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Jueves, 10 Abril 2008 01:00

Tiempo de canallas

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Su gestus es inconfundible. Son expertos en la mentira, el autoengaño y la simulación, pero malísimos actores que no convencen sino a los muy adoctrinados o a los muy allegados. Los muy bien vendidos, conversos de última hora que en otros tiempos se decían de izquierda o liberal-humanistas, saben de qué se trata, no se chupan el dedo y cobran bien su función de ideólogos a la carta. Gramsci los llamaba intelectuales orgánicos, yo les digo intelectuales Salchichitas. Tienen una tradición larga, de siglos, en la academia, los cenáculos culturales, las editoriales y las revistas. Los que son hechura de última hora se dedican a la información (frecuentemente a la desinformación y la manipulación) y los debates acotaditos en los periódicos, la radio y la televisión. Ellos se creen jueces, sacerdotes y hasta siquiatras de personajes públicos, siempre y cuando no se trate de los dueños que los contratan y pagan. El muñeco jamás podrá hacer el papel del ventrílocuo, y viceversa. Son los periodistas Popcorn, que abundan en la mayoría de los medios de comunicación. Ellos y los intelectuales Salchichitas, son los ideólogos del más acá.

Por otra parte, están los ideólogos del más allá, los profesionales de la teología que trafican con quien se deja o acude a ellos en busca de protección o salvación. Suelen codearse con políticos del establishment, con grandes empresarios y, últimamente, con narcos que dejan su limosna para la causa del Señor. Algunos son famosos por su inclinación pederasta, otros por encubridores y otros porque quieren volver a la época del Santo Oficio.

Los que simulan impartir justicia terrenal, son los lenones de la ley. Van travestidos y forman parte del desfile carnavalesco, del perverso divertimento de los ciudadanos que, jubilosos e indignados, les jalonean las togas y los birretes, las tangas y los ligueros, hasta dejarlos en plena plaza pública, desmaquillados, desnudos y apabullados.

Y claro, proliferan los partidos y los políticos que confunden la Cosa Pública con un prostíbulo; la economía del país con la cueva de Alí Babá y sus cuarenta ladrones. Hay tal vacuidad en el cerebro de la mayoría de los políticos y en las estructuras de los partidos, que ya no hay principios ideológicos: sólo hay prebendas y alquiler de siglas. Ya no hay movilizaciones sociales: sólo hay spots y curules; sobre todo obediencia y genuflexiones ante el Príncipe en turno.

Pero los campeones, los mandamases, son los hombres y las mujeres del Big Business; habitantes de la pirámide que tiene su base en las cuentas bancarias de millones de dólares. En la punta se encuentra el santuario de la religión que propaga la revista Forbes. Son los hombres y mujeres de la casta dorada del capitalismo que se expande mediante la depredación y la usura, oficiantes del pecado capital de la avaricia.

Los intelectuales Salchichitas, los periodistas Popcorn, los ideólogos con sotana, los jueces lenones, los políticos alquilones, los hombres de Forbes: son los personajes de un batidillo de esperpento, farsa y comedia de equivocaciones en una trama de intereses, intrigas, ilusiones, fantasías y moralinas del amplio segmento social de las derechas.

En México, vivimos un tiempo de canallas.