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Miércoles, 28 Septiembre 2011 19:42

El movimiento estudiantil del 68 en Argentina

Written by Coral Aguirre

mayo_68_01Cuando la universidad de Nanterre despierta con sus reclamos estudiantiles y con ella despierta a la de París que rápidamente se pone a hacer del cierre de la cinemateca su bandera, los argentinos estábamos en plena dictadura militar. Cuando se instalan las primeras barricadas y los estudiantes comienzan a soñar lo imposible, nosotros circulábamos por el desamparo y sin embargo también soñábamos. No sólo se pauperizaba el país minuto a minuto, se quitaban presupuestos, aumentaban las pestes cuya profilaxis se había abandonado, se despedían empleados y obreros de a miles por la sola sospecha de ser peronistas, socialistas, o algun "ista" parecido, se saqueaba el erario y se multiplicaban a ojos vista los lazos de la Iglesia con la clase terrateniente y los militares, también se fundaba la CGT de los Argentinos con sus líderes Ongaro, (peronista) y Tosco (comunista) y su primer mensaje redactado por Rodolfo Walsh proponía el camino de la liberación denunciando todos los males que sufríamos y proclamando los bienes a los que aspirábamos, como la propiedad privada en función social, los bienes administrados por el pueblo trabajador y los intelectuales en su rol crítico y comprometido porque "si no actúan tendrán un lugar en la antología del llanto pero no en la historia viva de su tierra".

Cuando las calles de París se llenan de citas luminosas plasmadas por los más grandes soñadores y Shakespeare va de la mano de Artaud y de Nietzche y de Breton, nosotros mirábamos a Vietnam y tras las ofensivas a principios de año del Vietcong, difundíamos sotto voce .los métodos represivos de los que hacía gala el ejército americano. Cuando comenzaron las asambleas en la Sorbona, los palos y las piedras de los represores y los gritos de "asesinos" lanzados por civiles de toda laya, los teatros se convertían en plaza pública y juntos marchaban por calles y avenidas Sartre y Beauvoir junto a la muchachada alardosa con semejantes compinches, Onganía reinaba como dictador absoluto y nosotros estábamos obligados a callar. Y si en París el Odeón ostentaba "No hay más teatro que la guerrilla" los teatros argentinos sufrían la censura más atroz, la persecución de sus artistas, el cierre de las instituciones artísticas y el desmantelamiento de las áreas científicas.

Cuando la utopía mayor se ejercía en la voz de Cohn –Bendit durante las jornadas más radiantes del Mayo Francés "El movimiento ha tomado una dimensión que no podíamos prever y ahora, el objetivo es la caída del régimen", nosotros en aquel sur que se ponía cada vez más frío e inhóspito, soñábamos con lo mismo frente a un horizonte que parecía congelado.

En las universidades las pintadas habían dado lugar a las reglas y las normas del poder absoluto, sin embargo utópicos de siete suelas, todavía y por mucho tiempo más creímos que un día, bajo el sol radiante del 25 de Mayo, nuestra fecha de Independencia, ese mismo sol en la bandera, no significaría guerra a secas, ni guerra sucia, ni guerra civil, sino el país que nos teníamos prometido.

Por todo ello desde las sombras se juntan armas, se sueña con la guerra de guerrillas propuesta por los cubanos antes y el Vietcong ahora, y a trece años de la revolución libertadora que había echado abajo al gobierno de Perón, el destacamento Montonero 17 de octubre está por terminar la primera etapa de su preparación en los montes.

A escondidas o abiertamente, con entusiasmo o mirada crítica, seguimos paso a paso cada una de las jornadas parisinas. Tengo clarísimo en la memoria las fotos de Madeleine Renaud y Jean Louis Barrault cuando abren las puertas del Teatro Odeón para que en él se organicen y debatan la vanguardia revolucionaria con todos sus camaradas y simpatizantes. Me parece estar viendo las multitudinarias movilizaciones, las barricadas, a lo largo del Quartier Latin, los policías con sus garrotes, la huída de Charles de Gaulle a vaya saber dónde por unos días y recuerdo sus nefastas declaraciones que nos escandalizaron tanto: se trataba de estudiantes que no querían pasar sus exámenes, argumento que luego modificó para declarar apocalípticamente que debíamos ver en ello los fermentos de una crisis de la civilización.

La derrota de los estudiantes franceses nos lleva a advertir que la lucha debiera ser hombro con hombro con los obreros y las redes solidarias de los pueblos, alguien llega hasta casa para susurrar que la moto del Che se halla en Bahía Blanca, alguien más propone tejer una red de coincidencias entre todos los intelectuales. Aferrados a la esperanza y con nuestros modelos de bandera, nos obstinamos más. Porque el Mayo Francés es de alguna manera la llama encendida que nos catapultará para también nosotros proponernos asambleas en donde pongamos de cabeza al mundo. Algunos lo hacen con mucho miedo y casi en la clandestinidad, otros se yerguen en líderes que encabezan manifestaciones. Poco a poco se tienden puentes, las consignas se multiplican, Prohibido prohibir, y sobre todo La imaginación al Poder. Lo repetimos como tontos al principio, es cierto, lo reescribimos en las paredes de las universidades, no nos la creemos del todo. Pero hay algunos furibundos que están dispuestos a más broncas, algunos que enseñan a hacer de correos entre estudiantes y obreros, entre alumnos de una institución a otra, otros que muestran cómo se prepara una "molotov", y muchos más que practican las nuevas tácticas aprendidas en los libros, en los periódicos y entre los compañeros.

La politización se generaliza. Decir que uno no está en nada avergüenza. La juventud mística que hacía retiros espirituales y realizaba giras católicas para ayudar a los pobres del Chaco o de la Patagonia, abraza la teología de la liberación. Del 24 de agosto al 6 de septiembre de 1968, se realizó en Medellín, Colombia, en el contexto de la aplicación del Concilio Vaticano II, la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Más que un documento, como dicen sus gestores y los que participaron y firmaron los acuerdos, "Medellín es un espíritu, un punto de partida, una perspectiva, el inicio de una tradición autóctona, que continúa haciendo camino, especialmente, a través de una red capilar de comunidades eclesiales insertas en los medios populares. Sin alardes, como brasas en medio de las cenizas de este tiempo de invierno eclesial, pero en fidelidad al Evangelio de la justicia, del amor y de la paz". La otra juventud, la que se dice atea o agnóstica, aquellos a los que la religión no nos importa y no nos convoca, buscamos el acercamiento directo a los grupos marxistas, sean estos comunistas, maoístas o troztkistas, o bien al peronismo de izquierda agrupado en los montoneros, el peronismo de base y otros grupos más pequeños. Los grupos de la Liberación se vuelcan sobre estos últimos.

El 26 de junio de 1969 hace su aparición la FAR, grupo guerrillero que incendia trece supermercados Minimax en Buenos Aires, en repudio a la visita de Nelson Rockefeller, esa operación no fue firmada por la organización, aunque sí reconocida poco tiempo después.

Y exactamente a un año del Mayo Francés, el 29 de mayo de 1969, se produce el Cordobazo, resultado del asesinato de dos estudiantes en diversas partes del país y de un obrero en las calles de Córdoba. Así, lo que nadie podía imaginar se cumple: la alianza entre estudiantes y obreros que salen juntos a decir ¡Basta!, a ponerle fecha límite a la dictadura de Onganía. La represión es tan violenta como la de París, las llagas del sistema se ofrecen a la luz una vez más. Sin embargo la guerrilla está en marcha, la relación universidad-obreros se ha fortalecido, los líderes de estos últimos han decidido tomar el toro por las astas, Agustín Tosco, René Salamanca, líderes de los sindicatos donde se concretan las primeras acciones revolucionarias, discuten con la CGT de los Argentinos estrategias y tácticas y el horizonte antes ensombrecido, ahora nos parece peligroso pero aportador de las buenas nuevas. Se suceden otro Cordobazo, un Rosariazo, un Neuquenazo y así...Por su parte los montoneros ya en acción han secuestrado a uno de los jefes de la Revolución Libertadora de los milicos, el general Eugenio Aramburu, lo han juzgado y ejecutado. En 1970 cae Onganía bajo la presión de todos estos eventos y le sucede un gobierno militar que finalmente tiene que llamar a elecciones.

Un dato curioso: por estas fechas, un año después de los eventos de París llega a la universidad nacional del sur (UNS), un francesito petulante llamado Bruno. Según él, ha estado hombro con hombro al costado de Daniel y ha participado de los gloriosos días de Mayo. Puede enseñarnos cosas, puede abrirnos más esperanzas. Le creemos a medias, los argentinos no somos muy malinchistas que digamos, pero forma parte de las nuevas corrientes de izquierda de la universidad. Allí estudia y allí milita. Lo recuerdo formando parte de las juventudes peronistas montoneras y en el autobús que en el '73 nos lleva a Buenos Aires para recibir a Perón en Ezeiza.

En Latinoamérica el Mayo Francés no fue en vano, como no lo fueron la Revolución cubana ni la figura del Che Guevara, aquel que soñó y probó que podía gestarse un Hombre Nuevo. En eso creímos.

Para Revista Pantagruélica

40 años del 68

Coral Aguirre