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Martes, 04 Enero 2011 21:10

Escritores de Nuevo León *

Written by Rogelio Flores de la Luz

 

 
El prólogo de Xardiel Padilla menciona "25 instantáneas", en realidad se trata de 50 instantáneas, 15 mujeres y 35 hombres. Y si de números se trata, cabe entonces señalar que de los 32 escritores y escritoras que proporcionan en su currículo la fecha de su nacimiento, 4 nacieron en la década de los cuarenta; 7 en los cincuenta; 16 en los sesenta; 3 en los setenta y 2 en la década de los ochenta. El llamado boom de la literatura regiomontana en la década de los ochenta, coincide con el arribo a la literatura de los nacidos en la década de los sesenta; al concluir el 2010 tendrán alrededor de tres décadas en el campo literario de Nuevo León.
¿Me sabes algo o me lo dices al tanteo?

Más acá de la escritura está el autor, a veces como testigo, distante, o más o menos omnisciente, asoma en el texto como una sombra que las palabras arrojan cuando el lector las lee. Mérito de Héctor Alvarado es alumbrar por unos instantes los espacios diversos donde habita la imaginación de 50 escritores de Nuevo León para entrever que el león no es como lo pintan, ¿o si? Cada entrevista es distinta, y aunque en algunos casos alguna pregunta se repita, no es una encuesta y quizá se trata de una invasión disfrazada como visita rápida.

Las preguntas están formuladas, afortunadamente para el lector, por un escritor que comparte obsesiones con los autores, y constituyen en parte, los dilemas que casi todo escritor enfrenta cuando se trata de crear. En algunos casos, Alvarado funge como cómplice del entrevistado, respetando ciertas zonas de la vida personal o íntima. Hay un sabio refrán popular que dice de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco. Quizá habría que reformularlo para esta ocasión diciendo de músico, poeta y loco, todos los escritores tienen un mucho... salvo excepciones.

En la mayoría de las respuestas destaca la ironía o el humor, y en algunos casos la entrevista se torna un juego de palabras entre la ambigüedad y la confesión enmascarada. Las preguntas indagan el quehacer literario de los escritores, pero también escarban en su individualidad, es decir en la imagen que los autores se han construido de sí mismos. Sin duda las instantáneas contribuyen en la construcción de "mitos" en torno a los escritores o de algún escritor.

Los panteones literarios

La pregunta sobre los autores u obras más frecuentados por escritores entrevistados, está formulada de distinta manera, pero se refiere a quienes son los escritores más significativos para los entrevistados, por el motivo o razón que sea. Lo primero que resalta es la diversidad... hasta cierto punto. El autor que mayor número de menciones tiene es Miguel de Cervantes. Es por demás evidente que todo escritor, cuya lengua materna sea el español, debe quemar incienso ante Cervantes... o el Quijote. Esto tiene que ver con el lugar de honor (prestigio) que ocupa Cervantes en la Literatura Universal occidental, compartido quizá por dos o tres autores considerados monstruos sagrados de la literatura, además de que se dice que están entre los más leídos (sin contar a los bestselleristas, off course). El hecho es que sólidos prestigios académicos o intelectuales se han hecho demostrando una y otra vez, la grandeza indiscutible de estos autores. Por lo tanto, Cervantes no podría faltar en el panteón literario de los que aspiran a ser reconocidos por los inefables académicos, la burocracia cultural gubernamental y los despiadados críticos que habitan algunos suplementos culturales, revistas y consejos de editoriales. Comparten el segundo sitio Dante Alighieri y Juan Rulfo, y no sé ustedes pero yo veo algo común entre ambos: el asunto de los muertos. relacionado con la condenación, la culpa, el castigo, el infierno. Asunto y temas que son parte importante de nuestra cultura popular o no. En el tercer sitio aparecen Octavio Paz y Jorge Luis Borges. Ambos muy admirados literariamente por unos y políticamente abominados por otros. Sin embargo, estos autores han influido fuertemente el campo literario con sus sugestivas concepciones de la literatura y, por ende, del mundo. El cuarto sitio lo comparte Gabriel García Márquez con La Biblia. Y siguiendo con proponer lo que tienen en común, diría que el llamado realismo mágico, lo cual me llevaría a demostrar que el realismo mágico se lo copió García Márquez de la Biblia y nomás lo adaptó a su terruño, y como no quiero hacer tal cosa, me retracto de lo anterior. Ni modos.

Atrás de estos consagrados vienen los grandes escritores de culto, suicidas y "enfermos", deliciosos banquetes para la glotonería psicoanalítica y los adeptos al electroshock: Plath, Woolf, Pizarnik, Joyce, Dostoievski, Pessoa. Además de Paz y Rulfo, otros mexicanos son mencionados: López Velarde, Villaurrutia, Sor Juana Inés de la Cruz, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Coral Bracho, Eduardo Lizalde, Sergio Pitol, José Agustín, Jorge Cuesta, Jorge Ibarguengoitia, Pita Amor, José Revueltas. Escritores de Nuevo León mencionados sin ironía de por medio: Héctor Alvarado, José Eugenio Sánchez, Felipe Guerra Castro y Oscar David López.

¿Y dónde quedó la Tradición Literaria?

Las respuestas que tienen que ver con la tradición literaria son diversas, pero tienen en común que de una o otra forma reconocen una Tradición (esa que se escribe con mayúsculas y en negritas), aunque resulta algo abstracto y ninguno de los entrevistados deja en claro a qué tradición se refiere. Cristina Rivera Garza nos deja entrever que hay más de una tradición; ¿será que cada escritor tiene una versión propia de la tradición literaria? El hecho es que no se niega o rechaza rotundamente la Tradición literaria, sea lo que sea lo que entiendan por tradición: o se expresan con cierto respeto (saberla bien y luego "distancia crítica"), o con cautela diplomática ("ruptura tradicional").

Al parecer se entiende que inscribirse claramente en una tradición literaria trae consigo pérdida de originalidad. A la pregunta de si se siente parte de una tradición, Jeannette L Clariond responde que cada escritor debe pertenecer a una tradición, pero debe salir de ella y regresar con una voz propia. Sin embargo, concluye diciendo que cree más en la posibilidad de que cada poeta establezca su propio canon. Dulce María González no tiene problema para decir que se inscribe en la tradición de la literatura occidental... ni más ni menos. Uno se pregunta cómo le haría Dulce, si tomara el consejo de J L Clariond, para salirse de la tradición literaria occidental ( ¿y a adónde iría?) y luego regresar con su propio canon literario.

Con las influencias sucede algo similar que con la Tradición literaria. Existen, pero no se dice claramente cuales son cuando se trata de estilo o recursos literarios, plagios dirían algunos malintencionados. Las influencias que se mencionan señalan a autores u obras admiradas, ya sea por su prestigio literario o por el placer que la lectura de ellas les ha proporcionado. Luis Javier Alvarado nombra como sus influencias a dos de los poetas que más han influido a los jóvenes de distintas décadas en su actitud hacia la poesía: Baudelaire y Rimbaud. Mario Anteo se ubica entre Joyce y Beckett. Luis Valdez menciona a Ibarguengoitia, Poncela y Woody Allen. Solamente Rosaura Barahona mencionará claramente en que consistió la influencia recibida de Pedro Reyes Velásquez: rigor por la claridad y sencillez en la prosa. Otros escritores aceptaran que tienen muchas y variadas influencias, pero no mencionan nombres.

En relación a pertenecer o no a una generación literaria, la mayoría de los entrevistados no se reconocen como parte de alguna generación literaria. Pero la cosa cambia cuando se trata de reconocerse parte de una generación en términos amplios, cultural. SI bien son renuentes a señalar influencias literarias, una parte importante expresa estar influido por la cultura audio visual. José Eugenio Sánchez señala lo que tienen de similar la generación de la que se siente parte: la información, el rock, la tecnología y la diversidad. Iván Trejo menciona a la música y el cine. La música y junto a ella el cine y el vestuario se convirtieron en los vehículos más importantes del cambio cultural, de masas, en la época contemporánea. Si algo dejan en claro las entrevistas a los escritores de Nuevo León, es la importancia fundamental que para ellos tiene la música y el cine. Y si de espacios donde los escritores se encuentran y desencuentran, Dulce María González menciona algunos de los más significativos: La Facultad de Filosofía y Letras, el Centro de Escritores (Conarte) y las cantinas. Otro espacio que ha cobrado gran importancia en la última década y tiende a revolucionar la vida cultural: el ciberespacio, los blogs y redes sociales, las revistas culturales electrónicas.

La vida cultural, la crítica y el lector

Por supuesto, hay escritores que ni se reconocen como parte de una generación de ningún tipo, o no participan en la vida cultural y/o relegan o niegan al lector. La divisa de estos escritores parece ser La Literatura Soy Yo y Mis Obsesiones Literarias.

Respecto a los lectores, hay quien los busca, es decir los convoca a través de la escritura (Toscana y Parra); los desean o imaginan (Dulce M. González, Valdés, Mendiola, Cuéllar, Anteo); pero hay también quien los relega, o de plano los ignora (Kullick, Montes, Ruiz, J. J. Villarreal, Covarrubias, M. M. Villarreal); y pocos intentan perturbarlo (Jiménez y Elizondo). El hecho es que Toscana y Parra han logrado publicar sus obras en empresas editoriales comerciales y sobrevivir en ese medio donde los lectores tienen una importancia primordial. Otros han publicado alguna obra, pero no han logrado continuidad y la mayoría de sus obras se han publicado en editoriales no precisamente comerciales, donde el lector importa pero no es vital o determinante. Conste que aquí no se trata de un hecho que estrictamente se remita al valor literario de las obras, pero sin duda algo tiene que ver.

La critica literaria es vista por los autores como un mal necesario. Luis Aguilar ve a la critica como la posibilidad de avanzar. Parra procura aprender de la crítica objetiva. Hay quien sufre por la críticas (Clariond, Laurent, Galindo). Otros la soportan (Nuncio, Zambrano). También hay masoquistas que la buscan, pero seria y fundamentada (Trejo). Belmonte y José Javier Villarreal son de los que consideran a la critica como fundamental.

La mayoría de los escritores y escritoras entrevistados participan en la vida cultural, pero solo algunos consideran que tiene cierta importancia más allá de la necesaria convivencia entre gente con el mismo oficio. Los hay interesados como Alanís y apasionados por la grilla literaria como Parra.

En las Imágenes brindadas por Héctor Alvarado, el lector podrá encontrar otros temas de interés que aquí no se comentan: las obsesiones en la ardua tarea de corregir los textos, la locura en los escritores, las manías, etc. Pero quizá lo más importante de las Imágenes es que se trata de un libro que combina lo divertido con lo serio, y que expresa parte de lo que son o quieren ser los escritores de Nuevo León.

En la manufactura del libro sobresale el diseño editorial. El cuidado de la edición presenta fallas en la compaginación hojas repetidas, y alguna falla en la impresión. Así mismo, no aparece el nombre, o nombres, de quien tomó las fotografías de los escritores, y es lamentable porque se trata de un trabajo muy bueno merecedor del crédito correspondiente.

*Alvarado, Héctor, Entrevistas. Instantáneas con escritores de Nuevo León, Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, N. L. 2010.

Cuidado de la edición a cargo de Jessica Nieto y Zacarías Jiménez. Diseño editorial de Elena Herrera. Tiraje de 1 500 ejemplares.