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Viernes, 13 Mayo 2011 12:58

Otro tipo de cambio: Monterrey en la novela de Refugio Ruiz Díaz *

Written by Roberto Villarreal Sepúlveda

Cucu_Ruiz

Agradezco la confianza de Refugio Ruiz Díaz por invitarme a presentar su novela. Cuando me escribió por correo electrónico y me envió el libro, al comenzar a leer me di cuenta que estaría ante un relato que presentaría muchas lecturas porque el asunto policiaco estaba en sintonía con nuestro entorno político, social, económico con ramificaciones, implicaciones y reminiscencias. Entonces, sistemático como soy, preferí partir de las características de la novela negra para poder penetrar en ella y ahora compartir mis comentarios sobre un marco de referencia.

Si consideramos la definición general de novela negra, tenemos que es, dentro del género policiaco, aquel relato donde no importa tanto un crimen y su perpetrador, sino todo lo que sucede alrededor del mismo.

Ya no es la mujer que llegaba a la oficina del detective para pedir ayuda y terminar siendo, luego de muchos enredos, claves o pistas, la asesina o el accesorio para un asesinato. En "Otro tipo de cambio" tenemos a una mujer, de Monterrey, que pide a un hombre cualquiera, un ingeniero que vive en Piedras Negras y que fue su novio, que la ayude a resolver un crimen, el del contador de una casa de cambio cuya muerte parece un accidente simple debido a un robo, pero que ella piensa que tiene otras implicaciones. Además, era su pareja actual.

Tampoco es el cuarto de hotel o una zona delictuosa y oscura donde sucede el crimen. Estamos en la Colonia Anáhuac, en su parte residencial, con las viejas casonas que le dieron su status y gran gloria para las clases medias altas del norte de la ciudad, alrededor de los complejos industriales y cercana a la ciudad universitaria, donde ahora viven las viudas que rentan cuartos, como a la víctima en este caso, o han cedido parte de su residencia para algún negocio pequeño.

Y los objetos que dan lugar a la perdición, al atentado, ya no son joyas ni dinero sino un compact disc, una laptop, un teléfono celular que son las nuevas cajas fuertes donde se guardan datos, fotos, sonidos, y deben violarse con sus neocombinaciones: el password.

El investigador es un hombre común y corriente cuya cualidad principal es el sentido común, la intuición y la inteligencia suficiente para rodear conflictos. El crimen lo hará introducirse en submundos que siempre están paralelos a nuestra existencia pero que sólo tienen sustancia para quienes viven dentro de ellos. ¿Cómo sabemos que la persona que está a nuestro lado no sea narcotraficante o asesino? Esos espacios se harán visibles y tomarán otra dimensión para el lector que se enterará antes de media novela del asunto pero que deseará seguir adelante para "desenmarañar la maraña".

La construcción de los personajes.

Una gran cualidad de esta novela: pequeñas pistas, algunas frases, relaciones interpersonales, que permiten al lector conocer, por ejemplo, al Ing. Esteban Barrera, personaje principal, improvisado detective, dueño de "Montajes Cinco Manantiales" que ofrece instalaciones mecánicas y eléctricas, en la ciudad de Piedras Negras

Era un ingeniero capaz, de clara inteligencia, pero ya iba entendiendo que para los negocios, como para la política y toda otra actividad, existe un nivel de inteligencia óptimo. Por debajo de ese nivel no hay un desempeño satisfactorio; por encima el sujeto se impacienta, se aburre. Al salir de la Facultad había buscado y encontrado un buen empleo, pero no había durado mucho en él. Después de otras dos experiencias igualmente cortas e insatisfactorias, había concluído que no hay tonto más insoportable que el jefe, así que se decidió por abrir su propio negocio. Ahora sufría tantos jefes como clientes tenía y para colmo ganaba menos que cuando era empleado.

A la Sra. Elvira Tijerina, rentera de Adrián, el joven asesinado:

Como otras viudas con hijos ya casados, doña Elvira Tijerina había puesto en renta parte de su vivienda, en este caso un pequeño

departamento, separado de la casa y con su propia entrada. Ningún inquilino mejor que Adrián había tenido, como ella misma decía a sus hijas, a quienes desagradaba pensar que su madre arrendara parte de su casa. Las tres vivían ahora al sur de la ciudad, y con frecuencia le recomendaban vender la casa de la Anáhuac y mudarse allá. Pero con doña Elvira nunca habían podido; era aún tan independiente como en su juventud, y como siempre daba a todos más de lo que pedía a nadie, era una conversadora amena cuya compañía era constantemente requerida.

Al Lic. Jesús Alanís, quien fuera jefe de Adrián, gerente general de una Casa de Cambio donde hay carteles que hablan de Misión, Visión, Valores y tantas otras tonterías propiciadas por las universidades y empresas como si las palabras modificaran las acciones y la realidad circundante. Lo define gracias a su manera de vestir "ataviado, como era de esperarse, del capitán de una pujante empresa en crecimiento sostenido" y destaca que trae un reloj Reverso, del cual solamente se hicieron una cantidad limitada en el siglo XIX, con correa de cuero de cocodrilo y pluma de oro y laca verde en el bolsillo o indicando que vive en una casa que compró ventajosamente al ganador de la rifa de un sorteo universitario, muy cercano a nosotros en este momento.

De la misma manera conocemos al agente norteamericano, bueno, chicano, Frank González; al técnico Raúl Sanmiguel de combativo pasado; al gobernador de Morelos, Manuel Tejeda que lucró con los resultados económicos del Horario de Verano y otros asuntos; a don Arturo Leal, viejo personaje que vivió alrededor de la cultura regiomontana; entre otros más que son importantes y necesarios.

Otra característica de la novela negra: se nutre del momento histórico en que nace; es rápida en acción y la solución se alcanza en pocos días.

La acción sucede en noviembre del 2006: han pasado unas cuestionadas elecciones y ahora se está a punto de que ocurra el cambio de gobierno federal; es el momento en que las esperanzas de ascenso político son elevadas entre gobernadores y otras personalidades muy específicas, cuando el país ha pasado por un sexenio que fue de esperanza por la alternancia de partido pero que al término de éste ha dejado muchas dudas, quebrantos y desilusiones: no obstante, dicho partido se mantendrá en el poder. Entre naciones lo que se combate es al narcotráfico y al lavado del dinero. Todo sucede y se resuelve en un fin de semana.

Tendremos dos visiones particulares. De parte de un gobernador de Morelos:

Como el realista que era, Tejeda, al igual que otros priístas prominentes, sobre todo en los estados del norte, había concluído que el candidato presidencial de su partido no tenía posibilidades reales en las elecciones de 2006. Eso no lo preocupó demasiado; el presidente saliente ya había demostrado que en el PAN no existía la voluntad de desarmar las organizaciones delictivas de los priístas, ni de llamarlos a cuentas por su corrupción. No había nada que temer de un gobierno panista.

y la de un empresario corrupto:

Vaticinó que de la llamada transición política, ocurrida en el año 2000, no podía esperarse nada. Saldrían del gobierno muchos priístas mediocres y corruptos, que serían reemplazados por corruptos y mediocres de otros partidos. Pasar de un gobierno de priístas mexicanos a otro de mexicanos panistas, dijo entonces, era cambiar lo superficial.

O al hablar sobre la televisión, pasado nostálgico, presente desastroso:

Era difícil entender qué criterios empleaba entonces el duopolio mexicano de la televisión (ó mejor dicho, el que transmitía en México) para escoger a los que leían las noticias. Veinte ó treinta años atrás, bastaba una voz razonablemente entrenada y la cultura general obtenida al leer diariamente el periódico. Por abundantemente sabidos se callaban otros requisitos, como nunca decir nada contra el PRI ni, horror de horrores, contra el "señor presidente". Pero esos eran tiempos pasados. En el 2006 ya muchos periodistas, incluídos los más viejos, y que más habían hozado en la sumisión de la era priísta, engolaban como nunca antes sus voces y decían exactamente lo que pensaban. Si esos pensamientos coincidían con los del dueño de la estación, del alcalde, del gobernador, de ninguna manera se trataba de la antigua autocensura, sino de la novedosa convergencia ideológica.

La descripción de ambientes resulta fundamental y exige al autor una planificación previa a la escritura.Es novela urbana, social y realista por antonomasia.

Hay todo un camino que inicia en el norte coahuilense (hasta la mención del tabloide desorbitado El pavoroso caso que se publica en Piedras Negras), pasa por Monclova, para llegar al centro neoleonés, escenario principal, y luego continuar con la esperanza de tranquilidad en el oriente tamaulipeco. La descripción de los paisajes carreteros y la vida que está sucediendo en ellos (el personaje ayuda a un grupo de personas que han quedado varadas en su afán por alcanzar la frontera norteamericana). La novela permite, entonces, múltiples lecturas. Como crónica urbana hay descripción de calles (habla de trayectos y un lector de Monterrey reconocerá la exactitud de orientaciones), arquitectura (los edificios, las casas de diferentes sectores, el Mesón Estrella, los nuevos centros comerciales), costumbres (comida, reuniones en bares, hábitos de trabajo).

Los tacos colorados: una tortilla de maíz enchilada y frita, pero cuyo contenido era un misterio, aún para sus adictos". Se les podía conseguir cerca del antiguo Palacio Federal, y también por Madero: al oriente con Carvajal y de la Cueva, y al poniente, en su esquina con Rayón.

Y lo cotidiano actual

Arrancó y siguió su camino al sur, hacia San Pedro, para lo que tenía que atravesar buena parte de la ciudad, desde el norte industrial, lleno de hileras de galerones de block de concreto y techo de lámina, cruzando por colonias de clase media, cuya original y arbolada paz se veía ahora trastornada por el tránsito atraído por las oficinas y despachos en que se habían convertido las casas familiares de los cincuentas y los sesentas del siglo anterior.

Le había tomado casi tres cuartos de hora llegar por fin al otro lado de la Loma Larga.

La descripción de diversas clases sociales en Monterrey nos permite otra lectura para establecer su desarrollo y la manera de ser de los regiomontanos dependiendo de sus extracciones: Ya sea a través del clasemediero Raúl Sanmiguel o un "naco venido a más, con poder" como el caso de un funcionario de la procuraduría, pero es muy significativo cómo habla del nuevo rico, tan usual y desparramado en este Monterrey nuestro, como en este diálogo del ostentoso Alanís con su cocinera:

-Al niño lo invitó un vecinito de la otra cuadra, lo llevó Jatziri.-

-¿Hot City?- El licenciado no acababa de adaptarse a los nombres de moda. No sabía si lo eran de personas ó de medicinas. Reaccionó y le hizo a la cocinera una seña para que continuara.

-La niña está arriba con unas amiguitas, haciendo la tarea en el cuarto de la tele, y la señora anda en la merienda de sus compañeras del Mexicano.

-¿Eso no era ayer?.

-No, ayer le tocó círculo de oración, hoy es la merienda del Colegio. Dijo que si usted quería que le trajera sushi le hablara al celular.

-Voy a cambiarme. Si vuelve a llamar le dices que fui al Club de Tobi.

La fuerza de los diálogos. Cuando hablan, los personajes deben utilizar la jerga precisa, sin abusar, con palabras claves, pero sin caer en un lenguaje incomprensible y cambiante.

Según el ambiente en que se mueve, el Ing. Barrera va escuchando y el novelista va atrapando y utilizando la palabra adecuada, la definición o el dicho que es costumbre. Así se encuentran frases afortunadas e ingeniosas:

"Por mi raza hablará el polietileno"

"En este país donde termina la carne asada empieza la indigestión"

"Martha Stewart con esteroides, llamaban algunos a ese estilo de decoración".

"El jefe de Godínez se apellida Canales: Le decían El Centauro porque era mitad cabrón y mitad hijo de la chingada".

"Es mundialmente famoso en el DF"

"El primero que llamó hueso a un puesto público sabía lo que decía; es imposible roer y gruñir al mismo tiempo."

También se usan muchas siglas inventadas para agencias y puestos de las corporaciones gringas dedicadas a combatir el narcotráfico:

TFSA (Task Force Special Agent) que el autor escribe en español: Agente especial de fuerza de tarea; el jefe de la MRO (Monterrey Resident Ofice); EPIC (El Paso Intelligence Center).

Por otro lado está el lenguaje técnico: se habla de "goniometría", frecuencias de radio, las celdas de los celulares, antenas de recepción, la explicación del "911" norteamericano, el "lebensraum" como espacio vital; hay una docta explicación de cómo se lava el dinero y que aquí uno encuentra como un añadido extra.

Pueden notar que he dejado de lado descripciones o cuestiones alrededor de la intriga policiaca o la investigación de Barrera, pero esto es, al final de cuentas, el hilo conductor, básico, que va llevando al lector hasta una conclusión satisfactoria de esta novela negra que atrapa por todos los elementos que les he mencionado. Refugio Ruiz Díaz tiene un gran sentido de observación (no en balde es un químico eminente) y sabe plasmarlo; maneja la prosa de manera sutil y fluida (se nota que ha sido lector atento); no deja cabos sueltos y sorprende con el desarrollo de personajes hasta llevarlos a un final que tiene que ser inesperado y sorprendente, pero eso no se los puedo revelar sino que queda como tarea obligatoria hasta que lleguen al punto final de una espléndida novela, una puntualizada crónica urbana donde se muestra una gran pasión y admiración por Monterrey, un desolador panorama político-económico que no nos suelta y ha continuado creciendo desde ese 2006 de transición, que nos plantea e interpreta la realidad social para que, como lectores, tengamos la posibilidad de identificarnos porque finalmente estos hechos son universales.

* Texto leído en la presentación de Otro tipo de Cambio, en el marco de la feria del libro del Tecnológico de Monterrey. Octubre de 2009.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)