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Lunes, 30 Enero 2012 00:00

Patria México 2012 / Manifiesto Electoral

Written by Severo Iglesias

Contenido

I. La profecía imperial

¿Cómo se cumple? En la polvareda del derrumbe. Situación

y verdad central de hoy. Los palos de los ciegos.

II. El llamado electoral al 2012

La política transmutada en ritual. El mercado electoral.

El misterio de las elecciones. Candidatos independientes.

La política penetrada por la mentira. La abstención

activa. La verdad irrecusable.

III. Propuestas partidarias

Seguridad. Empleo. Ingreso. Educación. Empresa estatal.

Pequeña empresa. Reforma política. Vida social. Miseria.

Ecología.

IV. Significado de las propuestas

V. El socialismo nuevo y las elecciones

 

I. La profecía imperial

En los 90's del siglo XX algunos estrategas de EU profetizaron la Guerra del siglo XXI. Comercial pero no exenta de conflictos militares. En sus predicciones, algunas naciones serían arrasadas por el huracán globalizador."Las naciones se dividen, las regiones se unifican. Para que una economía global surta efecto es necesario renunciar a cierto grado de soberanía nacional" –anunciaban.

Los augures son profesores de Boston, allí donde se han educado algunos gobernantes de nuestro país. Como alumnos aprendieron a cumplir la profecía.

¿Cómo se cumple?

México sufre los presagios. Su sistema económico depende hoy de las grandes corporaciones planetarias, de la clase supranacional y sus finanzas, de las importaciones y exportaciones de las compañías que se han adueñado hasta de las carreteras. La misma educación va siendo una copia del modelo gringo.

Engullido por el imperio, es campo de batalla de los bloques económicos: sus filiales producen aquí vehículos automotrices, bienes electrónicos y de consumo, desaparecen ramas completas de la industria nacional, explotan el trabajo barato y la infraestructura que el gobierno construye para desplazar sus mercancías etiquetadas de "exportaciones mexicanas".

Su efecto sobre la sociedad se vive a diario. Desesperados, en la descomposición los mexicanos claman por seguridad personal, empleo y alimentación. La miseria, el crimen y la falta de oportunidades asolan la vida nacional. Aunque uno de los hombres más ricos del mundo amasa aquí grandes fortunas, eso es bien visto, incluso alguna gente de izquierda le guarda admiración. Mientras tanto, EU mete armas en nuestro territorio para acelerar el desorden y propicia la guerra del narcotráfico tolerando la drogadicción.

Una bandera se enarbola en las trincheras: la paz. Ya se ha hecho antes: en el porfiriato era la "paz social", luego de la revolución fue la "paz de clases", hoy es la "paz entre los delincuentes y el poder público", un día podría ser la paz de los sepulcros.

En la derrota, el tiempo pasado parece mejor. El frustrado, pensando en su hipocresía que todo lo merece, cierra los ojos a la explicación objetiva y sólo busca culpables: impugna al gobierno y su estrategia contra el crimen. Bajo el signo del resentimiento, los actores sociales siempre los encuentran. Desencantados con los gobiernos desde hace 30 años, acusan de todo al poder público. Y en el pánico nadie se preocupa por lo que verdaderamente sucede.

En la polvareda del derrumbe.

La figura serena de las causas de tal situación nacional no se perfila en el polvo levantado y quienes se atreven a plantear soluciones de fondo claman en el desierto.

Otros más, pseudointelectuales, desde su olimpo, esperan sentados ver pasar el cadáver del sistema, ellos siempre sabrán acomodarse; el brazo laico de la iglesia católica con discurso poético, y el infantilismo anarquista, recitan versos sobre un "estado fallido". Proclaman que "las soluciones pacíficas se están cancelando" y, como se decía hace un siglo, quieren asustar con "el petate del muerto".

El partido en el poder, por su parte, niega el derrumbe. En el estruendo del desastre dice que "todo va bien", pero las piedras hablan: la función básica del estado liberal es garantizar la vida y los bienes de las personas, cuando esto no se cumple su legitimidad social está en vilo.

¿Por qué sobrevive dicho estado? Porque el poder económico, las corporaciones planetarias, los especuladores de la bolsa y los partidos electorales, que son su verdadero puntal, lo siguen reconociendo. El pacto entre las clases populares y el estado de la Revolución de 1910 se lo llevó el viento del olvido. En 1987, en el estruendo de la crisis, se firmó un pacto corporativo entre los empresarios, el gobierno y los charros sindicales. Se ha cumplido a espaldas de la opinión.

Pero si los tres órganos del estado pierden pisada, el cuarto poder acude al rescate. A la hora de hablar quien tiene poder se sirve a discreción. Los publicistas hacen el discurso: "México es más grande que sus problemas" (no más poderoso), se toman medidas "sin precedentes" (aunque su inoperancia tenga muchos antecedentes) y, aconsejados por sus magos, como si conocieran el futuro, afirman que "si no hubiéramos actuado así, las cosas serían peor". Es elaborar frases nunca dichas.

Total, el discurso acaba por ser apología del error, del fracaso y el engaño. Después de todo, la conciencia común padece amnesia y olvida fácilmente. De ese mecanismo mental se nutre la televisión: su principio básico es que el mensaje más reciente borra los anteriores.

Recordemos. Los hechos están allí y la fantasía no desaparece la realidad. El viejo estado de la Revolución moría desde finales de los 60's, la política decrépita de Díaz Ordaz así lo traslucía, su separación de los sectores sociales hizo nacer el vacío a su alrededor. Se decía que faltaban organismos "intermedios", lo cual significaba que las instituciones nacionales ya no eran el puente de contacto con la población.

Desde los 70's se llena el vacío con "procuradurías" (del consumo, agraria, laboral, etc.) para subsanar la ineficiencia con un estado fantasmático "en paralelo".

Moribundo en los 80's, ataviado con la frivolidad de López Portillo, recibió el tiro de gracia con el salinismo. A partir del 88, es un aparato de complicidad con los poderes globales, con la plutocracia interior y con la sociedad en descomposición confundida con el humo de la "civilidad".

La política, antes monopolizada por el partido oficial y el estado, dejó su lugar a la administración, el mismo lenguaje público retrocedía: los temas de la reforma agraria, los derechos obreros y campesinos, la educación pública, etc., cedieron a la estadística, el civilismo, el mercado, la solidaridad, la oferta y la demanda.

Con la entrada en acción del panismo, resucitaron de entre los muertos los problemas superados en el siglo XIX: el conservadurismo, el liberalismo, el fanatismo, etc., y distraen la atención de los problemas nacionales y sociales. Del 2000 en adelante, la nota roja pasó a primer plano.

En la bruma, los medios cobran su factura por el bien ilusorio que producen. Son los beneficiados con 10 mil M de pesos del gasto público electoral.

Situación y verdad central de hoy.

Hoy todo falla: la seguridad, la educación, la producción, el empleo, la cultura. Quien estira el hilo de la crítica acaba revisando todos los aspectos de la vida nacional, uno conduce al otro y al terminar el tejido se deshilacha. Nada parece ser entendible sin traer a colación todos los aspectos de la vida actual.

Al final, como sucede con el asunto de los valores desde los 90's, sólo queda el vacío, el silencio, la esperanza, la buena intención, la espera... El fondo parece haber huido. La mente egoísta no ve sino la nada en el espejo de su cabeza.

El "tejido social", dicen los domésticos, debe ser recompuesto. En ello se equivocan de comienzo a fin, pues creen que basta "ponerle orden o paz"; omiten decir que el tejido anterior ya "pasó de moda", ya no "le queda" a los tiempos actuales. El verdadero problema es asegurar la validez del diseño nuevo: que, sobre otra base que no sea la explotación del trabajo, garantice una patria libre, el respeto a la naturaleza y una humanidad digna. No la moda de las intenciones solidarias, la depredación y la injusticia.

En el caso mejor, los inocentes intentos por cambiar confunden una crisis con una situación revolucionaria y en su confusión realizan su deseo en la imaginación. La crisis es un desajuste eventual del sistema económico, la situación revolucionaria es el desequilibrio esencial, la incapacidad del poder económico y político para sostener el estado de cosas prevaleciente y, sobre todo, la emergencia de una fuerza política capaz de cambiar las condiciones de vida y dirigir el rumbo hacia un mundo nuevo.

En esto último se oculta la verdad latente en las escaramuzas callejeras y las luchas sociales de México en el siglo XX: la ausencia de un organismo de vanguardia, pertrechado con la fuerza del número, con el pensamiento claro de su misión histórica y su responsabilidad con la nación y el pueblo mexicanos, capaz de organizar la fuerza de transformación histórica, que en el mundo moderno es el trabajador.

¡Su organización es la base para deshacer la profecía imperial!

Los palos de los ciegos.

Mientras grandes grupos se ocultan bajo la cama para no "estar en el lugar y el momento equivocados" cuando los criminales asaltan, otros marchan, protestan y reclaman; mientras unos aplauden la acción del ejército, otros la rechazan; mientras unos piden que EU o la ONU intervengan para restablecer el orden en el país, otros piden pactar con las mafias y legalizar el delito; mientras la patria se descompone, el legislativo, como máquina de fabricar leyes, produce derechos especiales para grupos y segmentos civiles, relegando los derechos colectivos y generales y modificando el texto constitucional al dictado de su ignorancia.

Como médicos empíricos, los gobernantes, ante el fracaso de la medicina neoliberal recomiendan: remendar el tejido social, distraer a los jóvenes con deporte, becas y valores, temerosos de que los reclute la delincuencia. Habiendo fracasado la policía en las calles, se busca introducirla en las cabezas con su "moral"; ante la falta de empleo para los egresados de la universidad se ofrece entretenerlos con "más educación"; la falta de inversiones mexicanas se suple con capital extranjero que se apodera incluso de servicios civiles municipales.

Del practicismo pasan a la mala fe. Sabiendo que, como los más recalcitrantes defensores del capital lo aceptan, este sistema genera desigualdad en todos espacios sociales, ocultan esta verdad y proclaman la igualdad de oportunidades.

Una enferma confusión entre lo imaginario y lo real se apodera de la mentalidad colectiva. Hasta en la muerte se sufre la desigualdad. Las autoridades, los medios de comunicación, los grupos sociales, la presidencia de la república y hasta las Naciones Unidas, condenaron la muerte de 52 personas de clase media en un casino de Monterrey, pero nada dijeron cuando decenas de mineros murieron en Coahuila o cuando más de 70 buscadores de empleo fueron asesinados en San Fernando Tamaulipas.

No es extraño, entonces, que las personas se desentiendan de la vida nacional y del sufrimiento de los demás, viviendo la fantasía de su felicidad. Para encontrar al final de su existencia que la vida los recompensa con lo contrario a lo que buscaban, que los fines perseguidos se invierten en su contra, que creyendo "hacer su vida" y ejercer su libre voluntad sólo siguen el destino que la realidad social y política les traza, muchas veces hasta en su vida íntima.

Ciegos, no ven a dónde van: una cosa quieren y otra consiguen, una cosa hacen y otra cosechan, una cosa tienen en su cabeza y otra en la realidad. Viven el "otro mundo" aquí en la tierra, donde el infierno ha tomado lugar.

En tanto, el gobierno panista en once años transita de la inoperancia foxista al estado policiaco calderonista; la presión social creciente, en los vaivenes de la frustración y la esperanza, minimiza sus demandas: va de la sobrevivencia social antes reclamada a la sobrevivencia física. En el naufragio, el reclamo de justicia se olvida, todo es la tabla de salvación.

Los ciegos, claro, no pueden caminar con seguridad, pero usan su bastón para golpear sin sentido.

¿Cómo deshacer entonces la profecía?

II. El llamado electoral al 2012

La política transmutada en ritual.

Muchas cosas están pendientes por hacer, los gobiernos han faltado a su palabra tantas veces. Desde 1976, México camina en el despeñadero de la descomposición nacional y social, instruida por el Fondo Monetario Internacional.

Lo que no se deja de hacer es repetir el ritual electoral. Parece ser un acto de culto. De manera estricta, se efectúa cada seis años. Convocados por una voz imperativa, a los partidos no importa el abstencionismo, acuden al llamado del 2012. ¡Algo quedará!

Despojados de la ideología clasista, son aparatos de número, alientan la fantasía social, hacen institución el engaño colectivo, anuncian que ésa es la vía para cambiar cuando un siglo de experiencia ha demostrado lo contrario.

Si eso fuera poco, la soberanía popular establecida en el artículo 39 de la Constitución se diluye con la atomización del electorado, mientras los partidos, el poder económico y el estado son grupos compactos.

Cada seis años, un pueblo con esperanzas revividas y grupos con ambiciones acrecidas, dicen adiós a gobiernos raspados, cuya administración consiste en ejercer el "gasto", mantener la burocracia y responder a las presiones del parasitismo. La frase común lo dice todo: ¡lo único que tienen de bueno esos gobiernos es que se acaban! Eso ayuda a que el elector aguante y "crea en algo", mientras espera que la muerte lo reclame.

Sin embargo, la visión simplistade la opinión común significa que eso sucede porque el mexicano aún es inmaduro, como decía el dictador Díaz. Su ignorancia explicaría todo y la educación sería la respuesta.

Pero la escuela nada tiene que ver aquí. En los tiempos actuales el saber de la vida se adquiere fuera del aula. Cualquier ciudadano, independientemente de su ilustración, sabe lo que sucede. Tanto es así que, con buen tino, muchos evaden su responsabilidad con las coartadas del temor, la astucia y la omisión cómplice. La conciencia efectiva vive en el cínico que, aferrado al egoísmo, se siente feliz por no ser la "próxima víctima", por no comer al día con diez pesos o por consumir como la clase media.

¿Cómo vencer la resistencia a ver de frente la verdad?

El mercado electoral.

En realidad, en esto hay una verdad simple que rige al mecanismo electoral: en las elecciones sucede lo mismo que en el mercado.

En éste, el comprador sólo tiene la opción de aceptar o rechazar el bien que el vendedor le ofrece, no puede producir ni determinar lo que desea consumir. Todo transcurre en un círculo de hierro cerrado por la necesidad, el dinero y el esfuerzo.

Resultado de su movimiento perpetuo, sólo queda la conservación: la vida del sujeto, el sistema económico y la sociedad vigente. Su ley es el consumo, su significado es destruir los bienes para conservar.

Igual, el mercado electoral no ofrece nuevas soluciones en favor del trabajador, el interés público y nacional. Sabe lo que espera la clientela consumista.

El misterio de las elecciones.

El malestar es patente. El creciente abstencionismo expresa la crisis de los organismos partidarios de número.

"Para no comprometerse", la sabiduría popular señala al fraude, a la "ingeniería" de urnas, a los desiguales gastos de campaña, etc. Todos tienen una excusa cuando pierden, pero hay un mal de fondo que va minando la salud pública. Su misterio lo explican los resultados de las casillas.

Como bien se dice, el modo más sencillo de ocultar algo es ponerlo a la vista. El secreto está en los números. A la "democracia" priista de monopolio, que estuvo vigente 70 años en México, le sucedió la democracia de oligopolio o "concentrada", donde el mercado es controlado por dos o tres partidos, rodeados de otros que aspiran a las cáscaras del festín presupuestal.

La democracia "liberal", impuesta por Estados Unidos al mundo, cuyo principio es representar la voluntad general o la mayoría del pueblo, se transfigura ante los mismos ojos del elector pero éste no puede ver el escamoteo, hipnotizado por el ritmo del ritual.

En efecto, esa democracia mercantil, supuesto soporte del gobierno de mayorías, es en realidad el puntal de gobiernos de minorías que se imponen contra la vida nacional. En nuestro caso: de 75 M de electores en 2006, el PAN gobierna con 15 M de votos, o sea, el 20% del total. Igual sería si estuviera en la presidencia el PRD. El verdadero fraude, pues, no está en los votos, sino en el sistema mismo. Lo demás es un pleito de protagonistas que disputan la "legitimidad".

Entre más participantes, menos votos se necesitan para triunfar. Bastan "unos cuantos". Se podría decir, como se afirmaba en la antigüedad, que la democracia, por su misma dinámica, se transforma en "aristocracia", si no fuera porque esta palabra significa "el gobierno de los mejores", y los que van quedando al mando de estos gobiernos son los peores.

La magia electoral, por tanto, hace desaparecer el objeto de la democracia ante los ojos del pueblo elector. Su efecto: la admiración por el truco en el espectáculo y la desazón a la hora de contar los votos.

Candidatos independientes.

Las llamadas candidaturas "independientes" (independientes del compromiso público, nacional y social), buscadas por personajes patrocinados por mafias y pequeñas sectas, creyendo tener una imagen atractiva en el mercado comunicatorio, germinan en la podredumbre. Significan un retroceso ante la socialidad colectiva que apareció en el siglo XX.

La corrupción, el abuso, la arbitrariedad y el crimen prohijados por Fujimori en Perú son un ejemplo de tal "independencia". ¡Triste opción entre partidos de mercado y ratas independientes!

La política penetrada por la mentira.

Así pues, entre la conducta anestesiante, la levedad del discurso, el ritual electoral y la ambición por el poder, todo cuaja en un efecto de superficie que oculta la verdadera realidad política de México.

¿Qué significa todo eso cuando no está en juego una ideología? Sólo el cambio de piel.

Desde la aparición del neoliberalismo a inicios de los 80's, las izquierdas buscaron "acercarse a las masas" y cometieron el error ya denunciado por Sorel en 1900: en su fantasía son marxistas, en su acción son burgueses. Los panistas no necesitaron siquiera recordar el personalismo de 1939, les bastó captar el resentimiento contra el PRI para llegar a la presidencia. El priismo ha avanzado desde 2006 tirando la piel de la ideología de la revolución mexicana. LO la recoge. Ninguno se preocupa por tener una imagen válida, sólo la que les conviene.

¿Cómo es esto posible? El mecanismo es simple: prometer, no cumplir; hablar sobre el momento, se olvidará mañana; aparecer en la televisión, despierta más interés que la realidad. Lo importante son los arreglos a trasmano entre partidos y poderes económicos, corporaciones sindicales, ong y mafias.

En lugar del compromiso ideológico y político de partidos emergidos del pueblo con los sectores sociales, rige el discurso: no lo que hará el pueblo, sino el gobierno; no llamar a la acción, sino a ver el medio de comunicación.

¡La mentira como discurso, enseñanza de Hitler, lección bien aprendida!

Por definición, la política, que es acción pública constituyente de formas de organización, de fines y líneas de actividad para establecer equilibrios y armonía sociales que propicien la vida justa, es suplantada por el arreglo y la componenda cupular.

La abstención activa.

Ahora bien, entre la rabia, el resentimiento y la impotencia, los partidarios del "voto nulo" juegan a las guerrillas y al internet con Marcos, enfrentados al "voto útil" oficial y al "voto duro" de los partidos. Giran también sobre el mismo sistema y animan el ambiente donde la promesa y el halago dan vida al discurso con el que se compra la conciencia de un electorado impermeable a la experiencia.

¡Se llama a no votar pero no se presentan opciones para hacer efectivo el poder del pueblo!

La verdad irrecusable.

En pocas palabras: la democracia, el régimen político cuyo significado es el ejercicio del poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; esto es, que nace de la propia organización del pueblo, que se ejerce por sus propios órganos y para beneficio de él mismo, deviene re-presentación. Allí el pueblo desaparece, el gobernante y el legislador lo suplantan y lo resucitan cada seis años, convocándolo a legitimar un poder que en el acto mismo de votarlo se vuelve ajeno. La usurpación no desaparece si los partidos hacen alianzas o forman gobiernos de coalición. Lo importante no es cambiar de amo, sino liberar el trabajo cambiando las condiciones de vida de la nación y el pueblo mexicanos.

La democracia civil que, como dice el artículo 3º. Constitucional, es "la forma de vida basada en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo", queda fuera del horizonte electoral.

La democracia política, que es la gestión directa de los asuntos civiles y políticos a través de la intervención organizada del pueblo en el funcionamiento y la vida de los organismos públicos, en sus instituciones y su propia existencia, es declarada admirable pero "irrealizable".

¡He aquí la primera piedra de la antiprofecía!

III. Propuestas partidarias

Ahora, si de profecías se trata, es fácil adelantar lo que los partidos van a prometer. En el mercado, las demandas coinciden cuando el hambre y el miedo aprietan.

Seguridad. Bajo el signo del miedo, el reclamo de seguridad figura en primer lugar.

Todos dicen: la estrategia contra la delincuencia organizada fracasó, "más y mejor policía". La prevención social de antaño devino táctica de fuerza, la tolerancia neoliberal devino régimen policiaco.

Esa lógica es de protección. No la garantía constitucional, no la sociedad donde las personas pueden convivir, laborar, descansar, estudiar, pensar, sentir, transitar, manifestar, expresar con libertad y seguridad de que serán respetados sus personas y sus bienes. Tal como dicen los principios de la vida moderna.

Con lógica proteccionista habría que poner un policía a cada policía, como algunos grupos policiacos exigen a los gobiernos les den "protección contra los delincuentes". Y ya en la refriega policiaca, se pierde la confianza. Entonces la lógica del control se hunde en su propio torbellino: ¿quién controla al controlador? Una sociedad que en círculo vicioso genera el delito que la descompone por su propia descomposición, pasa al tobogán de la violencia sin fin.

La misma tecnología, usada por los gobiernos conduce a una sociedad donde el control, la delación, la supervigilancia en la calle, la casa y el trabajo, configuran la imagen del "gran hermano" que controla todo en aras del poder y el negocio. La venta de información del registro de electores a empresas policiacas extranjeras en 1999, lo hizo manifiesto.

Su desenlace: el despotismo. En lugar de la organización del pueblo para autogestionar su propia seguridad en sus comunidades y barrios, se anhela un líder "incorruptible", un jefe, un führer, un duce, un dictador. La monstruosidad histórica asoma en cada esquina.

• La descomposición del mercado de trabajo, de la vida civil, personal y familiar, de las normas de convivencia, del derecho, las ideologías y creencias, condición de la que se nutre el capital neoliberal, es lo que hay que cambiar. Una vida social y humanizada, educación para la autodeterminación personal y colectiva, mejores condiciones de convivencia y, sobre todo, modos de existencia dignos, reducen el problema de la seguridad a sus normales proporciones.

Empleo. Las letanías partidarias que acompañan al ritual prometen empleo: así comienza un sexenio, así acaba.

Por inocencia, por ignorancia o por cinismo, pasan por alto que, además de la débil propensión del capital mexicano a invertir (rasgo parasitario heredado de la colonia), y que el capital extranjero ha sido un obstáculo a nuestra soberanía, en nuestro tiempo los avances tecnológicos navegan contra la ocupación. Relegan la fuerza de trabajo, automatizan plantas de producción continua, sustituyen muchas operaciones laborales por máquinas informáticas.

Pero desde los 80's dar empleo justifica todo: en lugar de industrias y unidades agrícolas, basta emplear en casinos y antros; en lugar del principio nacional, la entrada sin cortapisas del capital extranjero, pues "da empleo"; en lugar del trabajo bien remunerado que aporta valor a México, se ofrece el ingreso informal de sobrevivencia con los "mercados sobre ruedas" inaugurados por el echeverrismo o el autoempleo en "chagarros". En síntesis: comer a cambio de la esclavitud.

El mismo desempleo "ilustrado" o profesional indica que los centros de educación superior, que debieran saber lo que sucede en el mundo actual, cierran los ojos y adoptan una posición irresponsable ante la nación y la sociedad.

De hecho, gran parte de su educación es un fraude: poco a poco reducen su enseñanza a módulos de competencias para adaptarse a la producción segmentada de las corporaciones. La función profesional, con responsabilidad social y nacional, es suplida por el "puesto de trabajo"; se enseña sólo lo que es útil para entrar a la planta productiva, donde predomina la tecnología extranjera y basta aprender a operarla. Al salir de dicho puesto su educación queda sin efecto.

Más. A la desocupación inherente al capitalismo se agrega la generada por la dependencia económica de México, la subocupación y el empleo informal. Al 6% de desocupados sobre la PEA, se agregan 13 M de informales. (Dos de los cuales se gestaron en la crisis del 2009). Al respecto, el fracaso del régimen es incontestable, la incapacidad de los partidos es ostensible. Los emigrados son la conclusión.

• Está probado. La única respuesta al desempleo, que involucra la educación, la distribución del valor económico y el destino del capital, es construir nuestra propia ciencia y tecnología para procesar nuestros recursos naturales, conquistar nuestra soberanía alimentaria, producir nuestros medios de producción, equipos, instalaciones, nueva infraestructura energética, hidráulica, comunicativa y de transporte. Sólo así la producción puede elevar su necesidad de trabajadores.

Esto es: dar nuestras propias soluciones a nuestros propios problemas nacionales y sociales. De ese modo las nuevas generaciones podrán contar con las condiciones que hagan posible guiar su existencia hacia altos valores.

¡Las promesas de la empleomanía salen sobrando!

Ingreso. Viendo que el ingreso del trabajador se deteriora año con año, los partidos buscan convencer al empresario para que reparta un poco de su ganancia. Así, en su imaginación el asalariado podrá consumir más, el consumo incentivará la producción, la producción generará más ganancia, la ganancia más inversión, la inversión más empleo, el mayor empleo más gasto, más venta y más riqueza. Es el círculo virtuoso del "mercado interior" populista.

La economía de mercado, así lo han pregonado los ingenuos asesores de LO "con una pequeña ayuda de sus amigos los empresarios", revierte el régimen de ganancia privada en bienestar general. Su táctica es usar paliativos para generar empleo haciendo caminos, como el new deal de EU en los 30's. Salpicar a los pobres con chispas de gasto público.

Sin embargo, por dos lados falla esta concepción.

Por uno, periódicamente, sea por la función financiera, el monopolio productivo, el esquema crediticio, la concentración del capital reabsorbe el ingreso de la población y sobreviene la crisis. Vivimos en una.

Por otro, ese mercado es "de consumo" y depende de otro, el "mercado productivo": el primero rige entre el comerciante y el consumidor; el segundo entre la industria que produce bienes de capital (materias primas y secundarias, máquinas, equipos, tecnología) y la industria de transformación que produce los bienes de uso y consumo que llegan a nuestros hogares. (Vidrio, mueble, vestido, etc.).

El mercado se divide, pues, en dos mitades. Pero en las naciones dependientes cada semicírculo es poseído por manos distintas: uno por las corporaciones planetarias extranjeras, otro por laindustria mexicana, dependiente de aquellas.

Por tanto, recomponer el mercado interior implica tener la capacidad de integrarlas con autonomía y producir ciencia, tecnología, materias y alimentos propios para romper la dependencia. Requiere una segunda Independencia o una verdadera Soberanía nacional.

Allí estaba la falla del desarrollismo: México avanzó en la construcción del mercado interior de consumo pero creció su necesidad de bienes de capital extranjeros. Así, cuanto más producía, más dependiente se volvía. Era el esquema de fines de los 60's.

Por eso, pretender elevar consistentemente el ingreso del trabajador en un régimen de producción y circulación privado es generar el círculo del engaño: un giro eleva el ingreso, otro lo pierde; una cara eleva el salario, otra la ganancia.

• La verdadera respuesta radica en cambiar el régimen de propiedad de los medios de producción y establecer un régimen de distribución que conduzca el valor producido por el trabajo a engrandecer la vida nacional, los servicios públicos y la solución plena de las necesidades de todos.

Educación. A falta de una economía propia, un estado fuerte, una sociedad evolucionada, un pueblo ilustrado, desde los días de la Independencia se afirmó que la solución era la educación. Los buscadores de empleo, los gobiernos ansiosos por gastar, los burócratas "sociales", la corporación sindical y la déspota que la controla, lo han repetido a coro. Enseñar es la profesión más "sagrada".

Lamentablemente, con un tercio de la población en la escuela, con el enorme gasto y el esfuerzo de un siglo, la SEP ha fracasado en su obligación de dar una educación científica, cultural, humanista y social que permita ocupar un lugar en la vida de México por derecho propio.

El bachillerato no tiene finalidad propia y los gobiernos panistas desean convertirlo en una etapa bárbara amputándole las humanidades.

La educación superior es rebasada por la nueva organización del trabajo, pero se deslumbra con la inflación académica y la fábrica de grados. (El fraude de la "carrera magisterial" es su peor experimento).

Tal educación tiene como función la destrucción social: despoja de su formacióna los hijos de obreros, campesinos y clases bajas y los transmuta en clase media, afanosa por dejar su origen e incrustarse en otro estrato. Por supuesto, los fines nacionales y sociales le han sido amputados y, disminuida, se limita a enseñar bagatelas en el aula.

¿Qué proponen los partidos al respecto? Nada. Sólo "más" educación de "calidad" y de negocio, pues las empresas educativas privadas militan en ellos. Quienes pugnan por la educación "pública" la confunden con "gratuita" y olvidan su carácter nacional, público y social.

Los politicastros saben bien que, para ser "autoridad" en la escuela superior se requiere ser leal a un antiprincipio: no comprender la juventud.

En los 50's no entendieron a la generación "rebelde", en los 60's se asustaron con la "revuelta" estudiantil, en los 70's impusieron el conservadurismo y la corrupción en las universidades, en los 80's se avergonzaron con la "generación x", cerraron los ojos ante el desempleo profesional que ya comenzaba, y en 2010 el gerente máximo de la UNAM se refiere con sorna a los "ninis".

Parece que nadie es responsable de nada. Cuando la frustración invade a los jóvenes, su voz no llega a los jefes ninis de las oficinas: "ni" a los cubículos de la burocracia académica, "ni" a la SEP. Estos "ni" entienden nada, "ni" merecen el respeto de nadie.

• Los partidos olvidan que desde los 60's los estudiantes hicieron la propuesta: una educación democrática, científica y humanista, con fines claros: contribuir a construir la soberanía nacional, servir a la sociedad mexicana y engrandecer la vida humana.

Empresa estatal. Los privatizadores y quienes pretenden mantenerla al mando del gobierno se equivocan en doble banda.

Un vicio acompañó a la empresa estatal: sustituyó el "poder de apropiación" de la empresa privada, en la cual el propietario puede hacer lo que desee con la producción y la propiedad, por el "poder de disposición" de los burócratas que, además de la corrupción sindical y el subsidio a la empresa privada, orienta recursos en beneficio particular.

Ese cambio tiene sus días contados. El mundo entero, si desea sobrevivir algún tiempo sobre la Tierra, deberá construir nuevos sistemas energéticos para preservar la vida.

Por su cardinal importancia, por tanto, no pueden dejarse en manos del capital privado cuyo interés, por definición, es ajeno a la sociedad y la nación. Pero tampoco se pueden mantener como empresas "estatales", o capitalismo de estado, que es su régimen disfrazado de empresa "nacional".

Pese a los discursos, el capitalismo de estado ha mantenido a PEMEX, CFE y otras empresas en la dependencia tecnológica, ha prohijado el burocratismo y la corrupción y ha sostenido al presupuesto vía exorbitantes impuestos. De ese modo ha eximido a la empresa privada de las obligaciones tributarias y no ha usado los recursos en bien de la nación. El valor producido por los trabajadores de ellas va a dar a manos privadas, además de los contratos de obra, a través de la circulación del capital con el ingreso de sus bienes y servicios al mercado.

Su carácter "nacional" fue suplantado por su manejo estatal al servicio del capital, su carácter "socialista" fue un espejismo de ilusos afanosos por halagar al estado mexicano.

• Hoy, la administración y la gestión públicas hacen posible que la sociedad trace fines y funciones nacionales a las empresas públicas, designe a los directores de tales organismos, asegure la transparencia y la responsabilidad y establezca un régimen justo y racional de distribución del valor producido.

Pequeña empresa. Todos saben de su ineficiencia en una economía dominada por grandes corporaciones. Las justifica el empleo que proporcionan. A salvo de sus restricciones, la gran empresa, mexicana o extranjera, tiene mejor tecnología, compite y determina el rumbo y las decisiones económicas.

Los créditos, las exenciones y otros recursos para mantenerlas con vida no cambian el régimen económico que las ahoga.

• Sólo con la formación de "unidades de producción asociada", que organicen a los pequeños productores de una rama, apoyados por una industria nacional de tecnología, que aseguren la eficiencia y la productividad, se podrá elevar la generación y la justa distribución del valor del trabajo entre sus miembros y defenderlas del poder de las grandes corporaciones. Naturalmente, su enlace con las necesidades nacionales y sociales les dará responsabilidad y una posición sólida en el sistema productivo.

Reforma política. A la farsa de querer hacer una reforma "del estado" sin plantear una reforma social, se ha sumado la "reforma política", alentada por las burocracias partidarias.

Sus planteamientos miran hacia atrás. La reelección de diputados, alcaldes, etc., retrocede hasta el porfiriato. El plebiscito y otras figuras "populares" expresan la demagogia de la opinión pública que suplanta a la verdadera democracia y busca legitimar el caudillismo y el protagonismo del gobernante con medios premodernos.

El servicio público de "carrera" es lance de burócratas de partido para conservar sus puestos y convertir el aparato en un régimen de castas. Es tanto como reservar las funciones del estado a una "clase política" cuya única virtud sería soportar más tiempo sentada en su escritorio.

La verdadera "reforma" (término que debe ser sustituido por la "constitución responsable" de una democracia del pueblo), no radica en esas bagatelas.

Esta democracia es intervención del pueblo organizado, a través de conductos normados públicamente, en todos los asuntos de la vida del estado, de sus instituciones y sus organismos civiles a través de la autogestión soberana.

•El nuevo estado que la corriente ideológica y política del socialismo nuevo propone debe superar las limitaciones del estado liberal fundado hace tres siglos.

Sus bases: el principio de la soberanía popular debe ser ejercido por una Asamblea Popular que vele por el derecho y la toma de decisiones por el pueblo trabajador; el principio de la soberanía nacional debe depositarse en una Asamblea Nacional que vele por la protección y el engrandecimiento del interés, la tecnología, la economía y la cultura en beneficio de México; el principio de la soberanía social debe ejercerse a través de la Asamblea Civil que norme, vigile y proteja la autogestión de los asuntos económicos directos, la formación cultural y la vida civil en general.

Vida social. La mayor parte de los miembros de los partidos están lejos de comprender lo que sucede en nuestra época. Oyen una frase periodística y la repiten como propia. Creen que, cerrando los ojos, desaparecen las clases sociales cuya existencia los había atormentado.

Nada ven de la basura social que sedimenta la pudrición del tejido social. Su ejemplo viene de Rusia. El socialismo de control de la URSS desembocó en las mafias que ahora reinan. Los burócratas comunistas que, al privatizar se apropiaron del valor generado por los obreros y campesinos, constituyen un poder de grupo, extralegal, de facto, como centros de fuerza que brindan favores y protección, sin responsabilidad social o nacional, en un país donde el derecho nunca tuvo mayor respeto.

A la "sociedad de la humanidad" que debía suceder a la sociedad de clases anunciada por la concepción de Marx, le sucedió la "sociedad de mafias". Por supuesto, algo falta en esta concepción cuya guiatura no pudo evitar en 1991 la restauración del capitalismo en el socialismo de control y la podredumbre social de su desenlace.

En el fondo, las mafias no son muy diferentes a las corporaciones planetarias que evaden la legislación y las regulaciones nacionales y operan en el lado oculto de la vida nacional y pública.

El sindicato mexicano es un antecedente. Sobre todo la fundación de centrales como la CTM y la CNC en 1936, usurparon la organización autónoma de la clase obrera para establecer la alineación corporativa al estado, con sus cuotas de poder y representación, y con la "protección" del trabajador en el empleo y los servicios sociales, a cambio de la sumisión a camarillas controladas por el partido oficial. Hoy, rota la capilaridad del poder hacia el estado, tal sistema sobrevive y contribuye a formar este modelo de organización social.

El capital parasitario es otro. Abandona el campo industrial y agrícola, se asocia al delito y promueve ellavado de dinero, el negocio casino, los antros, la prostitución, la venta de estupefacientes, y pretende suplir al estado en sus funciones de protección, captación de impuestos, subordinación, orden, etc. Su modo de acción es la violencia que se generaliza en México, su ideología es el miedo, su forma social es el vasallaje... La debilidad institucional de México las favorece.

Por supuesto, la guerra desatada toca la producción, la comercialización y el consumo de estupefacientes; pero no considera la condición básica que gesta la necesidad de tal consumo. Se destaca el uso de drogas por los niños y jóvenes, pero nada se dice del fracaso de la escuela y las viejas generaciones en la "enseñanza de los valores".

La sordidez de la vida, las falsas aspiraciones, la débil voluntad para renovar la vida colectiva y las instituciones, la injusticia general que paga mal el trabajo, el pragmatismo predominante que se harta en el interés individual, el raquitismo afectivo indiferente ante el prójimo, la inhumanidad que destila la producción, la mala enseñanza de la ciencia y el ejercicio del poder, son el caldo de cultivo que anestesia la conciencia, la razón y el espíritu.

En tal situación, se busca la autoidentificación, la desalienación y un lugar entre los seres humanos. Pero a falta de una vida que haga real esto, la droga los proporciona en los excitantes y las sensaciones enfermas.

• La verdadera solución está a la vista, pero exige reconocer culpas propias: constituir una nueva base social que propicie el trabajo colectivo, sólidas instituciones sociales de educación, salud, seguridad civil y personal, una vida pública de participación democrática que restablezca la confianza entre los mexicanos, una base cultural, estética y de vida interior que afiance el sentido humano de la existencia y la convivencia diaria.

Miseria. Desde el gobierno de JLP la "fábrica de pobres" se echó a andar. Para el régimen de CSG los "pobres en miseria extrema" pidieron un lugar en la mesa. (Según la ONU, "no tienen una ingesta de calorías suficiente para una vida útil". Son compatriotas que viven con diez pesos al día). La mitad de los mexicanos es pobre, casi el 20% es miserable.

La solución inventada por CSG fue la "solidaridad", imitada hoy por todos los partidos. Consiste en despensas básicas para evitar la muerte por inanición, programas eventuales de empleo en caso de catástrofes naturales, un cheque de compensación a los ancianos o una beca de capacitación al desocupado. Su fin es contener el estallido latente.

El esquema de transferencia hace patente la injusticia de tales medidas: al trasladar recursos públicos a los pobres, que provienen de impuestos pagados por los trabajadores, se exime a los empresarios de su obligación social. Allí radica el secreto de los subsidios a la población: con ellos se exime al empleador de pagar mejores salarios, seguridad social, pensiones, etc.

Su génesis reciente fueron los apoyos a "los marginados" en la época echeverrista. Tales limosnas, llamadas "economía de compensación", de autoconsumo, autoproducción, autoempleo, ocultan el fracaso del sistema y condenan a grandes grupos a vivir al borde de la miseria.

Son los restos del llamado "estado de bienestar", copiado por Cárdenas del "welfarestate" de EU. En México, los beneficios fueron otorgados como parte de la Revolución Mexicana y del derecho constitucional, hoy se dan como favor sin obligatoriedad pública, como dádivas a cambio del voto. Dar bienes sin impulsar su producción significa dilapidar la riqueza en el gasto improductivo.

El proteccionismo industrial, o "fábrica de empresarios", promueve el parasitismo del capital acostumbrado a tener grandes ganancias con ineficiencia. La infraestructura carretera, con la que se quiere dar empleo a los pobres, imita al porfiriato: construyó caminos, ferrocarriles, redes eléctricas, etc., para facilitar la extracción de nuestros recursos por el extranjero.

La pobreza, que se quiere hacer ver como resultado de las crisis o los "malos" gobiernos, es inherente al sistema del capital y la dependencia económica y tecnológica que padecen los países pobres. Surge en el mismo cumplimiento de sus normas jurídicas subordinadas a las condiciones de la economía regida por el capital y la ganancia privada, es un resultado forzoso de tal condición.

Se dice que, "queriendo hacer el bien", el inocente hace el mal. Así sucede con quienes se proponen cambiar las cosas sin tocar los poderes establecidos. En lugar de hacer brotar las fuerzas, la voluntad, la conciencia de un pueblo, se le envilece; se usurpa la libertad para construir un México por sí mismo, se reafirma el paternalismo del gobierno, en lugar de la capacidad productiva se impulsa el consumismo.

Y lo peor: si la visión se nubla en las clases poderosas, su ceguera es resarcida con la ganancia que llega a sus manos; pero el "bienestar" regalado que llega a manos de los pobres no sólo los engaña respecto a su verdadera existencia, les roba el alma y les arrebata su capacidad transformadora para volverlos siervos del capital.

• Una verdad fue probada en el siglo XIX: la miseria del trabajador sólo desaparece de modo permanente cambiando la base general del régimen de producción y estableciendo una base económica que, con intervención directa del trabajador, distribuya con justicia el valor producido por el trabajo y los medios de producción, rescatándolo de los capitalistas, las mafias y el derroche social.

Ecología. Es el tema preferido por los partidarios de la ideología blanca. Tiemblan cuando se tocan problemas que implican cambiar las bases del mundo establecido.

La simulación, la corrupción, la connivencia con los empresarios responsables de la descomposición de la tierra de México, caracterizan a las autoridades encargadas de ella.

Igual que en otras cosas, aun cuando muchas de sus acciones son acogidas de buena gana por la población, desvían el problema central que no es técnico sino político. Pues mientras el régimen de propiedad suponga "usar y abusar" de la producción, la sobrevivencia de la vida sobre la Tierra no será segura.

Este es un claro asunto donde las soluciones parciales nada valen sin cambiar el industrialismo, el consumismo de bienes y recursos, y sin considerar el equilibrio del mundo humano con la naturaleza. (Donde influye el incremento irracional de la población, el uso de sustancias que afectan la vida, la producción agrícola irracional, etc.). Y poner estos aspectos en su lugar corresponde a la acción política, no sólo de una nación sino del mundo entero.

• La ecología política sostiene que sólo emprendiendo acciones para restablecer, si es posible aún, el equilibrio en la capa protectora de ozono, el sobre calentamiento del planeta, el cambio climático, la deforestación y los sistemas energéticos a nivel planetario, que implica cambiar incluso hábitos de vida como el transporte individual, se protegerá verdaderamente la vida sobre la Tierra.

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En estas propuestas comunes de los partidos residen las razones por las que México no avanza siguiendo la senda del mercado electoral. Parece que cada vez los resultados reportan menos beneficios a los mexicanos y la nación.

No se crea, sin embargo, que todo proviene de la mala fe de los partidos y los poderes. Si así fuera, todo sucedería como dicen algunos: por "una camarilla que se ha apropiado del gobierno". Lo cual haría fácil su derrocamiento.

Esta acusación tampoco es inocua: los ataques voluntaristas envenenan la conciencia, el resentimiento impide reflexionar y las emociones sustituyen al pensar objetivo y la verdad. Allí brota la luz para germinar soluciones permanentes y racionales.

Sin exculpar a las pandillas que se apropian del poder estatal, el cambio que México necesita es la transformación del sistema económico, civil y político, que es la base general de la vida social y el equilibrio con la naturaleza. Sin dicho cambio, las medidas parciales descomponen la nación, desorganizan el pueblo y facilitan al capital extranjero y nacional imponerse sobre el trabajo.

• Si es la totalidad de México la que se pudre, es la totalidad de México lo que hay que cambiar. Sólo queda de él nuestra historia, el trabajo que carga el peso de la opresión y la miseria, y el pensamiento de quienes aún son fieles a la vida nacional. Allí radica el punto de partida del México nuevo.

IV. Significado de las propuestas

Si bien los partidos esconden sus ideologías ante el elector, sus discursos cargan diversas posturas que hacen presencia en estos tiempos cuando un México muere y se anuncia el advenir de un México nuevo. Entre ellas:

*  El civilismo blanco. Los derechos concedidos a grupos civiles desarticulados huelen a privilegios feudales que disimulan el abandono de los derechos generales agrarios, laborales, educativos y políticos. Su promulgación ha sido pareja a la descomposición política, nacional y civil.

* El populismo. Aprovecha los miserables para mantenerlos en las redes del paternalismo y el caudillismo políticos.

* El burocratismo. Recluta profesionales frustrados, usufructúa el presupuesto público, aprovecha el poder de disposición y usa las oficinas para dar empleo a los afiliados.

* El personalismo. Centrado en la familia, en la práctica es el manejo discrecional de los asuntos públicos por encima del derecho y para enriquecimiento individual.

* El proteccionismo empresarial. Con el decreto de Cárdenas en 1939, se puso la primera piedra de la fábrica de empresarios: exenciones de impuestos, subsidios, etc. Hoy se extiende a la pequeña y mediana empresa. Es medida para detener la explosión de México, sin ella el desempleo desbordaría toda "paz" social.

* El gradualismo reformista. Desvía del camino hacia un México nuevo. Igual que en su tiempo se creyó que los derechos laborales y agrarios de 1917 eran un paso intermedio hacia una sociedad socialista (fantasía que proliferó en la época cardenista), igual que el "popular socialismo" creyó que las estatizaciones de empresas eran un paso hacia la colectivización, o la III Internacional se engañó al creer que los sindicatos eran vía hacia la organización socialista, así ahora se exageran las pequeñas conquistas y se cree lograr la libertad con sólo separarse del poder estatal.

* La democracia norteamericana impuesta a México no es la manera de responder a nuestras aspiraciones como pueblo y nación libres. Tampoco los partidos "instituciones", esto es, partes funcionales del sistema, quieren ni pueden luchar en favor de este fin.

Un electorado perverso y envilecido, que da su adhesión a quien le prometa responder a sus urgencias, es el señuelo. Es el cáncer que cancela toda validez a la democracia.

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No es necesario hacer el examen completo de tales líneas. A diario exponen sus propósitos y cuando se abra el mercado electoral harán malabares para parecer "creíbles". Se olvida que cada parche debilita la fuerza unitaria de la prenda social y cada paso aislado saca del camino recto hacia el fin principal.

Por supuesto, más allá de sus afiliados y simpatizantes, sus nexos obedecen a sus propios intereses, no a los de México. Pero es innegable: el desencanto ha impregnado al electorado. Las grandes esperanzas de 1988 se han enfriado: la historia ha dado la oportunidad a la oposición y ésta no ha sabido responder a sus exigencias. El pasado reaparece y se restaura el conservadurismo que las transacciones nunca borraron de nuestra historia.

Como quiera, este des-concierto de líneas de acción hace ver la falta de la estrategia de los movimientos. Mientras el imperio traza su estrategia con profecías, los mexicanos disputan al coche el espacio callejero.

Se olvida. La marcha histórica, como la de cada existencia, no es la suma de pequeños trechos; las naciones y los pueblos tienen un orden propio que se debe seguir para alcanzar la liberación. El problema es encontrar dicho orden. La vida aislada de cada miembro de familia, como se sabe, equivale a la disolución de ésta.

El futuro está más allá de estos deseos...

V. El socialismo nuevo y las elecciones

Para la posición ideológica y política del socialismo nuevo ejercer la voluntad electoral no es depositar una papeleta en la urna, no es disolver el pueblo en una polvareda de átomos ciudadanos o una sombra de los poderes estatal y partidario.

Al contrario:

 La política democrática debe expresar la decisión del pueblo miserable y trabajador constituido en soberanía. Y por esa razón este pueblo no debe renunciar a la acción electoral. Debe participar en ella. No para ejercer el "voto útil" y llevar al poder un caudillo "menos peor", sino para manifestar ante los poderes y las naciones su ideología, su organización y su acción.

[Nota: La contraposición entre el acto de sufragar y el ejercicio de la democracia deja lugar a las confusiones y paradojas que acarrea el ejercicio electoral actual.

1). La acción de la representación democrática se cumple con el ejercicio del voto y significa el ejercicio de la voluntad política del ciudadano. "Votar" significa "manifestar una preferencia". Viene del latín vovere, que es prometer; del i.e. woguh-eyo, que es hablar solemnemente. Es decir, votar es la acción a través de la cual se adopta un compromiso público.

La democracia liberal moderna de la "voluntad general", necesariamente, hubo de fijar las maneras en que el pueblo se representa como república, nación y estado: por "estados generales" en el absolutismo, por representación de sectores sociales, etc.; y dicho acto es distinto en un régimen parlamentario, un estado monárquico o una república liberal. Pero no es sólo el trabajo de urnas.

2). En sentido estricto, "votar democrático" es organizar la representación de la ciudadanía ante los poderes nacionales internos y externos, e implica deliberar y tomar decisiones sobre los principios, la organización y la acción de la posición ideológica y política del pueblo.

"Sufragar" es meter una boleta en una urna; es optar, escoger una alternativa de las que ofrecen en la competencia partidaria. Votar es determinar la propia posición por el ciudadano o el pueblo. Sin la propia acción organizativa y políticamente educativa del pueblo, acudir a sufragar es un hecho vacío y legitimar la usurpación del derecho ciudadano por los partidos o los candidatos. El referendo y el plebiscito son, igualmente, tenazas que atrapan a la voluntad ciudadana en opciones manipulatorias eventuales y ajenas a su propia determinación.

3). Sin la organización del voto democrático señalado, la política desemboca en la "dictadura del proletariado" comunista, el "caudillaje populista" del guerrillerismo, el "protagonismo personal o partidario" de las tiranos que dan "golpes de timón" en los gobiernos.

En todos estos regímenes, la democracia, entendida como el ejercicio de la soberanía popular, es ahogada. Esto es lo que significa que, en México, aunque se ha estampado en sus Constituciones el principio de la soberanía popular, nada se ha hecho para hacerla efectiva y ha sido suplantada por el régimen de sufragio.

4) Por eso el pueblo no debe renunciar al acto de votar. De otro modo, abre el camino para la usurpación. Pero, lo repetimos: votar democráticamente no quiere decir dejarse atrapar en el esquema de la elección cerrada por los candidatos inscritos, como alternativa donde la libertad se ejerce entre lo "peor" (PRI, PAN, los verdes) y lo "menos peor" (PRD, PT, etc.).

De esto se concluye que "ir a las urnas o no ir" es lo mismo: pregonar el "abstencionismo" o el "voto útil", para no dejar que los burócratas de la política suplanten al ciudadano, son dos formas que giran sobre el sufragio, no sobre el voto democrático.

5). Las posiciones actuales se abren a las siguientes alternativas: a)Votar por el pueblo, esto es, que el pueblo organice su propia representación, ideología y acción política. Acción que, muy posiblemente, rebasaría el espacio y término de tiempo de las campañas electorales. b). Ir a las urnas para legitimar un gobierno ajeno al pueblo. Lo cual significa someterse a la usurpación partidaria actual. c). Abstenerse u omitir cualquier participación en las elecciones. Es enseñar a abandonar la acción política que el pueblo debe aprender a ejercer por sí mismo. d) Acudir a las urnas para mostrar el rechazo a la manipulación actual y estampar signo de la voluntad democrática anulando cada boleta con una cruz general. Aunque sin la acción para organizar la independencia ideológica y organizativa del pueblo, ese rechazo es un acto negativo que no construye nada, excepto la decepción.

El socialismo nuevo propugna por recuperar para el pueblo el ejercicio del voto democrático, que es organizar la propia acción representativa de la soberanía popular y hacer manifiesto su rechazo a la suplantación del sufragio.]

 A la campaña electoral comercial debe sobreponerse una jornada de organización propia, de definición de la ideología y de una plataforma para liberar a México y al trabajo. El voto maduro deberá ser la confirmación de la independencia ideológica y organizativa del pueblo.

 La nueva ciudadanía debe estar formada por obreros, campesinos, estudiantes, profesionistas y todo trabajador productivo que, fieles a su origen, son la base social donde se gesta la vanguardia para dar las batallas por la liberación de nuestra patria. No la ciudadanía abstracta, "territorial" o "demográfica".

Una ciudadanía que ejerza la acción oportuna atinada y permita fundar al México nuevo antes de que termine la vida sobre la Tierra, asolada por una producción, un aparato energético y hábitos consuntivos de la depredadora especie en la que se ha deformado la sociedad humana.

 La estrategiaa futuro es constituir la condición nacional de un pueblo soberano. Su base es organizar la fuerza histórica capaz de transformar a México y fundar una nación nueva, con una democracia donde el trabajador tenga garantizado intervenir en todos los aspectos institucionales y públicos, autogestionando sus asuntos y generando modos propios de vida.

 La liberación del trabajo está en juego. No debe olvidarse. Más allá de toda coartada, el mundo tiene su fuente en la naturaleza y el trabajo, de ellos salen todas las obras. Más allá de toda injusticia, la opresión que brota del trabajo mismo es la injusticia máxima. Por ello, sin liberarlo, lo demás será pasajero o ilusorio. Rescatarse del servilismo, del sometimiento a los medios de producción privados, de la opresión, debe ser la consigna principal.

 La nueva organización social no debe remedar al mercado, basado en fuerzas, medios y fines contrarios al interés público y nacional. Ha de sustentarse en el acuerdo racional de los sectores de trabajadores y en las armonías reales entre la producción y la distribución del valor en beneficio de la soberanía nacional y social.

 El pueblo mexicano debe votar por su propio interés histórico. No debe ceder su derecho a un gobierno, un partido, un personaje, un comité o cualquier figura que pretenda suplantar su libertad de decidir sobre su destino. Hoy su voto debe ser la manifestación de sus propósitos y la organización de sí mismo para liberarse por sí mismo.

***

Las campañas han de servir para destruir las trampas, las redes y los misterios del régimen electoral; para deshacer las apologías y justificaciones de la situación prevaleciente; para recuperar la confianza y la sabiduría del pueblo y emprender su marcha histórica. La manipulación partidaria, caudillista o corporativa deben dejar su lugar a la autonomía organizativa e ideológica del trabajo.

¡Tal es el modo de destruir la maldición de la profecía imperial!

Septiembre de 2011. Monterrey, Nuevo León. México.

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