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Miércoles, 05 Marzo 2008 00:00

Calderón y Mouriño: atrapados y sin salida

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Cuando se infla demasiado un personaje político que no posee los conocimientos ni los tamaños para demostrar que tiene talento, termina por reventar como un globo al que se pincha con un alfiler. Eso ha sucedido con el yupi-la maravilla presidenciable que Felipe Calderón nombró recientemente como secretario de Gobernación. Ya desde las sombras del equipo calderonista, que no es precisamente brillante –diríamos que en cuestiones políticas bastante torpe (¿será que la derecha panista sabe hacer negocios con el erario pero no sabe gobernar?)–, el chico galán parecía uno de esos típicos juniors ambiciosos que mezclan servicio público con negocios privados, confunden la imagen del político con el glamour y las fotografías de revistas del corazón y de la fatuidad de los ricos y célebres exhibicionistas.

El pinchazo al inflado globo calderoniano vino de un dossier presentado por López Obrador a los diputados del FAP, en el que se documentan tráfico de influencias de Juan Camilo Mouriño a favor de los negocios de su familia. La misma triste y vieja historia de corrupción y uso fraudulento del puesto público para enriquecerse y favorecer a los allegados. El contundente alfiler del Peje y los suyos salió a relucir en el timing preciso, en el contexto del anuncio de las medidas de resistencia contra la privatización de PEMEX que pretenden (¿o pretendían?) cocinar tras bambalinas Felipe y sus alegres compadres y amigos. La maniobra política ha sido de tal maestría que hasta el PRI se ha sumado a la investigación contra posibles ilícitos perpetrados en el pasado reciente por el galán que a veces es español y a veces mexicano.

Los medios que en un principio cubrieron con una cortina de humo la entrega del dossier al diputado del PRD Javier González, regodeándose amarillistamente con el connato de violencia más verbal que física protagonizado por un grupúsculo del PRD, han tenido que aceptar la evidencia y la importancia de la acusación contra el principal funcionario del régimen, supuesto negociador principal en la reforma energética que tiene al país en vilo.

Todo indica que los documentos firmados por el todavía secretario de Gobernación son auténticos e irrefutables, sujetos a investigación. Puede ser que en la indagación los diputados y senadores se topen con alguna otra evidencia de la depredación. Mientras tanto Felipe Calderón y Juan Camilo Mouriño están contra la espada y la pared. Los términos del debate y el conflicto en torno a la reforma energética adquieren una dimensión dramática, un toque donde se pone bajo sospecha la estrategia gubernamental que se guía por mentiras impúdicas, verdades a medias, el fundamentalismo del mercado y el culto a los negocios privados, así sea a costa de la riqueza nacional y la transparencia democrática.

Es posible que, para desgracia del club de sus admiradores (as), los días del joven Mouriño en Gobernación estén contados. Es posible que ante tal exhibida pierdan credibilidad los spots propagandísticos en torno al asunto PEMEX. Lo cierto es que López Obrador y el FAP adquieren fuerza, credibilidad y presencia en espacios mediáticos; por lo pronto cohesiona las tribus del PRD en la víspera de su elección interna, introduce la división en el PRI y exhibe al PAN como el partido de las virtudes privadas y los vicios públicos, como el partido de la nulidad gubernamental. Bueno, el dossier sobre el Caso Mouriño que hizo público López Obrador ha puesto de acuerdo a intelectuales tan diferentes como Carlos Monsiváis, Lorenzo Meyer, Enrique Krauze y Hector Aguilar Camín. Con sus matices, pero los cuatro coinciden en que es necesario investigar la función pública del secretario de Gobernación.

Felipe Calderón y Juan Camilo Mouriño están atrapados… y sin salida.