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Miércoles, 25 Abril 2012 13:24

La regeneración posible de Andrés Manuel López Obrador

Written by César Valdez

A Xavier Araiza, con un respetuoso saludo.

A quienes estamos a favor del voto nulo y no estamos de acuerdo en que el apoyo a Andrés Manuel López Obrador en la campaña por la presidencia es la única alternativa viable y correcta de enfrentar la calamitosa perspectiva de la continuidad del mal gobierno panista o, peor aún (dicen) del regreso del PRI a Los Pinos, se nos acusa de idiotismo histórico y de ser, en última instancia, colaboradores de Enrique Peña Nieto. De sobra conocidas son estas acusaciones para repetirlas aquí.

Se parte así de la premisa de que el "mal gobierno" tiene siglas y de la vieja idea de que la toma del poder por parte de las personas correctas es una ruta para resolver los problemas de un país. Nada más falso en el México de nuestros días, en el que los partidos políticos han creado, todos ellos, un sistema cerrado que opera para sí mismo y los más que sabidos intereses que representa.

Es por eso que nos preguntamos en qué están pensando quienes le apuestan a que la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia es factible con el estado que guarda ese sistema, sobre todo en cuanto al aparato electoral, cuyo centro neurálgico, el IFE, demostró hasta el asco en 2006 de lo que es capaz en feliz maridaje con las televisoras y firmas encuestadoras. ¿Por qué en 2012 va a ser distinto? Quienes piensan que ese sistema va a permitir que asuma la presidencia López Obrador en caso de que efectivamente sea el más votado, pecan, por decirlo suave, de sentimentalismo irresponsable.

Pero supongamos que si, que el IFE se ha desugaldizado, que la institucionalidad ha regresado del infierno y que unas elecciones limpias y equitativas sean técnicamente posibles: ¿qué nos ofrece Andrés Manuel López Obrador que sea realmente distinto al petate del muerto de la continuidad prianica? No mucho: un PRD impresentable, una mancuerna de hierro con el ruin corporativismo de Alberto Anaya, un válido pero desdibujado recuento de buenas acciones de gobierno al frente del DF, un intento de acercamiento con los empresarios que huele más a concesión que a visión de país, y un cada vez más desconcertante por impreciso discurso de "la república amorosa". Sin hablar de los francos balbuceos que el precandidato de las institucionales izquierdas suele emitir cuando habla de su plan de seguridad. Dudamos mucho que de ese coctel se produzca algo efectivamente distinto a los programas neoliberales continuistas ofertados por las mafias que tienen en Josefina Vázquez Mota y Enrique Peña Nieto a sus encarnaciones.

Es verdad, sin embargo, que a diferencia de los virtuales candidatos del PAN y el PRI, Andrés Manuel López Obrador tiene a su favor un innegable arraigo en las clases populares, entre los pobres, así como entre mucha gente bien pensante y bien intencionada, lo cual se refleja en uno de los más grandes aciertos de la estrategia lopezobradorcista: la creación del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) al que miles de ciudadanos sin partido se han sumado.

Un acierto como dijimos, de estrategia, pero de estrategia simplemente electoral, que no de construcción de opciones de real democracia participativa. Un acierto que más temprano que tarde se volverá contra su creador pues tendrá vida sólo hasta donde la cuerda electorera le dure, deviniendo en una traición más del sistema de partidos contra esa gente que, precisamente, se unió a MORENA por estar harta de la partidocracia.

Así, Andrés Manuel López Obrador está dilapidando su arraigo popular y su capacidad para movilizar organizadamente a una ciudadanía acorralada por la falta de opciones de vida digna y de participación efectiva, lo que lo convierte ni más ni menos que en cómplice del sistema al que dice oponerse pero al que avala con su búsqueda incansable del poder político formal bajo las reglas impuestas por esas mafias por él tan maldecidas.

Ante todo esto, nos atrevemos a plantear un cuestionamiento que bien podría ser una propuesta: ¿por qué Andrés Manuel López Obrador no corta de una vez y para siempre con esa falsa democracia partidista y deja de buscar el poder formal para alzarse como impulsor de un fuerte movimiento social de resistencia civil pacífica? El presente periodo llamado "de intercampañas" sería el momento preciso para que al declinar a su candidatura, mate varios pájaros de un tiro al quitarle al proceso electoral la poca legitimidad que aun pueda tener, al hacer patente la compacta solidaridad ideológica y programática del PRIAN y de paso, deshacerse de las rémoras del perredismo canibal y el petismo oportunista, mostrándose ante los mexicanos que lo apoyan como esa opción ética que ahora no existe en la vida pública; pero sobre todo, sería su oportunidad de plasmar con toda claridad y autoridad moral el mensaje de que, como dice su eslogan, "sólo el pueblo puede salvar al pueblo", que los ciudadanos estamos solos y de que cualquier solución debe ser construida desde abajo.

Se podrá tachar de ingenuo este cuestionamiento formulado como propuesta pero no porque no tenga sentido, sino simplemente porque Andrés Manuel López Obrador y el aparato que lo rodea jamás estarían dispuestos a perder las posiciones ganadas como restos del desastre electoral anunciado; es una ingenuidad porque no nos podemos sacar de la cabeza la fórmula añeja y falaz de la toma del poder por parte de los justos como único programa razonable y "serio", y porque, aunque digamos lo contrario, negamos (porque la tememos) la simple posibilidad de una organización ciudadana independiente y autogestiva.

Las elecciones presidenciales de 2012 serán no sólo el fin de la carrera política de Andrés Manuel López Obrador sino un nuevo revés para quienes insisten en ver al acto de votar como un mecanismo democrático -cosa que en nuestro país nunca ha sido-, una frustración más para quienes no quieren ver que el ir a dar nuestro voto no es simplemente un desahogo pueril, sino un aporte fundamental para que las cosas sigan como están y las energías ciudadanas se difuminen en ese único acto de presunta participación.

La "regeneración nacional" de MORENA, para hacer justicia a su inequívoca evocación floresmagonista, debería iniciar por la regeneración de sus objetivos y los de su cabeza visible, Andrés Manuel López Obrador, quien haría un gran aporte a México si deja de ser el eterno candidato distractor y pasa a ser un factor de fuerza para las luchas ciudadanas.