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Jueves, 14 Febrero 2008 00:00

Petróleo: las cartas están echadas

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La agitación, los conflictos y las contradicciones crecen en la Républica. La derecha con sus intereses económicos como bandera, su pobre concepción de la modernidad y sus mañas clandestinas y mediáticas, apoyándose en la magia y el juego de manos apuesta por el regreso al pasado, juega sus cartas por la privatización del petróleo. Felipe Calderón y sus aliados, con el galán y guardaespaldas Mouriño como Secretario Nice, no saben que hacer, simulan, se contradicen, engañan y se autoengañan, están al borde de un ataque de nervios y entran en la histeria queriendo borrar la historia, la memoria colectiva de la gesta política y popular que encabezó Lázaro Cárdenas cuando nacionalizó la industria petrolera.

Y no es para menos: al otro lado de la mesa juegan sus cartas El Peje y sus aliados, y esta vez no se le puede desaforar del juego o hacerle trampa, menos ahora que impone el ritmo de la agenda , invita puros y cigarrillos y paga los tragos. Incluso llama a los chicos y chicas de la tele, la radio y los periódicos para que lo vean jugar, para que den fe si Felipe hace trampa dando manotazos en la mesa, apuntando con la pistola o sacando un As debajo de la manga. En caso de que así sea, hay muchos amigos mirones que han pagado por ver y otros prestos a la acción, a la protesta, a la paralización del país.

En la memoria de los jugadores está muy fresco el juego del fraude del 2 de julio del 2006. Uno sabe que ganó a la mala; otro que le despojaron el triunfo. En el ánimo de los ciudadanos que ven cómo se echan las cartas crece una sensación de despojo, la certeza cada vez más generalizada que vivimos en el reino de la impunidad, el cretinismo y la incapacidad política que exhiben las distintas derechas en el poder.

En el PRI sus militantes padecen esquizofrenia. Sus dirigentes están y no están en el juego, son y no son hombres del minipresidente. En el PAN padecen el espíritu de cuerpo propio de las estructuras militares y las sectas religiosas; los atacó el virus de la cargada que inventaron los priístas en la era del Partido de Estado, y como carecen de pensamiento complejo porque son simples a la hora de razonar, se atienen a la ideología del Pensamiento Único del Mercado.

En el PRD el juego peligroso los une en torno al Peje, dejan sus diferencias para después y hasta el hijo del Tata se pone los guantes y entrena en la perilla (sus correligionarios hacen boxeo de sombras) listo para tomar la calle y llamar a sus huestes en defensa de la propiedad nacional del petróleo. Bueno, hasta el discreto subcomandante Marcos reflexiona, enciende su pipa y calcula, táctica y estratégicamente, sobre la conveniencia de entrarle a la movilización al lado de El Peje y Cuauhtémoc Cárdenas, codo con codo porque, como buen matemático y dialéctico, sabe que dos son más que uno y tres más que dos.

Mientras el juego de cartas se enrarece y se tensa, los académicos, los periodistas, los artistas y los intelectuales se dividen: saben que hay que tomar posición en el juego. Unos apuestan por el conservadurismo-modernólatra (¡pavorosa contradicción!) de la derecha; otros por un cambio por la izquierda, con todo lo que esto significa de incertidumbre y experiencia nueva.

El juego electoral del 2 de julio de 2006, fue la primera llamada. El juego por el petróleo es la segunda llamada, antes que las contradicciones se agudicen, antes que suene la tercera llamada del fascinante teatro de operaciones del 2010. México es un país de ritos y ceremoniales, país de ajustes radicales cuando las cosas ya no dan para más. Así inició la lucha de Independencia en 1810. Así estalló la Revolución en 1910. ¿Qué sucederá en el 2010? ¿Llevaremos la fiesta en paz o habrá guerra civil? ¿Se iniciará otro país más justo, libre y democrático? Lo seguro es que México no aguanta otros cien años de soledad.