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Jueves, 02 Agosto 2007 01:00

Se apagan las cámaras de Bergman y Antonioni

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antonioniCuando se van los verdaderos maestros del arte, queda una sensación de ausencia, un vacío que no se llenará nunca. Eso sí, sobreviven las obras que ocupan el espacio del goce y la memoria estética, el dato de una apuesta ganada por la creación artística. En un lapso de varias horas han muerto Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni, dos artistas del cine que bucearon con sus cámaras en el vacío, la soledad, la locura, la muerte, el sentido de la existencia. Hijos de la devastación y el absurdo de la Segunda Guerra Mundial, contemporáneos del apogeo de la filosofía de la existencia de Heidegger, Sartre, Jaspers, el sueco Bergman y el italiano Antonioni fueron los directores de cintas memorables como Gritos y Susurros, El Séptimo Sello, Fany y Alexander, Blow Up, El Grito, La Noche.

Entonces el mundo y el cine eran otros, los directores no tenían como Meca a Hollywood, el debate intelectual anidaba en los libros, los periódicos y las revistas, no existía el control mediático encabezado por la televisión, el cine y las artes no estaban acosados por la dictadura del mercado.

Recuerdo la noche de 1975 en el que se llamó cine Buñuel. Después de la sabatina reunión del taller literario, el grupo de amigos decidimos ir a ver la película Gritos y Susurros. Fue una experiencia surrealista donde las poderosas imágenes y diálogos de los personajes Bergmanianos hicieron corto circuito con un estado de ánimo depresivo y la alteración de los sentidos provocada por los estimulantes de la literatura, el tequila y la marihuana. Es quizá la experiencia cinematográfica en la que he rozado con los dedos la angustia existencial, el dolor y el sinsentido de la muerte. Eso me provocó el poderoso cine de Bergman.

En otro estilo, con otras imágenes y ritmos cinematográficos, Antonioni (poeta de la cámara, lo llama Martin Scorsese) ha sido el director de culto de varias generaciones que no se rinden al marketing de la industria que todo lo apuesta a la ganancia sacrificando el arte, sus ritmos y sus exigencias. Blow Up es un manifiesto cinematográfico filmado en 1967, en el apogeo de los Beatles con el revolucionario álbum Sargento Pimienta, un año antes de la revuelta estudiantil que sacudió al sistema capitalista. La Noche, con su ritmo lento y su blanco y negro, habla del vacío social, del sinsentido, de la fiesta que parece rutina atrapada en una mansión burguesa. Antonioni recupera las atmósferas y las relaciones humanas que Sartre y Camus escriben en La Náusea y El Extranjero.

Ahora recuerdo que recientemente, después de una función de A Puerta Cerrada, en el diálogo con el público dije que la pieza teatral de Sartre había influido en otras dramaturgias y en el cine de posguerra. No fue una casualidad que esa noche mencionara juntos a Bergman y Antonioni. Además de la memoria, el azar objetivo hizo de las suyas.

Han muerto los maestros Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni. Veamos una y otra vez sus películas.