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Viernes, 30 Marzo 2007 00:00

La Náusea

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 anexnausea

No. No es la Náusea que describe Jean-Paul Sartre en su célebre novela donde el personaje Roquentín se enfrenta con la angustia existencial, el acoso del delirio y la amenaza siniestra de la nada: se trata de la Náusea que flota en nuestro tiempo, que se introduce en los pliegues del ser, en los discursos y en los laberintos de las instituciones que ha construido el capitalismo y que hoy se derrumban como castillos de arena.

En la sociedad de la globalización donde todo se mercadea, todo se falsifica en nombre de una democracia vacía y unos valores en decadencia, un nuevo fantasma recorre el mundo, asustando a los señores del dinero, sus aliados y sus apologistas, abriendo nuevos caminos para la rebelión de los condenados de la tierra. Y es que –como decía el profeta Marx– todo lo sólido se desvanece en el aire.

Demos un vistazo al derrumbe desde lo global a lo local: el poder del Imperio norteamericano entra en su hora postrera, su economía se tambalea, en Irak sufre ya otra derrota peor aún que la sufrida en Vietnam; el Vaticano enseña los dientes y contradice flagrantemente las enseñanzas del fundador de la religión que lleva su nombre, se sacude con la crisis geopolítica en torno a la globalización neoliberal que el papado del polaco Juan Pablo II ayudó a construir durante los últimos años de la Guerra Fría, en tanto que el escándalo de los sacerdotes pederastas cunde por todo el planeta.

En México algunos curas católicos no cantan mal las rancheras en asuntos de pederastia y compiten con el Gober Precioso (¿por qué no lo echan los priistas-panistas?) cuando se trata de vejar y violar niños y niñas. El público sensible que sigue la información de los actos y los juicios del gobernante poblano y sus amigos, siente un hervor de sangre, un golpe en el estomago y ganas de vomitar. Tratándose del juego democrático y el respeto por la diferencia, hemos visto las acciones de la Santa Alianza de los Barones del dinero, los políticos del sistema, la burocracia del clero y los señores de las grandes empresas del entretenimiento y la información masiva. Se hacen transacciones económicas fraudulentas, se miente a sabiendas, se manipula, se organizan elecciones tramposas: en el sacrosanto nombre del mercado, la democracia, la fe y una falsa libertad de expresión que no se creen ni los chicos de escuela.

El sistema capitalista pierde así rápidamente sus pilares de cohesión social, consenso ideológico y control político. En Nuevo León, modelo de acumulación y desarrollo capitalista en Latinoamérica, el derrumbe se hace evidente porque el poder político ha mantenido y magnificado mitos y valores donde empresarios, políticos derechistas, orden eclesiástico, instituciones educativas conservadoras y empresas mediáticas, han operado cohesionadas y sin grandes contradicciones. Eso se acabó. Hoy, se ven las costuras de un ideología derechista en declive y los otrora intocables reyes y reinas regiomontanos (hasta para edificar su exclusivo Valle de Reyes, batallan, tienen la sociedad en contra) que salen retratados en la revista Chic, van desnudos y los plebeyos se divierten, ríen y subvierten el orden como en los carnavales del medioevo.

Es un asunto de proyección nacional, pero tal vez aquí , en el reino del cabrito, la cerveza y el Cerro de la Silla, es donde crece desmesuradamente el desasosiego, la angustia, el terror que en los últimos años han producido los cárteles del narcotráfico que noche tras noche y a pleno sol nos anuncian que “hay un olor a tumbas frescas patrullando las calles” –como dice en su poema mi amigo Rogelio Flores de la Luz. La gente intuye y se pregunta: ¿Hay personajes prominentes de la empresa y la política vinculados a los cárteles en guerra por el territorio y el mercado? ¿Hay alianzas inconfesables y personajes innombrables?

En este panorama desolador que pone en alta tensión a los ciudadanos, sus formas de representación y sus movimientos sociales, hay sin embargo una apuesta por la creación, por la justicia y la libertad, por la convivencia social democrática. Como sucede en los individuos, sucede también en las sociedades: las grandes crisis ponen en juego el combate de Eros contra Thánatos, el instinto vital contra la pulsión de muerte. En la crisis terminal del capitalismo que pone en riesgo la vida en el planeta , hay fuerzas que están luchando por un mundo distinto, una manera de distribuir la riqueza social, de proteger la naturaleza y organizar un nuevo pacto fundado no en la ganancia y la acumulación de dinero a toda costa, sino en un tipo de socialismo libertario y democrático, que combine formas privadas y justas de propiedad con formas de propiedad pública que generen y protejan el trabajo, la alimentación, la salud, el entorno natural, la educación, la ciencia y la cultura.

Esa es la utopía necesaria, el mundo posible. Lo demás es el suicidio colectivo: la decadencia de las ciudades, la muerte lenta de los individuos, la guerra social, el mundo que Stanley Kubrick retrató magistralmente en su película “La Naranja Mecánica”. Mientras esa utopía de mundo se hace realidad, crece y se expande, a veces imperceptiblemente, a veces abiertamente, un nauseabundo olor a podrido que nos asfixia, una sensación de delirio colectivo producidos por unos poderes que se derrumban y arrastran a las sociedades en su caída. Es la Náusea.