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Jueves, 22 Noviembre 2007 00:00

¿Por quién doblan las campanas?

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Doce minutos de campaneo llamando a misa son demasiados. Más que aplicar el reglamento eclesiástico sobre el uso del campanario, es un abuso, una provocación contra El Peje y sus correligionarios y simpatizantes anatematizados como ciudadanos peligrosos para México, adversarios del Cardenal, de las instituciones y enemigos del presidente impugnado. Doce minutos de campaneo en la catedral de México, en el mero corazón político e histórico de la nación, cuando uno de los dos presidentes, el llamado por sus huestes “Presidente Legítimo”, rendía su informe y presentaba su programa para la defensa del petróleo y la economía nacional es, desde donde se le vea, una provocación.

¿No se han dado cuenta los funcionarios de la alta jerarquía católica que desde el 2 de julio del 2006 los demonios andan sueltos en este país? ¿No saben que el proceso hacia la democracia pende de un hilo? ¿Que la violencia social está a flor de piel? ¿Están los jefes de la iglesia católica dispuestos a jugar el papel de cómplices y aliados del poder represivo como lo hicieron en el pasado negociando con la extrema derecha, es decir, con Hitler, Franco y Pinochet? ¿Las campanas por quién doblan, a quién llaman? ¿A misa? ¿A la acción violenta de quienes escuchan a sus líderes políticos en el ágora? ¿Se trata de reeditar la guerra santa medieval, la guerra cristera mexicana, el linchamiento de estudiantes en Canoas, Puebla?

Cuando se acumulan las contradicciones y el bloque en el poder pierde legitimidad y consenso, las sociedades se polarizan, se dividen entre los que llaman histéricamente a la represión y los que buscan la transformación por la vía de la insurrección pacífica… o violenta. Desde la madrugada del fraude electoral del 2006, México se ha dividido aún más de lo que ya estaba. Y la fractura se agranda, abarca todas las instituciones, toca todo lo que aparece como visible (y lo que no se ve) en los medios masivos de comunicación, y en el México profundo que sale con más frecuencia a la escena política.

Entonces ¿para qué doblar las campanas durante doce minutos cuando los adversarios del poder tienen su concentración en el Zócalo? Porque no hay duda que el alto clero juega sus fichas políticas en el lado del tablero donde juegan los poderes fácticos, los partidos y los medios de comunicación que colaboraron con el fraude electoral y ahora simulan que no pasa nada o hacen como que la virgen les habla.

En el mundo profano hay demonios represivos y hay demonios libertarios, demonios que saben jugar a la democracia y demonios que están acostumbrados a dar y recibir órdenes. Las dos bandas demoníacas andan sueltas. ¿Para que entonces cometer la estupidez de provocar con doce minutos de campaneo a los demonios insurrectos que se saben y se sienten agraviados porque les robaron la presidencia? Si a esto le agregamos que los representantes de Dios en la tierra también los acosan, hay entonces una bomba de tiempo a punto de encenderse en la República Mexicana.

Los demonios andan sueltos, la alta burocracia católica es golpeadora, provocadora. Y tan sencillo que sería poner en práctica las sabias palabras del hombre de Galilea al que supuestamente adoran y en su nombre evangelizan y predican: “Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. La debacle empieza cuando confunden los negocios de Dios con los negocios del César. Cuando los intereses del clero y los del Capital global se mezclan y se confunden, queda claro que el reino de Dios sí es de este mundo.