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Jueves, 20 Septiembre 2007 01:00

Carlos Fuentes: embajador, guerrillero dandy, mago conciliador

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fuentes

Carlos Fuentes es un excelente novelista que se bandea según soplen los vientos de la política. A veces es radical en el discurso (contra Bush y Chávez, sin duda) y hasta de vez en cuando se asume en los medios de comunicación como de izquierda, pero se acomoda a la corriente y no compromete a fondo la crítica contra el poder y los Príncipes de la derecha priísta y panista que han gobernado este país. Padece el mal teórico que ataca a los intelectuales liberales como Enrique Krauze, Federico Reyes Heroles, Silva Herzog Márquez, y otros juniors que nacieron en cuna priísta, en la era de la dictadura perfecta (Vargas Llosa, dixit), y nunca se atrevieron a cometer parricidio político y simbólico, cuando los padres eran poderosos secretarios de gobierno y notables de un partido ya desde entonces en decadencia.

Ese mal teórico se manifiesta en la defensa de una entelequia democrática, de unos principios humanistas y unas instituciones que no existen en el país (no como ellos las imaginan). Hablan de la pobreza en general, se lamentan de su extensión y crudeza y hasta derraman lagrimas de cocodrilo; lanzan peroratas televisivas y periodísticas sobre la riqueza mal distribuida, pero no dicen que está absurdamente acumulada en pocas familias y evitan poner en el centro de sus discursos y a debate la realidad del capitalismo mexicano enchufado al neoliberalismo globalizado que las genera. En su léxico no se escuchan las palabras explotación, represión, exclusión.

Estos liberales en sus monólogos interiores piensan “¡Oh no, para que hablar de clases sociales si éstas ya no existen; de salario, precio y ganancia, de plusvalía, si esos son rollos del Marx muerto! ¡Hace mucho que se derrumbó el Muro de Berlín, ahora estamos en la sociedad abierta! ¡Defendamos la democracia contra la izquierda premoderna, contra los Evos, los Chávez, los Pejes! Anunciemos la buena nueva al mundo que en Latinoamérica la izquierda moderna está en el Chile de Bachelet; digamos también que las elecciones mexicanas de 2006 no fueron fraudulentas, tuvieron sus defectillos, sí, pero fueron institucionales y democráticas; propaguemos en la tele y en los periódicos todas estas verdades que nos han sido reveladas”.

En este pensamiento liberal, a veces crítico, a veces conformista, a veces apologético, siempre a la sombra y al servicio de los neoliberales (esos no piensan, están escasos de ideas, sólo balbucean dogmas), Carlos Fuentes es coherente, lo ha sido desde que allá en el año 1975 acuñó aquella celebre frase: “Echeverría o el fascismo”, que, por cierto, le trajo como regalo el puesto de embajador en Francia al servicio del presidente de las guayaberas, las aguas frescas, autor del slogan “Arriba y adelante”, hoy acusado por los líderes del 68 como responsable directo de la matanza del 2 de octubre, como secretario de Gobernación del prócer Díaz Ordaz. Que yo sepa Carlos Fuentes no ha dicho esta boca es mía sobre ese asunto peliagudo en el que se encuentra su anciano y antiguo jefe, a menos que piense que su patrón fue el Estado Mexicano (o su patrona fue La Patria), cuando lo que se estilaba entonces eran los premios y castigos del hombre en la punta de la pirámide de la Presidencia Imperial.

Yo no sé si Fuentes participó en los acarreos de intelectuales y artistas que Luis Echeverría solía hacer en sus viajes internacionales de mandatario megalómano. No se si atacó con su pluma veloz a los “Encapuchados de Chipinque” otrora conocido como Grupo Monterrey. En broma o en serio, quién sabe, no me consta, pero se dice que a esos intelectuales y periodistas, en ciertos viajes nacionales se les llevaba y traía en camiones de redilas.

Entonces, no es de extrañar que en su reciente artículo Un presidente sitiado publicado en el periódico El Norte (septiembre 18), Carlos Fuentes escriba: “…López obrador no es presidente de México porque perdió la elección (…) he sugerido que López Obrador abandone su postura valentona, a veces hasta valiente, pero al cabo improductiva (…) Un Presidente sitiado como Felipe Calderón merece más (… ) en pocas palabras, no le debe nada a nadie, sino al país que gobierna. Sus promotores de campaña, sindicales, televisivos, financieros ya fueron pagados con el triunfo del candidato. El Presidente no les debe nada más que el saludo y las buenas maneras...”. ¡Amaos los unos a los otros, señores de los poderes fácticos, dejen de lado sus intereses, no cobren facturas y denle una chancita al Presidente! ¡Pueblo llano de México que apoya al presidente de comedia llamado AMLO, ya no tengan sitiado a Felipe, no sean gachos, olvídense del 2 de julio!¡Viva el conformismo, a otra cosa mariposa, cantemos con José-José “ya lo pasado-pasado, no me interesa”!

Como entrenado escritor de ficciones Carlos Fuentes sabe, debe saber, que no hay buenas novelas o piezas teatrales si no se explora el pasado, lo que se oculta, lo que no se quiere que aparezca a la luz pública, lo que se apabulla y silencia con la propaganda mediática en esta tragicómica sociedad del espectáculo que hoy es la República Mexicana.

Ni frío ni caliente, defendiendo lo indefendible por obvio, Fuentes envejece mal, intelectual y políticamente. Parece que ya no le viene bien el título que el director de Letras Libres le asestó a mansalva y en despoblado, en aquellos tiempos felices, cuando de manera punzante y lapidaria, le dijo “Guerrillero Dandy”.