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Miércoles, 02 Abril 2008 00:00

La lucha de la memoria contra el olvido

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El asunto no se nos debe olvidar, no podemos negarlo, simular que nada sucede o que es tema de un día, que pasa de moda. No podemos ignorarlo. El asunto de los sacerdotes-pederastas que aborda Sanjuana Martínez en sus libros (uno de ellos prologado por el obispo Raúl Vera) y ha tratado en diversos reportajes, además de ser un candente tema periodístico y de las instituciones de poder (iglesias, medios de información, gobiernos, partidos políticos, Suprema Corte de Justicia…) también es un tema escabroso de la literatura. Ojalá sea incluido como tema central en el Encuentro Internacional de Escritores a celebrarse en Octubre de 2008 y que llevará por título Literatura y Sexo. De manera que pregonar que las empresas privadas (así en abstracto) pueden hacer lo que les venga en gana con su personal y sus productos, es aceptar la cultura que durante siglos han querido imponer los fundamentalistas del mercado y hoy han llevado a la categoría de religión con su simplista visión del mundo.

Es obvio que un periódico, una universidad, una productora de películas, una agrupación teatral o la editorial Anagrama no producen cosas semejantes a refrigeradores, cervezas, automóviles o patines del diablo para los chicos. Si hay quiénes protestan (existe un Instituto del Consumidor) por la mala calidad de refrigeradores, automóviles, patines del diablo y la publicidad misógina que vende cervezas, ¿por que no protestar contra malos periódicos y universidades que, por sobre la libertad de expresión, privilegian el castigo y la vigilancia? Es obvio que sus productos (información y educación) son mucho más delicados y trascendentes para la sociedad y los individuos.

Según los intereses económicos, la lógica jurídica y la ideología empresarial nada hay que decir ni exigir cuando se expulsan profesoras de la UdeM porque en el campus abren el debate sobre el “terrible e inmoral” tema del feminismo. Nada hay que decir si los dueños-Legionarios de Cristo avasallan y castran la libertad de pensamiento de profesores y estudiantes y por ende la investigación libre, la diversidad cultural y la lectura de libros y autores señalados en el Index Prohibitorum. La reciente censura al obispo Raúl Vera en la UdeM no es cualquier cosa. La cancelación en Milenio de la columna de Sanjuana Martínez no es asunto menor puesto que en las dos decisiones hay nexos con las fuerzas derechistas que quieren hacer de Nuevo León una parroquia grande habitada por gente asustada, sumisa y conformista.

Me parece que si los escritores, artistas e intelectuales aceptamos esta ideología conservadora resumida en el lema Familia, Orden y Trabajo, que huele a naftalina y medioevo, estamos aceptando los Diktats autoritarios y dejando que el totalitarismo se instale no sólo en la macrofísica del poder (instituciones jurídicas, partidos políticos , iglesias, medios de comunicación, universidades, campo cultural, ámbito deportivo… ) sino también en la microfísica del poder (Michel Foucault dixit) que abarca la vida cotidiana, el divertimento, el espacio de trabajo, el paseo urbano, la catarsis en el antro y hasta las privadísimas costumbres de alcoba.

En esta perspectiva, la cancelación de la columna de Sanjuana en Milenio y la censura de la entrevista del obispo Raúl Vera en la radio de la Universidad de Monterrey, es un mal síntoma. Si no surge y se difunde la información libre y la crítica de los ciudadanos, ¿qué sigue? ¿Toque de queda en toda el área metropolitana, después de las 11 de la noche? ¿Proliferarán los muros mentales y los ghettos culturales? Pensando en esto me vienen a la memoria los famosos versos de Bertolt Brecht que escribió en la época del silencio y el miedo que propició el nazismo y consumó el desastre de Alemania y el horror en el mundo.

Juego con su sentido y me doy la libertad de parafrasearlo así:

Primero violaron a unos niños

Pero como no eran mis hijos

No me importó.

Despidieron a una periodista que investigó y denunció a los pederastas

Pero como no soy periodista

No me importó.

Los jueces al servicio del poder exoneraron a los violadores

Pero como no participo en política

No me importó.

Luego supe que estaban implicados algunos sacerdotes

Que fueron encubiertos por Cardenales y Obispos

Que el Papa volteó hacia otro lado, como si la virgen le hablara

Pero como no soy católico ni ateo ni musulmán

No me importó.

Luego supe que en el colegio de los Legionarios

Violaron al hijo pequeño de un amigo

Me puse nervioso

Y quise saber un poco.

Ahora están golpeando a la puerta de mi casa

Mis hijos tienen miedo

Pero ya es demasiado tarde.