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Jueves, 27 Enero 2011 00:00

Conarte, en el exilio

Written by Ximena Peredo

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Una vez que el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León comenzó a ganar legitimidad entre los gremios de artistas y éstos decidieron participar en las vocalías, conformando consejos críticos y ciudadanizados, el Gobernador José Natividad González Parás perdió súbitamente el interés en el Conarte y, dejándolo prácticamente en la marginación presupuestal, activó sus múltiples contactos con la Iniciativa Privada, para ahora sí, partir y repartir el pastel a su antojo. "Tenemos que ajustarnos" dijo el Presidente del Consejo, Romeo Flores Caballero, al ser cuestionado por el bajo presupuesto que recibirá en este año 2009, mientras el aparato gubernamental impulsa, con partidas o con gestiones, la privatización de la oferta cultural en Nuevo León.

¿De qué nos sirve tener representaciones lo más independientes y críticas en un exilio forzado? A finales del año pasado, los vocales Felipe Montes, de literatura, Mario Cantú, de teatro y Roberto Maldonado, de fotografía, denunciaron al reportero Gustavo Mendoza Lemus, del periódico Milenio, la ausencia de artistas locales en el programa del Festival Internacional Santa Lucía o "minifórum", que cerró su agenda con un concierto de los Kumbia Kings y que representó un gasto global de 153 millones de pesos. Días después de estas declaraciones, al Conarte le fue aprobado su presupuesto de 156 millones de pesos para el ejercicio 2009, apenas tres millones más de lo que costó el Festival. Significativo, ¿no cree?

Si de algo sirvió el Fórum Universal de las Culturas para la comunidad de artistas locales fue precisamente para evidenciar el menosprecio gubernamental a su talento. Aunque la Fundación Fórum gastó por lo menos 5 mil millones de pesos en el evento, con sueldos nunca antes vistos en la nómina cultural, la partida para ese mismo 2007 que el Conarte otorgó en apoyo a creadores estatales, apenas sumó los 152 mil 300 pesos, ni siquiera el sueldo del controvertido Gastón Melo, primer organizador del evento, quien se propinaba cada mes 220 mil pesos.

Pero el Conarte no sólo fue flagrantemente ignorado por el ostentoso carnaval Fórum, además fue saqueado. Apenas unos días antes de que comenzara el evento, los cheques para talleristas, becarios y artistas con contratos firmados con el Conarte y/o Conaculta desaparecieron del Teatro de la Ciudad. En una franca agresión al valor de su trabajo, los artistas que día con día entregan su trabajo al espíritu de la ciudad, tuvieron que regresar a casa sin un peso, mientras compañías de danza, teatro y orquestas de más de 51 países recibían decorosas retribuciones económicas a cambio de sus espectáculos.

Sin embargo, el Conarte supo respetar angelicalmente los derechos de los museos privados y las instituciones que, en el fatídico 2007, recibieron puntualmente sus 21 millones de pesos, mientras que el teléfono de la Casa de la Cultura estuvo suspendido por falta de pago los últimos meses del año.

Estas lamentables situaciones evidencian la nula autonomía del supuesto órgano desconcentrado, que terminó desplumado y expulsado de la oferta cultural en menos de lo que nos imaginamos. Siendo las vocalías conquistas importantes para la comunidad artística, es importante que quienes sean elegidos para estos espacios sean personas convencidas de la nobleza de participar en una institución pública, que no teman a las represalias a las que usualmente se hace acreedor el artista crítico, y que tejan sus redes solidarias en el interior del organismo. En el Conarte trabajan personas muy valiosas, hoy desmoralizadas por la facilidad con que sus superiores entregaron la autonomía de su trabajo, pero al fin convencidas de la trascendencia de sus esfuerzos.

El problema se inscribe dentro del gran atentado hacia lo público que, paradójicamente, comanda el propio gobierno estatal. La consecuencia más grave de esta lógica privada es que desconoce la vocación social de la cultura y las artes. Dudo que, desde la visión empresarial, se entienda la importancia de estimular la creación artística y la reflexión estética en barrios marginales; antes bien, me preocupa que en estos tiempos electorales se exacerbe el desprecio a la formación cultural de la ciudad, para promover espectáculos vulgares con una inminente intención proselitista.

Que el exilio invite a la resistencia.

Marzo de 2009.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)