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Domingo, 30 Septiembre 2007 01:00

Cuando se trasvistieron las radios y las televisoras

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eleccionesEn aquellos tiempos los ciudadanos vimos acontecimientos que nos hacían reír de tan tragicómicos, pero también llorar de tan patéticos, acontecimientos que giraban en torno a la descomposición política y moral de la oligarquía representada por un gobernante acusado de usurpador, unos intelectuales salchichitas a su servicio y empecinados en hablar de una entelequia democrática, unos periodistas que de pronto dejaron de acatar órdenes de sus patrones para manipular y ocultar información y de la noche a la mañana, en menos que canta un gallo, como por arte de travestistas, gracias al juego del “nada por aquí , nada por allá”, mediante la orden fulminante de sus patrones se convirtieron en campeones del debate, de la transparencia, en niños héroes envueltos en la bandera nacional para defender a la patria contra los senadores y diputados enemigos, se convirtieron en patriotas arrojados al combate con las banderas de la libertad de expresión, la democracia, el respeto a la constitución, pero en el fondo lo que pretendían era linchar a los miembros del Poder Legislativo por su osadía de aprobar leyes para eliminar el negocio de la propaganda que en temporadas de campañas electorales engordaban las arcas de la mediocracia radiotelevisiva y pervertía los procesos electorales con el dinero que todo lo vende y todo lo compra, de ahí que, como ya dije al principio, nos reíamos de ver a los locutores López Dóriga y Javier Alatorre, a una señora ñoñísima llamada Paty Chapoy y al mercenario Pedro Ferriz de Con, vociferar hasta desgañitarse, aullar hasta dar miedo, fingir como malos actores que son fuera de cámaras, pero no sólo defendían el negociazo de la publicidad y su poder como grandes electores, desinformadores y distorsionadores de la realidad mexicana, también defendían, como gatos boca arriba, a un tal Ugalde, presidente del instituto encargado de arbitrar y coordinar los procesos electorales, pues el tal Ugalde también de la noche a la mañana fue convertido por los locutores y los intelectuales salchichitas en ciudadano ejemplar , en representante impoluto de las elecciones del 2006 en donde se dividió el país y estuvimos a punto de que la sangre mexicana llegara al río y de las que salió supuestamente triunfante el Presidente que muchos mexicanos consideramos ilegítimo porque le ayudaron, de manera ilegal, los llamados poderes fácticos y la torpeza y servilismo del tal Ugalde que por otro lado fue puesto en el cargo por la lideresa magisterial Gordillo, profesora de larga, triste y oscura trayectoria, fíjense nada más amigos todo lo que sucedió en aquellos tiempos transcurridos en no más de un año desde que por segunda vez el país se encontró impugnando a un presidente sentado en la silla a chaleco, y esto por segunda vez pues ya en el año 1988 había sucedido algo parecido, no igual porque aquellos eran los tiempos del priísmo tiranosáurico y estos los del panismo empresasáurico. Alguna vez volveré a tomar mi viejo y azulito megáfono que guardo desde los días de 1968, año terrible cuando yo era estudiante de arquitectura en la UNAM y un día, el dos de octubre, nos atacó el ejercito en la plaza de las tres culturas. Yo salí vivo, con un duro golpe en la cabeza y malherido en el alma con tanta injusticia. La gente dice que con el golpe y la herida quedé loco, pero no me importa. Por eso cada vez que puedo vengo a esta plaza pública, me subo en esta banca y relato a los que quieran oír lo que sucede en este México lindo y querido. Siempre hay alguien, por lo menos uno que escucha. A veces soy yo mismo el que se escucha. Hasta la próxima semana.