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Jueves, 17 Mayo 2012 10:53

¿Por qué votar por AMLO?

Written by Tirso Medellín

Conforme se van acercando las elecciones, las encuestas marcan una disminución de la distancia entre el candidato que lleva la delantera y los que lo siguen. Esto está ocurriendo aún en las encuestas que ponen a EPN en la delantera por un amplio margen. AMLO se ha ido acercando y es probable que comience a alejarse de JVM. En estas circunstancias, el voto de los indecisos y de los abstencionistas va a ser fundamental para los candidatos que están en 2° y 3er lugar de la preferencia electoral. Esto no es nada nuevo.

Lo que es nuevo es la trascendencia que puede tener el proceso electoral para el pueblo de México. ¿Qué representa el triunfo de cada uno de estos candidatos para nuestro país? Y, como consecuencia de lo anterior, ¿qué implicaciones tiene el que los ciudadanos voten por un candidato u otro, o bien, decidan abstenerse o anular su voto?

Las condiciones en las que se encuentra el país nos hacen pensar en la necesidad y la inminencia del cambio, y nos hacen responsables de responder ante ellas. ¿Podemos esperar que el voto cumpla con esta responsabilidad? O en otras palabras, ¿la participación en las elecciones realiza nuestro deber con el pueblo y el país? La respuesta es clara. El voto en sí mismo, no es nada; es un vacío que puede ser llenado con cualquier idea, interés u opinión. Lo anterior es evidente, y es otra forma de expresar el lugar común de que la participación ciudadana es lo que le da valor a las votaciones. Muchos lo repiten: el voto sólo tiene peso, más allá de la designación de un representante, por la manera en que el ciudadano se involucra, participa y lucha por los intereses nacionales.

En principio, esto ya comienza a orientarnos sobre el sentido que puede adquirir la práctica de las elecciones. El voto, ese ejercicio tan vacío como plano puede ser la boleta en la que marcamos nuestra voluntad, comienza a llenarse cuando designa a algo o a alguien.

¿Qué peso adquiere mi voto cuando lo deposito en Enrique Peña Nieto? Mi voluntad se contradice. Al votar por EPN, de entrada anulo mi propia voluntad, pues niego la posibilidad de la democracia. La estrategia del PRI en estas elecciones, como lo ha sido casi siempre, es impedir la democracia electoral verdadera (y que quede claro que no hablamos siquiera de democracia participativa). Puesto que votar por EPN es votar por la manipulación mediática, en consecuencia, votar por el PRI es aprobar la supresión de las condiciones necesarias para la democracia en México. Así, votaríamos por la nulidad del voto, es decir, por sustraer nuestra voluntad al acto mediante el que elegimos. Esta es uno de los riesgos más profundos que representa el priismo de EPN: se trata de un golpe más a la soberanía del pueblo, pues volvemos a minar los principios por los que el poder del pueblo pertenece al pueblo y no al gobernante. Es, por consiguiente, un atentado a lo que nos conforma como nación y sobre lo que se sostiene nuestro Estado.

Creo que no hace falta argumentar sobre las numerosas pruebas que evidencian la manipulación de la opinión pública a favor de EPN; menos, claro está, se necesita "demostrar", como exige la derecha, la culpabilidad del candidato. Como no se trata de un proceso judicial, sino de la evidencia que tenemos ante nuestros ojos, la cual es sopesada por nuestra capacidad para juzgar de acuerdo a principios éticos y por nuestra prudencia política, basta con lo que está a la vista: la corrupción, las alianzas entre cópulas, los acuerdos entre los principales medios nacionales y los partidos, la actitud tendenciosa de muchos periodistas, la compra del voto, etc.

¿Qué sentido tiene mi voto cuando lo entrego a Josefina Vázquez Mota? Significa un premio, el premio a un partido que ha sumido al país en la peor crisis en México de las últimas décadas. Un país con un Estado debilitado, ahogado en la violencia, con una de las distribuciones más desiguales de la riqueza en América Latina, y carente de propuestas para el cambio. Tampoco hace falta repetir aquí todas las críticas que se han hecho al proyecto neoliberal panista, ni la larga lista de injusticias (desde el mismo robo de las elecciones en el 2006) de las que ha sido protagonista el gobierno del PAN.

¿Qué sentido tiene mi voto por Gabriel Quadri? Significa ceder el voto a EPN, pues no por otra razón se lanzó la candidatura de Nueva Alianza, esto es, para quitar votos a los candidatos del PAN y de la coalición Movimiento Progresista (sobre todo a AMLO). Así, como han explicado diversos análisis, EPN evitó ser identificado con Elba Esther Gordillo, a la vez que generó un nuevo frente contra la oposición de la izquierda. Después del debate, el papel de GQ quedó al descubierto: atraer a los votantes que se identifican con la academia, la tecnocracia y el ambientalismo, a la vez que aprovechar cualquier oportunidad para apoyar la imagen de EPN y criticar las propuestas de AMLO. En consecuencia, votar por GQ es votar por lo mismo que representa Elba Esther y el PRI: más corrupción e inmovilismo social.

Finalmente, ¿qué sentido tiene mi voto por Andrés Manuel López Obrador? Muchas críticas se lanzan contra AMLO. Podemos prescindir de las que plantean los grupos de derecha, pues la mayoría se basan en el desprestigio y en lo emotivo. En cambio, son más interesantes las que se hacen desde la izquierda. En primer lugar, ¿por qué ha insistido tanto en llegar a la presidencia en lugar de convertirse en un líder ciudadano y apartidista, dando continuidad al proyecto de MORENA? ¿Por qué, en vistas de la corrupción y las pugnas internas del PRD, AMLO no ha renunciado a este partido? Estos quizás sean los argumentos más duros, aunque no son los únicos. Para analizar esto tenemos que posicionarnos en la cuestión del problema del mecanismo de partidos en la democracia. En efecto, partiendo de la idea de que la democracia sólo puede ser auténtica cuando tiene un amplio soporte en la participación y la organización ciudadanas, y considerando que el único cambio posible en México puede venir de esta condición, parece un contrasentido que el candidato que propone el cambio dé un paso atrás y regrese a la plataforma de los partidos para colocarse en un espacio de poder.

No hay argumento en contra de esto. Sin embargo, hay diferentes puntos de vista desde los cuales se puede juzgar esa decisión. Uno de ellos consiste en que se trata de una cuestión de estrategia, más que de principios. El cambio verdadero sólo puede provenir de la acción y la organización ciudadana. Sin embargo, la acción y la organización ciudadanas se han visto obstaculizadas permanentemente por el Estado, la burocracia y, claro está, los partidos. Es posible que este conflicto nunca se resuelva completamente (la prueba está en las represiones contra los Indignados y otros movimientos recientes, aún en los países más avanzados en términos de participación ciudadana); no obstante, es necesario que el obstáculo que el Estado mexicano representa para la ciudadanía sea disminuido al mínimo. A ello es a lo que aspira AMLO, la coalición Movimiento Progresista y MORENA. Su proyecto político y sus propuestas más fuertes están dirigidos a ello: gobernar con honestidad; acabar con la corrupción; gobernar para el pueblo y la mayoría, no para las minorías; generar igualdad de oportunidades entre individuos y entre clases; en una palabra, justicia.

Por ello, otro género de críticas, las que se dirigen contra las propuestas de campaña en materia de economía y seguridad, aunque pueden tener elementos sólidos, quedan en segundo lugar. Esto no quiere decir que se desestimen. Esto quiere decir que la ciudadanía tendrá que empezar a valerse del espacio que puede ganar con el triunfo de AMLO. Es decir, crear los medios y reclamar las vías para la comunicación entre el Estado y el pueblo. Exigirle a su gobierno que haga realidad el motivo por el que el pueblo de México habría votado por él.

Consideraremos una tercera crítica: AMLO, con su república amorosa, busca integrar una multiplicidad de clases y de perspectivas que no podrán conciliarse en los hechos una vez que se tenga que ejercer el gobierno. Es posible que tales conflictos surjan; no podría ser de otra manera. El lado oscuro del amor es el conflicto, y el amor sólo se revela como tal tras el conflicto y la madurez para superarlo. La ventaja es que al menos podría haber un diálogo y una inclusión de las diferentes clases y grupos que integran México. El equilibro y la prudencia es lo que tendremos que mostrar nosotros como ciudadanos y ellos como gobernantes para solucionar los problemas nacionales.

De modo que volvemos a la pregunta: ¿qué sentido tiene mi voto por AMLO? No es la elección de un mesías, de alguien que va solucionar los problemas de México, y que va a absolver a la población de sus responsabilidades. Es, más bien, la posibilidad de que, al menos en parte, los problemas de los mexicanos vuelvan a ser nuestros, de que las soluciones estén en nuestras manos y no en las manos de los gobernantes o de los poderosos, distorsionados por intereses mezquinos. Esto representa un riesgo para ciertos grupos de izquierda que han vivido de la oposición contra el Stau Quo. ¿Cómo mantener el rostro cubierto cuando haya verdadera disposición al diálogo? ¿Cómo mantenerse armados cuando haya verdadero respeto al territorio y los derechos indígenas? No hay manera de predecir lo que sucederá, sin embargo, es la apuesta más legítima: la apuesta por la justicia.

Finalmente, ¿qué sentido tiene mi voto cuando no lo ejerzo o lo anulo? La respuesta a esta pregunta depende de la conciencia que legitima tal decisión. Sin una conciencia clara de la decisión y del acto, la anulación o la abstención son el acto de mantener nuestra ciudadanía en el vacío. En cambio, el acto consciente y premeditado de anular o abstenerse, pueden ser una expresión de protesta. En este sentido, el voto permanece vacío pero el acto no. El ejercicio electoral, sin embargo, es también una acción estratégica del ciudadano, y sobre todo, es la manifestación por la que el pueblo puede ejercer su soberanía (lo cual depende de muchos factores intermedios para que en realidad suceda). Desde el punto de vista de la estrategia, la anulación y la abstención cumplen una función positiva aunque su forma sea negativa: pueden llegar a marcar la tendencia a favor o en contra de un candidato, es decir, hacen que el voto de los demás, de los que voten por AMLO, EPN, JVM o GQ, tome mayor o menor peso. Por ello, al plantearnos esa posibilidad tenemos que volver al punto del que partíamos, ¿qué significa mi voto para tal candidato? o, en el caso de la abstención o anulación, ¿qué significa el voto de los demás por tal o cual candidato? y ¿qué significa para mí?

Por todo ello, es necesario ejercer el voto siempre que haya una opción razonablemente buena, lo que significa lo siguiente: un gobierno que, si bien no solucione todas las problemáticas que existen en el país, al menos siente las bases para el acercamiento entre el Estado y el pueblo, entre el gobernante y el ciudadano, bajo el principio de la justicia; y ¿la posibilidad de la justicia no es una opción razonablemente buena para la ciudadanía?, ¿no es la posibilidad de realizar aquel principio de "que los gobernantes gobiernen obedeciendo?

Votar por AMLO es la oportunidad ─mas, sólo la oportunidad─ de que la ciudadanía participe en un ambiente de justicia. Lograrlo, dependerá del gobierno, pero sobre todo de los ciudadanos. Para nosotros, el ejercicio comienza desde ahora, con nuestra elección.