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Domingo, 20 Enero 2013 13:15

Poemas de Jorge Boccanera

Written by Jorge Boccanera

boccanerajorge

BESTIAS EN UN HOTEL DE PASO

Escalas del deseo para el rinoceronte,

gran cuerno de atizar.

Hay un ancla de huesos enterrada en un cielo

distinto al de los libros,

una historia de escamas y de plumas revueltas

en abrazos y vapores de júbilo.

La gran mole ladeada acomoda la verga, echa a

rodar su lágrima de polvo.

Peldaños del deseo para el que corcovea y

Respinga de gozo.

Racimo de pezuñas tachonadas al lomo de la

tierra.

Y en la noche del cuerpo: un tambor de jadeo,

selva de cañerías,

de dos que se despiertan dentro de un laberinto

y agitan sin desmayo sus perlas oxidadas, sus

armaduras tristes, sonajeros de fierro.

Llueven migas de pan cuando la hembra conversa:

"Desde éste, mi lugar, puedo ver la otra orilla".

Él, callado, contesta

que en dos patas es fácil olfatear ramas altas.

Y en el cuento infinito,

el cazador apunta a la cabeza de los sueños.

 

HABLAN LOS OJOS DE NAZIM, HIKMET

Sobre mi mano,

la mitad de una manzana brilla.

La otra mitad está sobre una mesa a miles de

kilómetros de aquí.

Es imposible morder esta mitad

sin que duela el vacío.

 

EL PELUQUERO

Asentaba navajas en un listón de cuero,

porque era su trabajo arrancarle a los rostros

sus animales muertos.

Hacía barba y bigote para el espejo atestado

de gente.

Su navaja pulía aquella superficie, rasuraba los

rostros del espejo y haciendo su trabajo,

¿afeitaba al espejo?

Era más chico que un tarro de gomina Brancato

mi abuelo,

pero una cabeza más alto que la muerte.

Invitaba al cliente sacudiendo una toalla

y el cliente ocupaba aquel sillón Dosetti de

madera y entraba en el espejo.

El estilista hablaba solamente con su tijera

y cuando ella por fin tenía la lengua desgajada

hacia un lado, el decía: "servido".

Mi abuelo maquillaba al espejo con estrellas de

Talco y usaba un pulcro saco blanco.

La muerte -que es prolija- le envidiaba su colección

de peines.

Un día la muerte, que hojeaba una revista deportiva,

dijo: "me toca a mí".

Y ocupó aquel sillón, despatarrada y con

un remolino en la cabeza.

"Tiene un pelo difícil", dijo sin voz mi abuelo.

Después, la muerte asentó su navaja y haciendo su

trabajo, ¿rasuraba al espejo?

El peluquero se marchó bajo un cielo cualquiera

con estrellas de talco.

El espejo se pasó la mano por la cara afeitada,

suave, como un recién nacido.

 

CUCHARA

Nace del verbo dar,

como si el corazón tuviera mango.

Está hecha de lo que le falta, Jamás

se guarda nada para sí.

Podría medir el mundo, acunarlo, transportar

su misterio, sus campanarios de agua de una orilla

a la otra.

Más humana que un perro.

Más a mano que Dios.

 

SERVICIOS DEL INSOMNIO

Apilo noches cada noche.

Paredones de sombra donde mi sombra reza, traga

un bocado, un ruido de hojas secas.

Es a destajo y es de mala gana.

Yo tuve otros trabajos. Eso está en otra historia.

Ahora dedicación, la vista baja.

Castigo de las manos, pena. Una sobre la otra,

apilo noches, de barro son, cuadradas.

Ahora dedicación, la paga escasa

Reseca es esta noche, hosca, de madres muertas.

Yo tuve otros empleos. Eso está en otro cuerpo.

Ahora dedicación, la lengua muda.

Soy el que apila noches toda la santa noche.

El que traslada escombros de una carta a la otra.

 

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)