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Viernes, 05 Octubre 2007 01:00

México 68 , el año de la fiesta y la matanza

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En el mes de Mayo de 1968, Paris era una fiesta. La alegría transgresora desafiando las prohibiciones del poder impregnaba de erotismo la atmósfera y el lenguaje y los cuerpos en rebeldía. La poesía y la política hicieron pareja y se aposentaron en las universidades, para luego salir a recorrer las calles, a perpetuarse en el deseo, el imaginario y en la conciencia colectiva de los ciudadanos. En torno a los muros de la Sorbona, Nanterre y las avenidas y callejuelas de la ciudad que fue escenario de la Revolución Francesa , se leía:“Hagamos el amor y no la guerra” , “Prohibido prohibir , “La imaginación al poder”,“Seamos realistas, exijamos lo imposible ,“Paren el mundo , me quiero bajar” frases que, además de consignas políticas eran versos que tenían el aire y la fuerza creativa de la poesía surrealista y la utopía política . Ese año fue quizá el único en que los dos profetas que querían cambiar la vida (Artur Rimbaud) y transformar el mundo ( Karl Marx) estuvieron muy cerca (como alguna vez se cruzaron, sin conocerse, en la biblioteca de Londres), quizá bebieron unos tragos en algún barecito del Barrio Latino y brindaron y pactaron acuerdos y se dieron un abrazo como buenos camaradas . Dice el filósofo Derrida que los fantasmas suelen volver y (agrego yo) algunos hasta inician amistades duraderas.

Pero la fiesta no fue exclusiva de la patria de Diderot, Voltaire, Robespierre, Danton, Napoleón,Victor Hugo, Geroge Sand , Sartre y Marcel Marceau : se expandió a las principales capitales del sistema capitalista y pasó por Berkeley, Berlín ,Tokio, Roma… y llegó a México, el país del despotismo priísta que en ese entonces estaba en su apogeo. La fiesta mexicana que surgió en la UNAM, el Politécnico, en la UANL (hasta el TEC tuvo sus jornadas de rebeldía que jamás se repitieron) y otras universidades y centros de educación superior, tuvo su toque distintivo, su fin desmesurado de sacrificio ritual y escarmiento, que no tuvieron las fiestas en otros países: la fiesta de los estudiantes universitarios mexicanos terminó en la matanza de Tlatelolco, el 2 de Octubre de 1968.

En Francia gobernaba Charles de Gaulle y el ministro de cultura era André Marlaux . Aquí, en México, el gobernante era Gustavo Díaz Ordaz, un tipo mediocre y autoritario (¿Quién era el encargado de cultura? ¿Alguien se acuerda?). En Francia se privilegió la negociación, la disuasión por sobre la represión y la masacre calculada. En México, el Padre Padrone, el Tlatoani, el Primer Mandatario, el Primer Priísta del País mandó los militares a las universidades y a las calles; silenció a los políticos de la derecha (principalmente a sus correligionarios); persiguió y encarceló a la oposición de izquierda; compró y acalló a los medios de comunicación (la excepción notable fue el Excelsior de Julio Scherer y alguna revista) y armó el operativo que terminó en la represión sangrienta de la noche de Tlatelolco.

En Francia y los otros países que vivieron su movimiento del 68, la fiesta terminó como terminan todas las grandes fiestas: en el tedio y el desgaste de las energías desatadas por la transgresión de lo prohibido y las rutinas. En México la fiesta del 68 no terminó con el rescoldo del goce y la cruda del exceso, sino en el muro de los lamentos y del miedo, en un funeral colectivo que todavía perdura en la memoria de tres generaciones de mexicanos.

Han pasado 39 años de la derrota de una generación que quiso cambiar la vida y transformar el mundo a su manera. Ganaron los tiburones de la usura y los perros de la guerra que hoy gobiernan la globalización capitalista. Sin embargo, en la crisis profunda, tal vez terminal del sistema; la cultura crítica, la ética, la imaginación y la voluntad política de aquellos vencidos vuelven a centellar en el deseo y la memoria: están renaciendo, sintetizadas con las acciones, discursos y símbolos del siglo XXI, en la conciencia de los jóvenes que se resisten a vivir como mercancías en un mercado enloquecido que todo lo cosifica.

Se sabe, se intuye que -diría Kundera- la lucha contra el actual poder, es la lucha de la memoria contra el olvido. Por eso 2 de Octubre no se olvida.

La represión militar y la guerra sucia otra vez muestran las garras. Y los fantasmas rebeldes del 68 están de vuelta.