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Miércoles, 15 Junio 2011 19:01

Armas y letras en la UANL

Written by Xavier Araiza

armasoletras

MEMORANDUM

Durante seis meses del año 2004, año de Chente Rey de Foxilandia y de Nati Virrey de Regiolandia, este artículo fue visitante paciente e imprevisto - como personaje de teatro Pirandeliano en busca de editor - en varias redacciones de periódicos y revistas. Tal vez porque no es "políticamente correcto" y es tan apabullante la histeria modernólatra del presente y la fantasía del futuro, los editores han preferido no hablar de la historia incómoda que se guarda en el closet junto a los esqueletos que conservan la cara deforme de la política. Así, en ese peregrinar de visitante en busca de un amable anfitrión , fue propuesto - no simultanea sino sucesivamente - para su publicación en las secciones culturales de los periódicos El Norte , Milenio y en las páginas de las revistas La Quincena y La Rocka . En un periódico no se publicó por falta de espacio. En otro se argumentó que  el autor no formaba parte de la planta de columnistas del diario. En la revista La Quincena fue rechazado porque - según su director - no estaba a tono con su política editorial reformista y conciliadora. En la Rocka no encontró hospedaje porque sus materiales se especializan en música y temas de interés para los jóvenes. Así las cosas ¡hélo aquí en el Revista Pantagruélica! reproducido por millares gracias a las redes que se tejen en este magnifico invento del hombre. Si usted lo lee y piensa que vale la pena reenviarlo a sus amigos e interesados , se lo agradeceré muy cordialmente. Igual lo haré si lo quiere reproducir en alguna publicación u hojas sueltas como volantes que vuelan .

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Los actuales funcionarios de la cultura universitaria dicen, publicitan, están de fiesta, con manteles largos y toda la utilería usada en estas celebraciones, porque la revista Armas y Letras fundada por Raúl Rangel Frías cumple 60 años. Pero en esta celebración hay un error de perspectiva histórica que se hunde en un pantano cultural y político. Si bien la revista nació en 1944, en cuna modesta pero intelectualmente vigorosa, y creció con brío y desafíos anticlericales, de tiempo en tiempo ha tenido sus caídas y recaídas (entre 1970-1973 no se editó la revista), convalecencias y recuperaciones. Y también ha estado en situación comatosa, diría que embalsamada durante ¡19 años! Es decir: fuera de circulación, sin vida universitaria y editorial en los largos años transcurridos de 1977 a 1996.

Hay dos preguntas sencillas que el equipo editorial de la revista, los intelectuales lúcidos y atentos (hijos del Alma Mater o no ); los actuales funcionarios de la UANL (con el Rector a la cabeza), el Gobernador del Estado y su Staff educativo, y la ciudadanía toda(dado que la UANL funciona con dineros públicos) debemos hacernos. Son éstas: ¿Cuáles funcionarios de la universidad, y por qué, decretaron de 1977 a 1996 la suspensión de la revista Armas y Letras? ¿Qué visión de la universidad, cuál práctica política e ideas de extensión cultural intra-extramuros imperaron en esas casi dos décadas? Son preguntas necesarias. Preguntas urgentes para saber en realidad lo que ha sido, es y será la universidad en el futuro próximo que ya aletea sobre nuestras cabezas. Si nos hacemos los  distraídos o ingenuos y evadimos estas preguntas sólo veremos el espectáculo (por cierto desangelado) de la nostalgia, el regodeo, la simulación, la autocomplacencia.

La realidad es terca. El hueco de 19 años ahí está. El silencio lo agranda, lo hace evidente, y por más amnesia histórica que se fomente, la memoria y la vivencia recorren la imaginación individual y colectiva. No hay ruido celebratorio y mediático, Pan y Circo, por más espectacular que sea, ni nostalgia de lo que fue la gloria de Armas y Letras, que borre, soslaye, oculte, ese tiempo de represión universitaria que apagó la flama de la verdad, impuso el silencio de los sepulcros, amenazó y expulsó a los disidentes y a los críticos.

A escala local y con los ingredientes típicamente regiomontanos empezó la noche de los cristales rotos y de los cuchillos largos. La UANL se hundió en la opacidad intelectual, la persecución política y el desprestigio (han sido pocos los intelectuales, académicos, estudiantes y trabajadores que no se sometieron al método del Garrote y la Zanahoria. Unos, otrora liberales y militantes de las izquierdas, de plano se conviritieron al espíritu medieval y siguieron cultivando sus pequeños privilegios en los feudos en que se transformaron preparatorias , facultades y espacios culturales. Otros, la mayoría, reprimieron su lenguaje crítico y guardaron silencio, se autocensuraron para evitar la espada de Damocles sobre sus cabezas, ser expulsados de sus escuelas o no perder el empleo.

El humanismo auténtico y el ejercicio político liberal , tolerante y democrático de Alfonso Reyes el llamado (como inacabable estribillo) Regiomontano Universal, de Raúl Rangel Frías, José Alvarado, Alfonso Reyes Aurrecochea, y de otros que combatieron la mochería y la estulticia de los poderes del estado; en los agitados y creativos años 60 se cruza (en sus contradicciones ideológicas y limitaciones políticas) con las izquierdas que ya influían en el campo de la academia, la cultura, las artes, las luchas partidarias y la movilización social, sobre todo después de la experiencia rebelde y festiva que terminó trágicamente en la noche de Tlatelolco aquel 2 de Octubre de 1968, que no se olvida. Ambos movimientos: liberales e izquierdas fueron acosados y derrotados por la derecha conservadora. La UANL fue el laboratorio de la política estatal del poder: triunfaron las armas de la intolerancia y la represión: perdieron el diálogo y las letras. Los porros y sus jefes políticos y administrativos se convirtieron en personajes destacados de la farsa universitaria.

Ahí empezó la debacle. La cultura universitaria se empobreció. Se prohibió la libertad de expresión. El debate de ideas y la crítica, fundamento de toda universidad que se precia de ser moderna y se opone, Urbi et Orbi, al "sano espíritu feudal", se censuraron en la UANL, dejando paso al conformismo, la apatía, la demagogia. Sobre el saber, el lenguaje, el diálogo y la polémica entre los diversos en una comunidad plural en esencia -cultural y políticamente-, impusieron la retórica vacía, la exclusión, el despotismo (no precisamente ilustrado). Llegó el control burocrático, el negocio típico de las universidades privadas embozado con altas cuotas estudiantiles y servicios profesionales opacos (apelando a la falsa autonomía como coartada para encubrir la impunidad y la corrupción), la amenaza a los disidentes, la caricatura de la democracia: El Big Brother instaló su casa en el Campus Universitario y su bunker de guerra en el octavo piso de Rectoría.

Así, las poderosas armas de la derecha (dinero, intolerancia, conservadurismo, represión), en sus versiones tradicional y neoliberal, le dieron un golpe mortal a las letras de los liberales orgullosos de la fundación de la universidad y de la revista que editaron cuando la la institución andaba en pantalones cortos; orgullosos y conscientes de su papel histórico en la política cultural y el impulso creativo que en las décadas del 40 y 50 cambiaron el gesto parroquial y provinciano de Nuevo León. Esa derecha casi exterminó el movimiento cultural en ascenso que, desde el pensamiento crítico y la acción política de las izquierdas, empezaba a colorear el tejido social hasta entonces teñido con los tonos azul-grises del panismo, el priísmo  tricolor bastante desteñido y la ideología empresarial fundada en el confesionario, la obediencia, el orden familiar, el individualismo, la tecnología, el culto al gran empresario, la plusvalía y su pareja histórica: el trabajo explotado, asalariado.

¿Estamos en esas? ¿La UANL sigue guardando bajo el tapete los polvos de aquellos lodos? ¿Ahora la apuesta es otra? Para evitar el gatopardismo que aparentemente cambia las cosas para que todo siga igual, la apuesta real, auténtica, por otra UANL tiene que hacerse desde abajo, con la reflexión y el diálogo de los intelectuales, los artistas, los políticos, los profesores, los estudiantes, los trabajadores. Y en esta apuesta es bueno tomarles la palabra y convocarlos al diálogo, a Natividad González Parás (que dice ejercer su gobierno humanista y democráticamente) y al rector José Antonio González que habla continuamente ante los medios periodísticos de transformación profunda de la universidad.

Un asunto importante que atañe a la historia oculta que debe ser mostrada para conocer el pasado, entender el presente y atisbar el futuro, consiste en saber cuál fue la política hacia la UANL articulada por los diversos gobernadores priístas y por el empresario panista (Martínez Domínguez, Jorge Treviño, Sócrates Rizo, Benjamín Clariond y Fernando Canales); y por supuesto, conocer el perfil intelectual y político de los rectorados de Herr Rectorrr Alfredo Piñeyro, del Cándido Goyo Farías, de Manuel Silos El Ausente (primero prófugo, luego preso y al fin declarado inocente), de Reyes Taméz El Yusi (así lo apodaban en la época en que formaba parte del grupo de porros en la Facultad de Biología) y de Galán Wong El Apocado.

Parafraseando al filósofo Ludwing Wittgenstein, sobre ellos podríamos decir que "Los límites de su lenguaje y de sus ideas han sido los límites de su concepción del mundo". Y de sus principios éticos y su ejercicio como rectores.

Para iniciar las respuestas a las dos preguntas insoslayables , llaves maestras del sentido y lectura de los tiempos, sería bueno, extraordinario, que en edición monográfica la revista Armas y Letras abriera el debate sobre la historia, la realidad actual y el futuro de la UANL. Es necesario y urgente. Necesario, para definir la participación crítica de los intelectuales, artistas y científicos universitarios en el Forum de las Culturas y el Conocimiento Monterrey 2007 que ya se anuncia con bombo y platillos...y mucha opacidad. Urgente, para saber con cuál modelo económico-social y político-cultural está elaborado el proyecto estratégico de la futura Ciudad Internacional del Conocimiento de la que tan orgullosos y seguros del futuro hablan empresarios, políticos del establishment y propagandistas mediáticos. De lo contrario se estará haciendo futurismo en el vacío. Y parece difícil que un debate abierto, con libertad intelectual, no atrapado en el modelo en
crisis y la vulgata del Pensamiento Único Neoliberal, lo emprendan el Tecnológico de Monterrey, la Universidad de Monterrey, la Universidad Regiomontana o el Centro de Estudios Universitarios. Estas instituciones cuentan con académicos e investigadores –hombres y mujeres- humanistas, inteligentes y críticos, pero acotados por los intereses empresariales, políticos y confesionales de los patrones. Ya para nadie es cosa ignorada que la baratija filosófica propagandeada Ad Nauseaum -después de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría - por el ideólogo japonés-estadounidense Francis Fukuyama, acerca del fin de las ideologías (delirio posmodernista), el fin de la historia y el porvenir luminoso del capitalismo globalizado, es sólo eso: baratija filosófica devaluada rápidamente por los sucesos que hoy agitan y conmueven al mundo. Con esta ideología en el poder y el panorama dominante en las instituciones privadas de educación superior, no queda duda que el epicentro y la potencialidad de la cultura humanista, crítica y democrática, sigue gravitando en la UANL. Sólo es cuestión de despertarla de su letargo y quitarle el bozal a la libre expresión de las ideas.

Y si pensamos y exigimos esto de la universidad, y a propósito de las otras dos importantes y estratégicas instituciones del Estado que funcionan con los impuestos del ciudadano: ¿Cuál es el proyecto de la Secretaría de Educación en estos tiempos de águilas mochas y programas de historia patria mutilada? ¿Cuál es la situación actual y el futuro de CONARTE en el debate y la manifestación pública de sus saberes específicos y su función social, en torno al Forum de las Culturas y el Conocimiento Monterrey 2007, y al proyecto de la Ciudad Internacional del Conocimiento? ¿Apuestan -mutatis mutandis- por el modelo del Ágora y el esplendor de la democracia Griega en tiempos de Pericles, defendiendo a capa y espada la importancia de la educación crítica, del arte libre y la realidad multicultural que no se someten a la manía estandarizadora del fundamentalismo neoliberal? ¿Se oponen a la mano invisible del mercado, al fetichismo de las mercancías y a las leyes irracionales de la oferta y la demanda que están llevando al desastre a Monterrey, al país y al mundo?

De no ser así, esa posible ciudad hoy idealizada (¿narcotizada con la tecnocracia, histerizada con la fantasía de aproximarse al llamado primer mundo?) con el culto modernólatra en el evidente proceso de descomposición del sistema neoliberal global, se verá enfrentada a la violencia y el caos que anidan en la raíz de la economía depredadora, la impunidad política y la cultura individualista que genera el narcisismo y la burbuja de la sociedad del espectáculo.

Ahora están sucediendo rápidamente las cosas en Foxilandia: ya se manifiesta la amenaza de una posible crisis generalizada. El acoso despiadado de la derecha institucional (PRI-PAN y partiditos satélites) y los poderes fácticos (empresarios, clero, medios de comunicación) con la amenaza de desafuero a López Obrador anuncia ya un turbulento período político en torno a las elecciones presidenciales del 2006 y los años que vienen. Se trata de un ensayo para la puesta en el escenario político del futuro de un Estado autoritario de corte policíaco. En este contexto la ciudad de Monterrey que imaginan los señores del Capital, antes que verse en el espejo laico del humanismo, la justicia y la democracia, se verá en el espejo de la violenta y decadente ciudad que Stanley Kubrick proféticamente filmó  en 1973 con el título La Naranja Mecánica.

Monterrey, Nuevo León. Noviembre de 2004.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)