerte, que haga posible cumplir las aspiraciones de los sectores del trabajo y distribuya el producto con justicia, lo que ha impedido que el estado pueda garantizar la seguridad de las personas y sus bienes. Un estado fallido y una condición humana vacía inducen al embrutecimiento y la drogadicción.

Siguen, en otra banda, la máxima desesperada de los tripulantes de un barco que se hunde: "sálvese el que pueda". Cuidando cada quien de no estar en "el lugar y el momento equivocados" para no morir acribillado en un callejón, no ser secuestrado o desocupado.

La otra cara de la baraja revela el resultado: la erección de un estado policiaco y su efecto negativo para el ejercicio de las garantías constitucionales.

• El nuevo gobierno. Todo parece indicar que el partido en el poder continuará la descomposición iniciada en los 80's, acabando de desmantelar la economía nacional apropiada por la burocracia estatal, anulando las conquistas civiles plasmadas en los derechos colectivos y terminando de montar a México en la nave imperial de Estados Unidos.

Su centro serán las "reformas", palabra que antes se usaba para mejorar las condiciones y ahora se usa para empeorarlas. Su objetivo: liquidar los restos del régimen que la Revolución Mexicana construyó alrededor de los derechos laborales, la reforma agraria, la educación democrática; en lugar de impulsarlos a su plena realización poniéndolos a tono con los cambios históricos recientes.

La oposición buscará sacar ventajas en el regateo; relegando la urgencia de trazar una plataforma estratégica de principios y de organizar las fuerzas sociales para constituir un México libre.

• Los convidados de piedra. Los pobres quedan fuera del comedor, no tienen puerta de frente ni de atrás para entrar, no traen invitación. Ellos mismos han olvidado que habían conquistado un lugar insustituible en el concierto nacional cuando formaron ejércitos populares en 1910.

En todos lados se siente el clamor por el hambre, la inseguridad, el desempleo; y pequeños grupos agitan contra la opresión y la miseria. Protestar es justo y obligado, pero no se debe suplantar al pueblo trabajador en sus acciones, se engarrota su fuerza y su conciencia.

Además, la denuncia superficial logra paliativos que compensan la opresión; pero, a cambio, nublan la visión de los verdaderos cambios que la época exige llevar a cabo.

Becas, ayudas a los ancianos, despensas, beneficencia y limosnas de los de arriba, son el faro de la vida miserable de los de abajo; entretenimiento, economía de casino, consumismo y comodidades de privilegio, alientan y envilecen a las clases medias; amasar fortuna a las altas.

Todo ilustra la apropiación del valor del trabajo por el capital, y la corrupción estatal y empresarial donde fermenta el discurso antinacional que implora al capital exterior nos venga a sacar del pantano.

• El mercado humano. De un modo u otro, se exacerba la vida ordenada por el mercado: de cosas, de servicios, de afectos, saberes y fuerzas íntimas. Cuando el hambre aprieta, siempre hay algo por vender. La misma venta del alma a cambio de migajas se ha vuelto un hábito. Y por eso no es extraña, en el régimen de la venalidad general, la mutua acusación general de la compra-venta de votos en las campañas electorales.

Al ponerle precio, el alma se vuelve cínica, como la conciencia de los intelectuales: saben lo que sucede, pero con toda intención eluden los problemas medulares de la vida nacional; o buscan erigirse en instancia de consulta política, confundida con los "análisis" de conductores de pantalla convertidos en politólogos por la televisión.

Las perspectivas nacionales. Ante tal situación, nada justifica las medidas desesperadas. El verdadero camino es tomar una posición política de principios, con alcance futuro y con responsabilidad nacional y social. Esta es la condición ineludible para despertar de la noche histórica que vivimos.

Al respecto, por haber padecido tres siglos de opresión colonial, los principios guías del México independiente han sido: la soberanía nacional y la soberanía del pueblo. A ellos agregamos hoy la soberanía social, inspirada en los cambios de la economía, la tecnología y la sociedad del siglo XX, en el principio de la liberación del trabajo y la ecología política que geste la nueva relación del hombre con la naturaleza.

Se trata, por tanto, de un asunto sistemático, no de problemas eventuales o aislados que puedan resolverse con respuestas improvisadas. De otro modo no se distingue lo esencial de lo secundario y, en consecuencia, la acción transformadora no tiene un derrotero claro y definido.

La estrategia general es fundar una nación autónoma, una nueva relación con la naturaleza, nuevos modos de vida, una democracia que garantice los derechos del trabajador, con capacidad para autogestionar sus intereses y sostenida por la soberanía social.

Es tarea inmediata definir estas líneas de orientación.

2. Desnacionalización y descomposición social de México.

Antes de exponer los tres principios anteriores, rompamos el velo de la amnesia histórica. Durante los últimos 36 años nuestro país ha recibido serios ataques, internos y externos, a su integridad como nación y sociedad.

Las crisis de México. Sus crisis son fases de su descomposición histórica. Ahora el PRI pretende olvidar que sus gobiernos armaron la destrucción neoliberal durante 1982-2000; el PAN derrotado sigue justificando su nula respuesta a los problemas y se alimenta del resentimiento atávico contra el régimen de 80 años atrás; el movimiento "progresista", apoyado en las muletas populistas, retrocede en las demandas recogiendo las cáscaras de los programas que el PRI tiró en los 70's; la vieja izquierda socialista, disfrazada de oposición y atrincherada en el PRD, se resbala entre lo que dice creer y lo que realmente hace.

Cada vez, tras cada crisis, los intereses privados y los grupos de poder han canalizado las cosas a su favor. A nombre de una política incluyente, excluyen los intereses históricos del pueblo trabajador y las voces que hablan fuera de su esquema.

He aquí. 1976: LEA, crisis monetaria y del sistema emergido de la Revolución Mexicana; 1982: JLP, crisis de la deuda y subordinación al FMI con su mandato privatizador; 1987: MLH, descomposición de la estructura económica nacional; 1988-94: CSG, golpe de estado económico con las privatizaciones y el Tratado de Libre Comercio; 1994-95: EZP, estado al servicio de la banca privada y las corporaciones planetarias; 2000-06: VFQ, las aspiraciones frustradas; 2006-2012: FCH, inseguridad de los mexicanos y sus bienes, crisis mundial y del panismo.

Son la escalada que ha destruido la estructura económica, política y social de México. El poder, la oposición, la ciencia social, no han tenido capacidad para hallar la salida.

En ese lapso, el sistema político ha cambiado sus actores, pero no su esencia: la crisis del partido único y el agotamiento de la plataforma de la Revolución Mexicana en los 70's, el avance del neoliberalismo contra la democracia civil y política en los 80's, la crisis del PRI en 1988 donde emergió el PRD, la inoperancia del conservadurismo panista, la incapacidad de las izquierdas para recomponer los principios de la lucha obrera a tono con las transformaciones del capitalismo, la tecnología, el régimen económico, el escenario mundial, los cambios en la mentalidad colectiva y la cultura, no muestran un camino hacia una nueva historia.

El fondo de las crisis. Pero las crisis no explican todo. La condición nacional destruida, las estructuras rotas, la distribución injusta de la riqueza y la organización social de dominio, las hacen posibles. Allí radica el centro de los cambios y no en los paliativos periódicos.

La ideología de la Revolución Mexicana con doble banda basada en el control partidario y, a la vez, el "estado de bienestar"; en el capitalismo de estado y la protección a la empresa privada; en los derechos obrero-campesinos y el control sindical y agrario; en la democracia "considerada como una forma de vida basada en el mejoramiento del pueblo" y la imposición política; en la autodeterminación y la no injerencia en asuntos de otras naciones; desde los 80's dejó su lugar al discurso administrativo, al mercado y la competencia atados al poder extranjero, a la voracidad especuladora y la modernización tecnocrática.

El desarrollismo que México intentó hace décadas imitando la sociedad de los grandes países sin contar con bases económicas propias, desembocó en la fábrica de pobres, en el mercado interno distorsionado y el empleo informal. Habiendo crecido la clase media y el consumo, el sistema y la clase empresarial ganaron su apoyo y excluyeron a las clases pobres.

Con el control civil, la migración a las ciudades de precaristas marginados, la emigración laboral a Estados Unidos, la transmutación de los hijos de obreros y campesinos en profesionales de clase media por la magia universitaria, el pueblo trabajador se descompuso.

Unos al borde de la sobrevivencia, otros en las redes del "changarrismo", otros más reclutados por el crimen organizado, son grupos de pobres no sujetos de mercado, de trabajo, de educación, de salud. Sólo son clientes del entretenimiento embrutecedor de la televisión, de la industria cultural, de la ingeniería mental y electoral. Sedimentan un oscuro fermento donde germina el vagabundaje y el lumpen.

La crisis civil. La crisis del matrimonio, la vida familiar y la educación, la convicción social suplantada por la publicidad y el mercadeo, la miseria espiritual y el raquitismo afectivo, la nula sensibilidad estética y la transmutación de los valores cívicos, éticos, morales e intelectuales en sed de poder e indignidad, forman el cuadro del envilecimiento y la descomposición social.

La vida personal se envenena en la furia egoísta, en la sustitución del derecho por la dádiva, en el favor y la componenda, en la corrupción y la impunidad donde pierden más los más desvalidos. Eso coexiste con la conciencia cínica, la falta de compromiso y el interés grupal de las clases medias, la indiferencia de las clases altas y el estado omiso.

Su verdadero fondo: la privatización de la vida, el personalismo conservador y el ataque a los derechos colectivos, nacionales y públicos, ha penetrado hasta las convicciones íntimas de muchos mexicanos y ha socavado su humanidad, anulando el espíritu público y nacional que debe guiar a México.

Propuestas ingenuas. La fórmula usada para resolver las crisis ha sido imponer medidas para salvar el capital con el pretexto de "proteger la inversión, el empleo y la paz social." La misma prostitución es justificada con eso.

Lo cual ha significado: reforzar las condiciones para el lucro económico, contener el avance social, impedir la intervención del pueblo en la política y destruir las bases de la democracia hasta llegar al virtual estado de sitio de hoy.

Ante las estrategias usadas por el poder, diversos grupos reclaman un nuevo "modelo" nacional con inversión, seguridad, salud, educación y empleo. Reclamo que muchas veces es una buena intención y mercancía discursiva ante el disimulo partidario y gubernamental.

Son voces que eluden la responsabilidad de organizar la estrategia de lucha de las nuevas fuerzas que deben conducir al México soberano, justo y democrático.

Son minorías o caudillos que buscan llegar al poder y desde arriba cambiar las cosas, basados en su autoridad, no en la soberanía social, nacional y popular organizadas.

El siglo XX mostró en muchas ocasiones la inoperancia de tal esquema. El movimiento guerrillero de los últimos 60 años y las campañas electorales de las izquierdas desde 1988 son prueba de ello.

Replantear los problemas. La escalada de descomposición nacional y social exige reflexionar. La comprensión de ésta es cardinal para saber qué hacer en beneficio de México y los mexicanos. Mas para llegar a ella es necesario replantear los problemas y salir de su estrecho marco.

En lo político, el estado mexicano tiene la estructura del siglo XVIII. Se debilita con un ejecutivo tambaleante, un legislativo errático y un judicial sesgado. Adelgazado en sus funciones, entra en crisis ante el poder de las corporaciones planetarias y la fuerza absorbente de los bloques mundiales.

Su verdadero fondo: la falta de representación nacional y popular del estado actual y su renuncia a ser garante de la democracia civil y la soberanía popular.

En lo civil, la diferencia entre pobres y ricos (en un país donde reside uno de los hombres más ricos del mundo, como C. Slim, y la mitad de la población es pobre), no es mero hecho económico. Es expresión del sistema actual, cuya esencia es hacer brotar la miseria en la misma riqueza y generar desigualdades; no por la improductividad y la ineficacia, sino por el trabajo sometido al capital.

El mercado interior, malentendido como asunto de consumo entre la población y el comercio, es en realidad un todo formado por: el mercado productivo que fabrica materiales, bienes intermedios, maquinaria y equipos tecnológicos, cuyo monopolio lo tienen los grandes países; y el mercado de bienes de consumo que los dependientes producen para impulsar la circulación del capital. (Un dato: el 84% de las empresas de México trabaja con insumos extranjeros).

Por eso no basta elevar el ingreso y el consumo para integrar el mercado interior.

La vida campesina, vista como mercado agrícola o "migración modernizadora" a la ciudad, es la quiebra del esquema agrario mexicano. Abre la urgencia de reconstruir la vida del campo para lograr la soberanía alimentaria (y no la "seguridad alimentaria", que significa sumisión al abastecimiento y la importación extranjeros), liberar al campesino de su atadura al comercio y de la subordinación política y social.

El educacionismo, preferido por el progresismo durante dos siglos, se limita a subir la escolaridad. Cree resolver todo con más profesores, más presupuesto y más cuotas para un sindicato controlado por un podrido mando vitalicio. La reprobación de la SEP en el cumplimento de su tarea de educar a las nuevas generaciones es ostensible, la falta de empleo de los egresados es su signo contundente.

Su verdadero fondo: la conversión de la educación en una inversión redituable, la falta de compromiso de la escuela, del profesor y del estudiante con los intereses de México y los mexicanos.

El derecho, base de la convivencia personal, civil y política moderna, deja su lugar al régimen de protección y los acuerdos privados al margen de la sanción pública.

El vasallaje, el chantaje y la protección propios de las mafias y esquemas feudales, junto con la segmentación social que propician las filiales de las corporaciones planetarias al alinear a su personal en torno a sus intereses, su cultura e ideología extranjeros, son la ciénaga donde se hunden los proyectos de modernización social. Desintegran la unidad jurídica de los mexicanos y debilitan la fuerza nacional.

Su verdadero fondo: las transformaciones tecnológicas y culturales, la destrucción de las estructuras económicas, los nuevos modos de convivencia personal y civil, la ruptura de las fronteras, exigen una nueva base jurídica que garantice la realización cabal de los derechos de cada ser humano, los civiles colectivos y los públicos.

***

En síntesis. México padece los males que han acompañado al supuesto círculo virtuoso del productivismo. Las cadenas productivas ceden su lugar a las cadenas destructivas, formando un círculo solidario que mantiene el movimiento del "eterno retorno" y devora las tendencias sociales divergentes con su fuerza centrípeta.

Romper el círculo destructivo. Los eslabones de tal cadena son: 1) la dependencia económica que bloquea la autonomía nacional para producir materiales, equipos y maquinaria o tecnología propia; 2) sin autonomía nacional, no hay una política económica que impulse la inversión en empresas mexicanas y acabe con el parasitismo del capital interno; 3) con el capital parasitario la deforme estructura económica mexicana no demanda capacidad innovadora superior y la educación prepara técnicos y profesionales para tareas secundarias; 4) sin planta productiva integrada no se absorbe la oferta laboral y paga bajos salarios; 5) los bajos ingresos no impulsan el consumo y el incentivo para invertir y producir en mayor proporción (suplida por la invasión de mercaderías extranjeras desde la firma del TLC en 1994); 6) el bajo consumo no genera mayores incentivos a los negocios y no promueve la inversión; 7) la baja inversión no eleva la demanda de empleo y genera estancamiento económico; 8) el estancamiento induce a salir del pantano con inversiones extranjeras; 9) las inversiones extranjeras refuerzan la dependencia; y 10) se reinicia el ciclo de dependencia en una escala cada vez mayor que profundiza la desnacionalización.

De tal manera, México vive una situación insostenible. Esta puede caracterizarse como la de un país hundido en una crisis de alta destructividad: el poder económico y estatal no tienen fuerza suficiente para reordenar la estructura y frenar la ola delictiva; la oposición y la ola delictiva no tienen fuerza suficiente para cambiar el estado.

Su resultante: la neutralización de fuerzas que no es inocua. Por ambos lados fomenta la destrucción, la nación y la sociedad salen perdiendo. Es la misma situación que atraviesan la guerrilla y el terrorismo en su lucha contra el estado.

México necesita, por tanto, contar con una condición propia que promueva el trabajo, la justa remuneración, la solución de las necesidades sociales y el interés nacional. La respuesta cabal está en fuerzas que puedan entender las tendencias históricas económicas, organizativas, técnicas y culturales y conducirlas para reorientar el rumbo nacional.

3. La soberanía nacional.

Quienes viven en el hoyo de su fantasmática existencia se encogen de hombros cuando se habla de la nación. Las mismas izquierdas comunistas la vieron como expresión burguesa y la usaron como instrumento de lucha contra el imperialismo.

El sueño de un estado mundial, con una sola dirección, un solo interés y una sola finalidad, indujo a no asumir los contenidos nacionales. La misma Unión Soviética no entendió la separación de las repúblicas que la integraban.

El neoliberalismo y el actual poder imperial hablan de la desaparición de las fronteras y un mundo unificado productivo, comercial y tecnológico. Los derechos nacionales son suplidos por los convenios de las corporaciones planetarias, por la clase supranacional, la agresión militar imperial y la sumisión a los organismos económicos ultranacionales.

Busca, pues, la desnacionalización. Esta significa para México destruir la unidad infraestructural, financiera, comercial, productiva, agrícola, educativa y cultural, para moverse en el vacío político, social y humano.

El concepto de nación. ¿Qué es la nación? Es la formación territorial, política, económica, cultural y lingüística, asiento de un pueblo. (Aunque hay naciones con pluralidad cultural y lingüística, y otras sin territorio propio, como la judía antigua o la palestina actual).

En América Latina, y particularmente en México, por las distancias entre españoles, criollos, mestizos, indígenas y otros grupos étnicos, la unidad se basó en el territorio y el estado. Se consideró con Hidalgo que todos "los nacidos en América" tienen derecho a ser parte de la nación.

Componentes nacionales modernos. Son éstos:

a) La nación étnica, surgida en Europa a fines del S. XI, basada en relaciones unitarias de herencia y parentesco.

b) La nación-estado, unidad de organización y autoridad política, nacida a instancias de los estados absolutos en la Europa del S. XVII y de las naciones que rompieron su dependencia colonial en el XIX, como las de América.

c) La nación como reciprocidad de acciones, relaciones y opiniones públicas. Con base en nexos de interdependencia entre quienes producen, venden, aprenden, enseñan y opinan (la interrelación, la intersubjetividad y la interacción entre sus miembros).

Grupos de población, clases, sectores e instituciones integran la estructura social nacional. Su base común son los derechos generales que superan el orden de fuerza, de fueros y privilegios, fundan el nexo de libertades y obligaciones, la administración general de justicia y la unidad educativa.

d) La nación económica comprende: la infraestructura de recursos naturales, hidrológica, energética, comunicativa y de transportes, unidad de moneda y mercado, empresas nacionales industriales, agrícolas y comerciales.

e) La nación tecnológica en la época contemporánea ha vuelto imprescindible contar con un aparato científico, tecnológico y de trabajo técnico, para impulsar y competir en la producción industrial, agrícola y los servicios.

Los medios tecnológicos, la automatización, los procesos de producción atómicos, biológicos y químicos, los sistemas energéticos, la informática y la programática, el trabajo técnico y profesional "inteligentes", la planeación, son la base productiva, más que la fuerza de trabajo natural.

f) La nación ecológica en ciernes es formación que busca un equilibrio con la naturaleza depredada con un aparato productivo, un parque vehicular y una estructura energética que no lastimen la vida planetaria.

La ola globalizadora. El torbellino asolador del capital corporativo y supranacional que rompe fronteras nacionales e invade todos los rincones del planeta, es presentado por sus propagandistas como fuerza fatal.

Se dice que "ahora" predominan la globalización y el antiproteccionismo. Se pasa por alto que el mundo está globalizado desde finales del S.XV, cuando Europa se apoderó del resto del planeta. Y, sobre todo, que en ese mismo escenario mundial fue posible liberar las naciones, como la nuestra, que se abrieron paso entre el colonialismo en descomposición.

Lo importante, en todo caso, es distinguir las formas de dominio del colonial mercantil de los s. XVII y XVIII, que se apropiaba de los territorios, saqueaba materias primas y metales preciosos e imponía sus virreinatos negando la capacidad de los pueblos para gobernarse por sí mismos.

El dominio imperialista desde finales del S. XIX que, exportando capital y apoderándose de la infraestructura comercial, de transporte y energía, se apropiaba de los recursos naturales y absorbía el valor nacional, como lo hizo en el porfiriato en México.

El dominio transnacional y planetario basado en la penetración del capital financiero, las corporaciones planetarias, las cadenas comerciales y las técnicas supranacionales, posible por la tecnología informática, programática y la comunicación global de nuestros tiempos.

Organizado en torno a organismos financieros (Fondo Monetario Internacional), comerciales (Organización Mundial de Comercio) y tratados comerciales de subordinación a los grandes bloques imperiales de EU, Europa, Rusia, China y Japón, es unificado por la clase del capital supranacional que, sin compromiso con la producción y la sociedad de los países dominados, concentra la riqueza mundial.

En cada caso, los poderes imperiales se reservan la posesión de los factores claves; ahora admiten a los países débiles poseer los complementarios. Así hacen eficiente el dominio. Es la "división internacional del trabajo".

Según ésta, los países poderosos producen y venden alta tecnología, controlan el capital financiero, los flujos de importación y exportación entre compañías, las franjas de mercado regionales, la innovación científica y tecnológica, la producción cultural, la industria del entretenimiento.

Los países débiles manejan la extracción de recursos naturales (petróleo, minerales, etc.), algunos materiales intermedios (vidrio, cemento, acero) y algunos bienes de consumo como cerveza y alimentos.

Constituir la soberanía nacional de México, por tanto, exige fundar tales condiciones, organizar las fuerzas para contrarrestar las políticas antinacionales, y cobrar la capacidad de producir los bienes y recursos que el país necesita para la condición autónoma de vida.

Salta a la vista. Son los sectores del trabajo: obreros industriales, campesinos, estudiantes, profesionales y técnicos, la base de tales fuerzas. Su importancia se deriva de su posición clave en la estructura nacional.

Exceptuando algunos grupos de capital pequeño, los demás, incluyendo a la clase media alta, se alían con el capital extranjero y militan en los intereses imperiales de hoy.

El concepto de soberanía nacional. En contra de la apología de la subordinación, el reclamo de soberanía nacional es un principio permanente de nuestros países y condición de nuestra sobrevivencia futura.

Las características de la soberanía son las siguientes: es inenajenable, el poder soberano no se compra o vende; imprescriptible, no cesa en el tiempo pues pertenece por la propia existencia; es inalienable, no puede transferir su ejercicio a ningún otro sujeto que no sea su depositario, la nación organizada.

Soberanía, es obvio, no es autosuficiencia total, pues ningún país lo es en estos tiempos. Es independencia contra la sujeción externa para defender nuestro interés en las transacciones internacionales; y también autodeterminación, esto es, el poder y los medios necesarios para trazar y erigir nuestro propio destino.

Un modo de la autodeterminación, además de la defensa territorial, del régimen jurídico, etc., es la autonomía. Es decir, la facultad de imponer nuestra propia norma a las relaciones con el exterior y de constituir nuestra propia organización y fines en el interior.

Porque los mexicanos necesitamos poseer esas condiciones para tener un modo de vida propio, dicho reclamo de soberanía tiene y tendrá plena vigencia. En su vida libre, en su propia norma, sus medios y poder propios, tiene su validez.

Su evolución en México. La soberanía nacional ha tomado diversos contenidos en dos siglos del México, debido a los cambios de los factores sociales, políticos, económicos, tecnológicos, comunicativos, de cultura y pensamiento.

En la Independencia México, sin economía avanzada, con capital parasitario centrado en la usura y los préstamos inmobiliarios, su comienzo fue la soberanía estatal frente a los fueros de los estamentos feudales clerical, comercial y militar. Ante ellos, México necesitaba hacer circular su riqueza y dirigirla hacia la inversión productiva.

Era un camino distinto al de las naciones europeas, cuyo estado fue expresión del avance manufacturero y la clase burguesa. De allí que las concepciones históricas surgidas allá no pudieron explicar la evolución de las naciones latinoamericanas. Y de allí también que acá el estado fuera el principal promotor del avance nacional, con su tendencia a volverse dictadura.

La autonomía estatal, pues, fue la primera condición para sostener la defensa contra la voracidad imperial de Europa y Estados Unidos. Implicaba una organización política y militar fuerte. Las agresiones de España, Estados Unidos y Francia contra la soberanía territorial, política y cultural de México lo hicieron patente.

Además, contra los fueros de la iglesia católica y los cuerpos militares, el estado debía anular los privilegios y lograr la unidad de conciencia, sociedad y educación.

Ante la dispersión social por distinciones étnicas heredadas de la colonia, se exigían nexos sociales firmes comprometidos con la vida nacional autónoma. Era lo que buscaba el liberalismo radical.

Frente al mercado segmentado de regiones y haciendas, o subordinado a las importaciones foráneas, México necesitaba un mercado interior y producción propios que fomentaran la unidad económica.

El mercado de bienes de capital estaba en manos de las grandes potencias que habían realizado la revolución mecánico-industrial. México llegó a tener infraestructura de dicha rama durante el porfiriato, pero en manos del dominio extranjero se frenó la soberanía económica.

La Revolución de l910 rescató los recursos naturales para México, "la nación es la propietaria originaria" de dichos bienes, pero no planteó una línea política que le otorgara la autonomía nacional. Además, sin fundar el órgano específico para ejercer la soberanía nacional, el estado ha suplido a la nación.

Las "nacionalizaciones" fueron estatizaciones que, sin base económica y tecnológica propia, no liberaron a la industria petrolera, minera y eléctrica de la dependencia financiera, tecnológica y técnica exteriores.

Particularmente, además de nuestra dependencia de los insumos industriales externos, la creciente importación de alimentos hace patente el grado de nuestra subordinación y la ausencia de soberanía alimentaria.

Estas condiciones se hicieron más imperiosas luego de la segunda revolución industrial de finales del S. XIX, con las ramas eléctrica, química, farmacéutica, automotriz, etc.; y más aún, con la revolución cibertécnica actual de la prodúctica, la optrónica, la ingeniería de alimentos y agrícola, la nanotecnología atómica, extraterrestre, y ... la destrucción de la vida sobre la tierra.

Lo importante. Cada fase de dicha evolución ha dado una lección que México debe aprovechar para remover los impedimentos a su vida autónoma.

Líneas de la soberanía nacional. Hoy, ante las tecnologías contemporáneas, los poderes comerciales y financieros mundiales que sujetan todas las áreas de México, se exige tomar la decisión histórica de fundar nuestra soberanía nacional.

Esto significará dar curso a las siguientes acciones:

§ Integrar nuestro mercado productivo interior, produciendo con autonomía materias, procesos y bienes de producción. (De no poder hacerlo solos, se puede lograr con empresas multinacionales latinoamericanas asociadas).

§ Reorientar en beneficio nacional los flujos de riqueza.

§ Establecer un sistema educativo técnico y superior y un régimen de profesiones capaz de innovar y crear ciencia y tecnología mexicanas. Allí la intervención autogestora del estudiante es cardinal.

§ Organizar fuerzas humanas, sociales e industriales que desaten la creatividad cultural con contenido nacional.

§ Construir la nueva infraestructura energética ecológica que supere los efectos depredadores de la actual.

§ Reorganizar la vida agraria, elevar su productividad, su nivel humano cultural y solventar la soberanía alimentaria.

§ Establecer un nuevo esquema de distribución de riqueza que responda con justicia a las necesidades generales, que incentive el trabajo y la vida con necesidades humanizadas y fomente la inversión productiva.

Sería un esquema distinto al capitalismo de estado y "de bienestar" y estaría basado en el derecho garantizado por la sociedad organizada en sus instituciones. Para cada rubro, es obvio, hace falta, su proyecto respectivo.

4. La soberanía popular.

Democracia y soberanía. La democracia es la forma de organización social que está más cerca de garantizar la estabilidad y los equilibrios entre las distintas fuerzas de una sociedad determinada. Implica la participación igualitaria de todos los ciudadanos en la deliberación, la toma de decisiones y la dirección de la sociedad.

Desde la antigüedad griega esta verdad se abre paso hasta llegar al principio liberal de la soberanía popular en el S.XVII. Es la organización propia del pueblo por sí mismo, con capacidad para organizar la sociedad en su beneficio y con su propia existencia como finalidad.

El pueblo. En México, este principio fue negado al pueblo, reducido a la condición servil por el imperio español durante la colonia.

Y desde la nación gestada con la Independencia, el pueblo mexicano no ha tenido un significado étnico predominante; por las dificultades para unir los grupos existentes, su punto de referencia fue el territorio.

En la época posterior, por la situación de pobreza, ignorancia y fanatismo, a la mayoría de los mexicanos se le tenía como el "populacho"; aunque su importancia como "resguardo nacional" era reconocida ante las agresiones territoriales que México sufrió.

Durante la Revolución de 1910 apareció como ejército popular y conquistó los derechos colectivos agrarios y laborales del 27 y el 123; luego fue segmentado en corporaciones civiles o sectores del partido oficial; últimamente, en la democracia de mercado, es agregado numérico que sufraga en las campañas electorales.

La suplantación de su nombre original por rubros estadísticos deja traslucir que el pueblo es la base de trabajo tras las estructuras, divisiones, clases y grupos de poder. La pobreza de una gran mayoría, el empleo informal y la desocupación de otra, el trabajo en la industria, el campo, los servicios, la técnica y las profesiones, componen el conjunto del pueblo trabajador.

Pero por obra del capital la soberanía popular tomó la forma de la democracia representativa y negó el ejercicio directo del poder por el pueblo.

Con ello, la distancia entre pueblo y gobierno se ahondó y se abrió la posibilidad de que el representante elegido no cumpliera la voluntad popular. Luego todo se derivó en la distancia entre lo prometido por los candidatos en las campañas y el ejercicio real, dejando el pueblo al margen de la fiscalización y vigilancia de los actos públicos.

Situación política que oculta otro hecho: la negación de la iniciativa del pueblo para hacer propuestas, esperando que todo surja del gobierno, los partidos o los candidatos. En todo caso, es entendido como un sujeto en minoría de edad política, incapaz de gobernarse por sí mismo.

La democracia en México. Desde la Constitución del 57 figuraron la democracia representativa y la soberanía popular.

El artículo 39 de la Constitución del 17 establece la soberanía popular como sigue: el fundamento de la vida nacional es popular o democrático ("la soberanía reside en el pueblo"); el fin de la sociedad es el pueblo mismo, pues "el poder público dimana de él y se instituye para beneficio de éste"; el poder del pueblo es libre, pues éste "tiene en todo momento el inalienable derecho de alterar o modificar su forma de gobierno."

La democracia representativa se expresa en el principio liberal: "es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática y federal." (art. 40).

En el artículo 3º reformado en 1946 se agregó la democracia civil: "considerando a la democracia –dice-, no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo."

De una u otra forma, tales formas de la democracia, han sido manipuladas en contra del pueblo. La soberanía popular ha sido un texto decorativo. La representativa ha derivado en la democracia de mercado, en la oferta de discursos a cambio del voto.

La civil es anulada por el régimen económico de la apropiación del valor del trabajo por el capital y en la libre circulación de la riqueza privada. Se mantuvo a expensas de las desigualdades sociales crecientes y los malabarismos del poder de las corporaciones sindicales, agrarias y "populares" alineadas al partido "oficial". Desapareció del discurso oficial en la "modernización" educativa de CSG.

La constante ha sido la democracia electoral, refresco periódico y sostén de las esperanzas de la población. Sometida a la falta de credibilidad y el fraude en los sufragios, debido al monopolio del partido oficial durante décadas, y luego por la repartición del poder entre los partidos sin conexión orgánica con la sociedad.

La soberanía popular. La soberanía del pueblo del 39 constitucional como el "derecho del pueblo a cambiar su forma de gobierno", debiera decir: "el derecho a establecer sus principios, las formas de organización públicas y civiles, y modos de vida por sí y para sí mismo."

Es cierto que la descomposición nacional y social ha hecho olvidar la capacidad del pueblo para ejercer sus derechos como lo hizo en la Revolución de 1910. Pero el pueblo no pierde su capacidad, ésta late en su existencia y despierta cuando las condiciones lo exigen.

La soberanía del pueblo se ejerce como unidad de acción y de principios jurídicos y políticos en la gestión y resolución de sus asuntos; es base o fundamento universal para todos los tiempos y condiciones del pueblo; y su ejercicio no puede transferirse o depositarse en entidad distinta al pueblo. Es indivisible, imprescriptible e inalienable.

Por una desviación se declara que se deposita en los tres poderes del estado. Pero si el estado es depositario de tal poder, debe asegurar el modo en que corresponde a dicha soberanía en sus principios, su ejercicio efectivo y su organización. Sobre todo, su base ha de ser el pueblo autónomo organizado.

Las formas de representación pueden variar en un régimen liberal, parlamentario, etc., pero sin organización del pueblo propia su representación carece de garantías para cumplir sus designios y principios.

No hay seguridad de que una minoría estatal, partidaria o caudillista sea fiel a la voluntad y los fines del pueblo. Por eso, para que el estado sirva a sus propósitos, el pueblo organizado ha de ejercer la autogestión ordenada jurídicamente y la vigilancia permanente en las áreas que exijan la representación.

Y la organización general del pueblo, que presupone la comunicación y el transporte permanentes, se hace posible ahora con los medios de comunicación globales, a través de los cuales se puede publicar y deliberar sobre la opinión pública, de los ciudadanos, sectores, clases y grupos.

Pero es la intervención organizada en los asuntos institucionales educativos, de salud, seguridad, cultura, producción, consumo, etc., lo que hace efectiva la voluntad general.

Obviamente, los miembros de la soberanía popular tienen característica y atribución pública universal y unitaria igual; pero reúnen, además de su cualidad ciudadana y sus garantías personales, la de ser miembros de un sector de la vida civil como parte del trabajo industrial, del agrario, comercial, de transportes, como profesionista, estudiante, técnico o jubilado.

Distinciones que han servido al capital para dividir y subordinar los trabajadores de base a las jerarquías empresariales; pero con la plena igualdad en el interior de una rama o unidad de trabajo sólo se distinguen por su función particular.

La organización democrática, pues, debe concertar los derechos generales y los particulares con los nacionales y los humanos de la soberanía social.

Líneas de acción democrática. Frente a las estrategias corporativas y del capital financiero que segmentan el pueblo mexicano y fomentan la instalación de oligarquías.

Frente a la desvitalización institucional, la decadencia del sistema y la acción política de México con la agonía del régimen de la Revolución Mexicana durante los 70's.

Frente al control civil por los organismos sindicales, agrarios, profesionales, universitarios y otros; y ante el sometimiento a los dictados de las élites nacionales y extranjeras.

***

Se requiere fundar una democracia nacional que no esté atrapada por el monopolio o el oligopolio partidarios, que no sea una representación de número sino expresión de la vida del pueblo por la posición ocupada en la vida nacional, que sirva efectivamente al pueblo y no se pierda en las formas o procedimientos (bajo la frase maquiavélica de que "en política es tan importante la forma como el fondo"), que no use los derechos para manipular los ciudadanos, que reconozca en el pueblo trabajador la base, la fuerza y el destinatario de la vida nacional.

Líneas de la soberanía popular. Para alcanzar dichos fines, el trabajador mexicano debe:

§ Constituir el poder organizado del pueblo desde su base, formando Consejos Populares en las instancias del trabajo, locales y nacionales.

§ Participar directamente en la política con su propia organización, propuestas, acción y gestión; en torno a los principios republicanos, democráticos y humanistas, las formas de organización y los fines que deben regir a una sociedad basada en el trabajo.

§ Democratizar por interés público los organismos sindicales, agrarios, profesionales y estudiantiles, conquistando su independencia organizativa, ideológica y de acción ajenas al control estatal, personal, corporativo o partidario.

§ Hacer efectiva la no-relección y la libre elección en los organismos civiles, y el ejercicio de la representación, dirección y vigilancia democráticas.

§ Establecer una nueva Constitución política que garantice el ejercicio de los principios republicanos y nacionales democráticos, que tenga su base en la democracia del pueblo trabajador con fines de justicia, libertad y humanidad.

§ Constituir una sociedad con libertad política en todas las instancias, ajena al control caciquil y partidario, la sumisión autoritaria, el paternalismo y el parasitismo proteccionista del gobierno y la clase empresarial.

§ Constituir un nuevo estado, ajeno al autoritarismo y al presidencialismo, a las formas dictatoriales y al "estado de bienestar" que suple los derechos colectivos por el subsidio, la prestación discrecional y el control político.

Un estado que garantice, con una plataforma política y programas públicos aprobados directamente por el pueblo, el ejercicio de los derechos y el contenido democrático de su acción en beneficio del pueblo mismo.

§ Organizar la autoeducación política, civil y personal de los mexicanos, para impulsar su capacidad de autogestión en el ejercicio de sus derechos humanos, los derechos civiles del trabajo, el consumo, la producción y la participación política en todas las instancias.

§ Reorganizar la administración de justicia asegurando y supervisando su absoluta imparcialidad y su sujeción irrestricta a la Constitución y el derecho nacionales.

§ Desburocratizar la vida nacional reconociendo a los Consejos Populares la facultad de vigilar el ejercicio de la representación, impulsando la deliberación pública, el pensamiento independiente, la opinión crítica contra el verticalismo organizativo e ideológico.

§ Actualizar los derechos colectivos de los sectores del trabajo, conforme a las nuevas tecnologías, las formas de organización del trabajo y la intervención del pueblo en la autogestión de su actividad y sus intereses; e impulsar la iniciativa, la organización económica democrática, la eficiencia de la actividad social, la justa percepción del valor económico por el trabajador y la nación.

§ Desprenderse del populismo, el democratismo fingido y la lucha puramente economista para centrar la acción en los derechos del trabajador y la libertad política, en la acción pública y no la satisfacción personal contrapuesta a la vida colectiva.

5. La soberanía social.

El tema de la soberanía social parece apartarse de la política y las cuestiones civiles, pero como sus bases radican en todo ser humano y sociedad y han sido relegadas por las urgencias materiales, su tratamiento es ineludible. Sin ella, las propuestas giran sobre viejas políticas ya superadas.

Un tema nuevo, es obvio, exige usar conceptos y palabras nuevos y el esfuerzo adicional por entenderlos. No pedimos disculpas por ello, es imperioso hacerlo así para elevar el nivel de los planteamientos.

Por lo pronto, la soberanía social rehace los tres principios modernos: sostenida por la praxis, hace concreta y efectiva la libertad; la justicia colectiva hace real a la igualdad formal; la humanización del mundo hace suya la fraternidad natural y la enriquece con modos de ser, de actuar y necesidades humanizados.

Soberanía social y humanidad. Si la soberanía popular es correlativa a la nación, la soberanía social tiene su asiento en la humanidad, donde emergen los distintos modos de vida sociales, con referentes en la naturaleza de origen y el mundo.

Entendemos dicha soberanía como la capacidad o atribución esencial de la humanidad para establecer los principios del mundo, las formas, equilibrios y armonías sociales, perfilar los fines y el destino del género humano a través de la sociedad organizada. Por supuesto, en las condiciones concretas de la naturaleza y el mundo.

La cualidad "social" o de asociación del agregado de individuos reside en el carácter societario de la especie humana. Es decir, en su esencia como fuente de vida humana. Venero donde manan los modos de vida que conjugan hábitos, costumbres, principios, ideales, normas, nexos de convivencia, percepciones estéticas y culturales, hasta las formaciones del espíritu, el valor y el arte, que tienen finalidad y significado en sí mismas.

Se plasma en las estructuras reales, las instituciones, las funciones, la vida personal, cívica, el trabajo y necesidades que tienen por condición al mundo. En la acción educativa, la habilitación para ingresar en la vida social, la vida íntima y los derechos humanos de pensamiento, opinión, expresión, asociación, manifestación y tránsito libres. En el interior de las aspiraciones, invenciones, propuestas, deseos, proyectos y fines.

La humanidad y el mundo olvidados. Siendo un cimiento del mundo, la soberanía social es condición constante pasada, presente y futura de nuestra existencia.

El mundo, por su parte, no es el aparato técnico, taller de producción o negocio económico que el productivismo ha pregonado; es la casa que el hombre ha construido, aunque distinta a la que ha soñado: sana, bella y sabia, donde se reconozca a sí mismo. Su base: la cultura, la civilización y la asociación. Y sin la humanidad, agente universal, nada de ellas sería posible.

Ahora bien. Hoy, ante la depredación de la vida sobre la tierra, ante las relaciones humanas mercantiles y la ingeniería de control, el envilecimiento que se basta con la sobrevivencia, la barbarie imperial que aplasta países enteros como rutina diaria, el principio de la soberanía social y la sociedad humanizada tienen igual importancia junto a la soberanía nacional, la popular y la ecología política.

La ingeniería social de las instituciones y relaciones "humanas", la ingeniería comunicatoria de la publicidad y la diversión de la conciencia, y la ingeniería psicológica de la manipulación conductual instrumentadas por los negocios, es obvio, apartan dicho principio de la mirada colectiva.

Principio que late en el anhelo de desaparecer las clases sociales y formar la sociedad humanizada. Reducido por el socialismo de control a una esperanza, no reconoció tal principio y vio al "hombre" como un espectro deseable a futuro, pero con vigencia postergable al uso del poder.

Aunque el socialismo de control enseñó que es posible erigir una sociedad basada en el trabajo sin el dominio del capital, su catástrofe en los 90's enseñó también que se requiere instaurar la soberanía social sin condicionamiento de partido o estado para fundar nuevos modos de vida y dar libre curso a la humanidad. Así lo esperábamos quienes creemos en la liberación del trabajo.

La conversión de los burócratas del partido y los tecnócratas del socialismo en las mafias que suplantan a las relaciones de clases en la Rusia blanca de hoy, es un espejo donde algunos países, incluso capitalistas, pueden ver su imagen futura.

Soberanía y ser social. Puede decirse que la soberanía social corresponde al verdadero concepto del "ser social", perdido éste en su interpretación como base, estructura, fuerzas productivas, etc.

Más bien, es la condición general del tejido social o la trama de las relaciones, acciones y pensamientos que forman puntos de intersección donde nace cada quien. Se continúa en la red institucional, urdida sobre formaciones sociales ya normadas en estructuras.

Como base general de la socialización incorpora el ser natural a la vida social propia del hombre; y transmite sus formas a las nuevas generaciones en la humanización de nuestra naturaleza.

Para el socialismo nuevo que acepta la soberanía nacional y del pueblo, la soberanía social es el poder supremo de la vida histórica. Como todo poder, puede corromperse, pero como fundamento de la sociedad humana no desaparece.

Por tal razón, para ser vigente requiere la conciencia de su validez, la acción universal constitutiva y, sobre todo, fundar un mundo nuevo que la convierta en norma permanente de su vida.

Contenidos de la soberanía social. Liberar las fuerzas humanizantes, no el "humanismo" decorativo, implica activar sus bases. Estas son:

a) Los esquemas de actividad innatos depositados en las reacciones, tendencias e instintos que fundan los modos de convivencia: conservación, reproducción, cooperación, nexos afectivos, sentimentales, de comunidad y asociación societaria.

En ellos brotan las necesidades "sociales", en conexión directa con las formas del mundo y la evolución social. Muchas generadas artificialmente por los negocios.

b) Las formaciones internas propias del género humano: sus aptitudes (para pensar, existir y constituir el mundo) centradas en la conciencia; sus facultades (la experiencia, la voluntad y el entendimiento intelectivo) centradas en la razón; la vida orientada por las grandes ideas con centro en el principio de validez, donde constelan la verdad, el valor y la vida del pensamiento universal.

Son bases de tres modos de existencia humanizada.

c) Las capacidades adquiridas que elevan los nexos de adaptación natural al modo voluntario de vida interior, que superan la forzosidad natural por la existencia libre, que abandonan la relación fija con el exterior para generar formas a su imagen y semejanza humana, que llegan a la racionalidad dotando de principios las conexiones y actos aislados y dando unidad a la vida.

d) En ellas se levantan las capacidades para construir y usar instrumentos, aprovechar la naturaleza, reproducirla entera y formar un mundo con modo distinto al natural. Rasgos destacados por el economismo, pero cuyo ejercicio tiene por condición el contenido interior del ser humano.

Igual sucede con las capacidades que tienen fundamento en la sensibilidad, que hacen posible la cultura, la vida estética y el arte.

Formaciones humanas y sociedad. Hoy no decimos, como se hacía a mediados del S. XIX, que "la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo; que es, en realidad, el conjunto de las relaciones sociales."

Dichas relaciones son derivaciones del mundo y del ser interior propio del hombre, común e inherente a todos los miembros de la especie; que hace falsa la contraposición entre individuo y sociedad. Sin los contenidos internos que hacen posible la autonomía personal, tales relaciones externas carecen de sentido humano, son meros enlaces de cosas. Por eso la soberanía social es la autoformación del hombre y sus efectos recaen en sí mismo; nada de lo que haga deja de afectarle. La indiferencia es una ficción.

De la misma manera, las viejas fórmulas sobre "el hombre es producto de sus circunstancias", pero "también forma parte de ellas" y "yo soy yo y mi circunstancia", sólo prolongan la adaptación natural de cada especie y omiten considerar la aptitud humana para constituir un mundo distinto al natural, que es esencia de la praxis.

Praxis que implica también la aptitud para pensar, es decir, para referirse a la naturaleza, al mundo y a sí mismo a través de las formas universales del lenguaje, de la percepción humana, del concepto, las formas intelectivas lógicas, los principios y facultades de la razón, y la validez de la verdad y el valor.

Del pensar, la praxis y la existencia autónoma, brotan las capacidades de la humanidad implícitas en la soberanía social: las operaciones básicas de la actividad laboral, del juego, la técnica, la acción colectiva, las relaciones íntimas, la concepción teórica y artística, tienen allí su fuente. Todas traspasan a la obra civilizatoria y cultural.

Soberanía social y ecología política. Por lo mismo, la soberanía social rompe con el concepto de la "especie máxima" o la "creatura superior" con derecho a dominar la naturaleza. Dogma del industrialismo, del populismo que cree en la dictadura del pueblo sobre sí mismo y la furia apropiatoria de algunos grupos sociales.

Más allá de las conveniencias técnicas, económicas, psicológicas y comerciales que lucran con la acción ecologista, convertida en nueva rama industrial y de negocios, la soberanía social es la verdadera base de la ecología política. Puesto que la humanidad tiene su fuente original en la naturaleza, donde emerge en la evolución y es parte de ella, las fuerzas naturales van implícitas en todo modo de vida humano. El respeto a la naturaleza es exigencia ineludible de la vida humana.

Soberanía y validez. De dicha soberanía emerge el principio de validez, que ilumina la inclinación, la preferencia, la elección y la autodeterminación de los seres humanos. Es cimiento del orden jurídico, constitucional, ético, moral, cívico, estético y lógico intelectual.

Sin dicho principio todo sería al hombre indiferente, actuaría a capricho y sin justificación racional. A ciegas y sin finalidad. Por eso, la soberanía social se hace presente cuando se rechaza el poder irracional y se apela a la justicia en las situaciones de fuerza. Cuando acude da luz sobre nuestro puesto en la evolución y el cosmos.

Por tanto, la vida social humana no es sólo efectividad. No basta que un hecho social acontezca o se funde una sociedad específica, debe tener sentido para la vida humanizada para hacer posible realizar los anhelos y abrir los caminos del porvenir.

Y ésta es una lección contra el economismo, el afán de necesidades falsas o comodidades superfluas. El efecto de éstas es conocido: se acompañan del vacío interior.

Es evidente, por tanto, que la selección natural, utilizada para justificar la ley del más fuerte, deja lugar a la selección histórica humana. Basada en la efectividad válida de las fuentes societarias depositadas en cada ser humano significa superar el dominio, la mediocridad, el parasitismo y la vida vulgar de la compulsión consumista. De otro modo, la evolución humana del mundo se empobrecería y el avance premiaría la ignorancia y la pereza.

Y siendo soberanía, es decir, fundamento inalienable, imprescriptible e insustituible, significa el rechazo "natural" a toda tiranía, usurpación o imposición que, en toda instancia, obstruya la evolución de la vida humana. Por esa razón, la democracia es el modo de vida válido que le corresponde, más allá de su conveniencia.

El ejercicio de la soberanía social, por tanto, ha de ser permanente y universal, siempre y por todos. Se ejerce por omisión o por comisión y nadie puede fingir ignorancia o exculparse por no considerarla, pues va implícita en toda la vida de cada persona, en la función de cada individuo en la sociedad y en el acto de cada ciudadano por su patria.

El sujeto histórico de la soberanía social. Es claro. La soberanía social tiene por sujeto a la humanidad y la vida autoconsciente de cada humano. Igual que la libertad, no puede transferirse a otro, ni esperar que sea regalada o concedida por el poder.

Respecto a las fuerzas colectivas que pueden impulsar su ejercicio, la posición de ellas está en relación directa al alcance de su interés. Para ejercerla, la clase o sector social ha de elevar su acción a la altura de los principios e intereses de la humanidad. Al revés del practicismo que subordina el fin histórico universal al interés particular eventual.

No puede decirse ahora, como en el siglo XIX, que radica en los totalmente desposeídos, pues el envilecimiento ha invadido a grandes capas de la población aplastada por la miseria. La clase trabajadora, por el avance tecnológico, educativo y organizativo, incluye hoy a los obreros industriales, los obreros de la cultura y el arte, los técnicos, profesionistas, trabajadores del campo y los servicios, investigadores y todos los que aportan valor económico a la vida social. Ella es la base actual de la soberanía social, aun en su inconsciencia.

Sólo cuando el fin de la humanidad es hecho suyo por el trabajador contemporáneo, que es base de la existencia del mundo, se instaura un puente entre la soberanía nacional, la popular y la social con el mundo obrero, más allá del dominio de clase o de partido.

El interés particular, con gran papel en la trasformación social, ha de convertirse en la razón universal del futuro histórico. A la vez, la humanidad ha de hacer vigente la base de su existencia, convirtiéndola en condición social general: el trabajo, obligación social necesaria.

Para su conversión no basta, por tanto, el saber referido a la producción del campo y la ciudad; tal saber no comprende la totalidad del mundo. Este exige reconocer que la acción del trabajador ha de abarcar la totalidad de relaciones entre sectores, clases, derechos, estructuras, funciones y su evolución. Incluidos en la nueva política concebida como acción nacional sostenida por las tres líneas de la soberanía hoy enunciadas.

Por tal razón, la soberanía social no centra la acción en tener poder, sino en la política constitutiva, que es capacidad de crear situaciones y fundar nuevos modos de vida.

Se manifiesta así que no basta destilar la ansiedad de transformar la sociedad o el mundo, la auto-transformación del hombre ha de correr paralela a dichos cambios. De otro modo, la condición social puede cambiar, pero el hombre envilecido por la opresión, al apropiarse de la dirección, somete sus congéneres a nombre de la liberación.

O sea, el presidencialismo, el caudillismo, el liderismo, el protagonismo, no son la salida de la liberación. El hecho de que un dirigente tenga una ideología o intención no garantiza que el rumbo social general siga su camino.

Por eso siempre preocupa la muerte del director de una dictadura, pues su repuesto no garantiza la estabilidad. La restauración del capitalismo en la Unión Soviética después de 70 años (¡!) es prueba evidente de esto.

Autogestión y validez. Ahora bien. Si una nación pretende ocupar un lugar necesario en la evolución de la humanidad, debe probar la validez de su sistema asumiendo los fines surgidos de la soberanía social. El nazismo y el socialismo de control, por ejemplo, se sostuvieron por la técnica de dominio y adquirieron ese fundamento. Y si México busca pervivir en el devenir futuro de la historia requiere hacer efectivo dicho principio de validez.

Esto enseña que no basta promover la autogestión social reducida al esquema productivista, como en Yugoeslavia. Igual lo ha hecho parcialmente el capitalismo con la llamada "democracia industrial", la participación en la producción, la repartición de utilidades o los comités mixtos empresa-sindicato. Allí la autogestión se subordina a la administración social, convierte los humanos en cosas y niega su capacidad de ejercer la soberanía como miembros de la sociedad.

La autogestión basada en la soberanía social, entre tanto, significa también restaurar la política y liberarse del control social productivista.

Soberanía y conciencia social. Finalmente, siendo la conciencia una formación del hombre en sociedad, todas sus formas, incluida la religión, la mentalidad común y la ciencia, deben desmitificarse por el pensar universal de la totalidad y de cada uno de los seres humanos.

Despejar los velos que ocultan la verdadera realidad, superar la conciencia invertida y conocer las causas que propician tales formaciones, son las tareas de su crítica.

Particularmente, la ciencia positiva, encargada de cosas y su reproducción controlada por la vía experimental, ha de ser comprendida a la luz de la aptitud del pensamiento creador y del principio de validez; la ciencia social ha de elevar sus conceptos al plano de la autoconciencia social para dejar de ser un privilegio de profesionales e investigadores y hacerse conciencia efectiva; la filosofía y la ciencia formal, sin su exclusivismo y su encierro, han de volverse, como el habla, la lectura y la escritura, reflexión común de principios y bases de la vida colectiva.

Todo saber convertido en dogma ha de perder su rigidez con el pensamiento crítico, capaz de penetrar en las condiciones que lo fundan, de confrontarse con el mundo que expresa y de activar las fuerzas interiores del hombre.

Por supuesto, la vida estética y artística, desde la humanización de nuestros sentidos a la humanización de nuestro medio cotidiano y la erección de obras sublimes, ha de volverse una base general de la existencia.

Líneas de la soberanía social. Para hacer efectiva la soberanía social, el pueblo mexicano requiere:

§ Fundar la nueva condición general de la vida humana. Implica generar la sociedad que no dependa del poder del capital, no limitada a la producción de bienes materiales, donde florezcan nuevas necesidades: intelectuales, morales, culturales, estéticas, artísticas, éticas y cívicas.

§ Instalar el Consejo Nacional de los Derechos humanos que garantice y facilite los medios para ejercer los derechos humanos de pensamiento, expresión, opinión, asociación, manifestación, tránsito, información y comunicación libres, y el respeto a la dignidad personal ante el estado y el derecho.

§ Hacer efectiva la dignidad personal contra la corrupción, el envilecimiento, el clientelismo y las prebendas.

§ Renovar la ideología y la acción del trabajo orientándolo hacia los horizontes de la nación, la historia y la soberanía social de la humanidad.

§ Establecer la autogestión de la vida social contra la sumisión, el control y el parasitismo.

§ Elevar la existencia con modos de convivencia consciente, racional y espiritual (con fines en sí mismos). Desarrollar en todos los ámbitos la autoconciencia sobre la existencia, los atributos y perspectivas del ser humano. Impulsar la existencia, el pensar y la acción críticos y objetivos.

§ Humanizar la vida poniendo como destinatarios de la acción, además de los intereses del pueblo, los principios de la humanidad y la historia.

§ Desterrar la simulación servil y propiciar relaciones de respeto y cooperación.

§ Transformar de raíz la educación sacándola de la escuela para llevarla a todas las instancias "no formales" y desarrollar las formaciones interiores de las aptitudes, capacidades, facultades y habilidades universales. Promover la generación de saber, no sólo su difusión, y desarrollar la autogestión educativa.

§ Reconstituir la vida cotidiana superando la cosificación, la rutina y el consumismo con modos de vida plenos de sentido y con fines elevados.

§ Reorganizar la escuela superior para reconstituir las ciencias sociales superando su empirismo con los principios universales del mundo y la humanidad; recuperar el pensar originario y superar el tecnicismo instrumental.

§ Fundar la ecología política generando hábitos, costumbres y normas sociales de respeto a la naturaleza; la acción política que prohíba los productos tóxicos y contaminantes; y construir la nueva infraestructura energética para restablecer el equilibrio naturaleza/humanidad/mundo.

§ Romper el velo anestesiante de la indiferencia y la rabia egoísta e impulsar la vida comprometida con los valores y la razón, sin policías de conciencia y con principios.

***

¿Podrá estar México a la altura de su oportunidad en la crisis histórica de hoy? Es la pregunta a la que debe responder nuestra responsabilidad política.

El pesimismo con el que incluso muchos actores académicos pueden ver esta propuesta obliga a aclarar que, igual que las naciones "desarrolladas" construyeron sus bases con los pocos medios que disponían, hoy se hace posible para nosotros por la experiencia acumulada de esos siglos.

Si una nación no puede por sí sola construir dicha base, bien pueden formarse empresas multinacionales de ciencia y tecnología que produzcan bienes tecnológicos para ponerlos al alcance de las naciones débiles en condiciones justas y ajenas al dominio y la dependencia.

La soberanía educativa y cultural tiene un gran potencial de impacto sobre el pensamiento nacional, libre y contra la dependencia, que impulse a México hacia un futuro nuevo y contribuya a hacerlo figurar con dignidad en el concierto de las naciones. Y para ello no valen excusas de falta de recursos, basta reorientar nuestra acción e impulsar el pensamiento creativo.

El único camino que México puede seguir para cambiar el rumbo de su marcha histórica y garantizar la justicia y el bienestar para los mexicanos, es emprender la organización de un movimiento por una nación nueva.

Se sustenta en un principio: si la producción, la vida, el derecho, dependen de las condiciones generales de la nación y la sociedad, sólo transformando dichas condiciones y poniendo la producción, la riqueza y el poder al servicio de los trabajadores, puede cambiar la vida del país.

Por tanto, los principios que orientan la constitución del México nuevo son:

Obrerista. Que no tendrá por centro y fuerza principal a la burocracia sindical, partidaria o estatal, sino al constructor del mundo: a todos los sectores de trabajadores de la industria, la agricultura, los servicios, los estudiantes y los jubilados que contribuyen a la obra social y que tendrán derecho a organizarse para liberar el trabajo y determinar su propio destino.

Sin privilegio alguno, incluirá a los profesionales de la ciencia, la técnica, la educación, el arte y la cultura.

¡Contra la burocracia y la subordinación, capitalista o socialista, la soberanía y la autogestión social con normatividad pública!

Democrático. Que se regirá por la soberanía democrática de los Consejos Populares, por la democracia institucional con injerencia de los trabajadores normada jurídicamente, por la democracia económica con participación del trabajador en la organización y dirección de las unidades de producción, por la democracia política y el libre ejercicio ciudadano, por la democracia como forma de vida y como representación social.

¡Contra el fascismo, contra la democracia atomizada de número y contra el socialismo de control, la soberanía popular!

Moderno. Que será ajeno al estatismo, al populismo, al clientelismo y al parasitismo social, con base tecnológica contemporánea y planta laboral tecnificada y profesionalizada, dotada de medios modernos para elevar la eficiencia y la productividad; que sea compatible con la justicia social para solventar las necesidades civiles, nacionales y públicas, así como generar la condición para el surgimiento de necesidades humanizadas.

¡Contra la ineficiencia económica y social, el trabajo de alta productividad para resolver de manera permanente, justa y general las necesidades nacionales, personales, civiles y ciudadanas!

Humanista. Porque tendrá por guía el cumplimiento de los altos fines de la especie humana: la dignidad, la justicia y la libertad, no la posesión o el poder.

No la libertad abstracta, sino la praxis constitutiva del mundo nuevo; no la igualdad formal sino la justicia colectiva, la dignidad de todos y cada quien dando garantías a los derechos humanos; no la fraternidad natural sino las capacidades universales del género humano y la humanización del mundo.

Su orientación será tratar al mexicano como un fin con validez en sí mismo, que impregne su vida con valores estéticos, morales, éticos, intelectuales y cívicos.

¡Contra el control y la ingeniería social y psicológica de los tecnócratas, los derechos del hombre, la justicia civil y la libertad política dotados de garantías y medios!

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