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Jueves, 27 Septiembre 2007 01:00

Las aventuras del Frankestein de la derecha

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(Polvos de Foxilandia, lodos del Rancho Grande)

Son los lodos de la polvareda en Foxilandia. Aquel país sexenal de maravillas y ficciones construido por el Frankestein de la derecha que se movía torpemente con su enorme estatura, cabeza confusa, espíritu católico conservador exhibido el primer día en la mismísima Cámara de Diputados de una República laica; corazón agitado por el amor rosa de telenovela barata, la bendición papal y la venta del alma en el trueque de la avaricia y el pecado de la impúdica concentración de capital.

Ahora, como tartufos fuera de tiempo y de escena, esa derecha, sus propagandistas, los ingenuos del voto útil y los entusiastas de la “transición democrática” que llevaron a Fox y la señora Marta a la presidencia, se dicen escandalizados por la estupidez mental, la torpeza y la mediocridad que exhibe la ex pareja presidencial en su ya famoso rancho de 311 mil pesos.

¿No sabían los politólogos, los psicólogos sociales, los sociólogos, los periodistas de la derecha y no pocos de la izquierda que se fueron con la finta del “voto útil” y el beneficio de la duda, cuál era la “concepción del mundo” (concedamos que la tiene) del Príncipe Guapo de Foxilandia cuando se jactaba de que su reino era “de empresarios y para empresarios”? ¿No detectaron los focos rojos de las alarmas cuando hacía gala de ser un próspero ranchero y un eficiente gerente de la Coca Cola? ¿Cuando hacía alarde, como buen macho mexicano, valiente y bragado, que sacaría de Los Pinos y a patadas a las víboras prietas del PRI, empezando con el “mariquita” Labastida (así lo llamaba en campaña), su contrincante en la contienda electoral? ¿No leyeron a tiempo el mensaje y el estilo de un pareja formada en lo más rancio del conservadurismo confesional? Entonces que cada quien asuma su responsabilidad, no se escandalice fuera de tiempo y llame a cuentas a su ex presidente.

Para el país de la chacota, el sainete y la tragicomedia que fue México (¿ha dejado de serlo?) del 2000 al 2006, hacía falta tal derecha y su presidente con botas, torpe, casi analfabeto funcional, y para colmo, este sí: mandilón. El hombre del prozac, de la fobia a los periódicos y a los libros, le venía como anillo al dedo a la oligarquía que pavimentaba el terreno de la enloquecida carrera del hombre del Big Business, el dueño de Telmex que figura en las revistas Forbes y Fortune como el más rico del mundo en un agitado escenario nacional de explotación, marginación social y pobreza en la que sobreviven sesenta millones de mexicanos.

La divertida pareja del Rancho Grande con la que se dan gusto cartonistas, humoristas y comediantes, fue la impulsora de la telemanía del spot, del rating, del odio y la venganza de los políticos y los hombres del poder fáctico (dueños y empleados) que montaron el fallido desafuero a AMLO y operaron el fraude electoral del 2006 que tiene hundido al país en la violencia y el caos. Ahora vivimos en el lodo de los polvos que levantaban, en su cabalgata de caricatura, el intrépido jinete Chente y su amada, en aquella no muy lejana Foxilandia de caramelo y oropel.

Sería bueno que los señores de las derechas y sus amigos hagan la autocrítica, indaguen a fondo su pulsión histérica, esa loca idea que los llevó a crear un Frankestein sexenal que sigue sus aventuras allá en el Rancho Grande, anunciando cruzadas internacionales contra los infieles y herejes que profesan el populismo. En su exhibición de opulencia y autonombramiento de templario medieval, el personaje malhecho está llevando a una crisis anunciada al gobierno, a su partido y a su criatura: el licenciado Felipe Calderón.

¿Veremos a Frankestein y a su bienamada acusados y consignados por enriquecimiento ilícito y fraude contra la nación? Como están las cosas, más vale no caer en la trampa del beneficio de la duda. El vaquero del Rancho Grande sabe mucho de los entretelones y las maniobras oscuras en la elección presidencial del 2006. Y como en el amor y en el teatro, en la política el timing y el tiempo lo deciden todo.