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Sábado, 08 Enero 2011 00:23

Crónica de una noche en Guerrero

Written by Alonso Muñoz Terán

El diario informa: Mil cien policías desalojan violentamente a 100 familias que habitaban hacía ya cinco años en Puerto Marques. Los terrenos, valuados en millones de dólares. Oaxaqueños entran a tierras colindantes con Guerrero y disparan por aproximadamente una hora. Conflicto añejo. ¿Dónde están los secretarios de gobierno de los respectivos estados?; hombres armados entran a las instalaciones del diario El Sur de Acapulco, disparan en el interior y rocían de gasolina las instalaciones.

Son las 8 de la noche, me encuentro aún en las instalaciones de la universidad. Es hora de partir, pero una caravana de patrullas municipales, estatales y unos cuantos federales, viajan aceleradamente en dirección a Iguala. Las instalaciones de la escuela tienen una vista privilegiada, a lo lejos se puede ver que la fila de autos detenidos es larga y al parecer va pa' largo. Sólo quedamos en la chamba, Gerardo, un guerrero que le entra a la construcción, la hace de electricista, de jardinero, etc., y yo. Es su hora de salida, vamos hacia el mismo rumbo, hacia el sur. Decidimos esperar unos minutos más para ver si el tráfico avanza.

Ocho y media de la noche, parece que los autos se mueven, a 10 km, pero se mueven. Gerardo y yo comenzamos nuestro camino. Le pido antes que me invite un cigarro. Ya en la tienda, me encajo y le pido una más para la nosshh. Pongo un disco con sones ejecutados por la filarmónica de Acapulco. Pasan 20 minutos. Nos fumamos el cigarro de reserva. La gente comienza a regresar, dicen que no habrá paso hasta el día siguiente: ¡No hay paso, hasta mañana...!

Gerardo es paciente, dice que esperemos un poco. Mientras tanto yo me enfrasco en un problema del corazón, es breve..., el color atemorizante (nunca tranquilizante), del azul y rojo de las torretas, me impide continuar con mi divagación. Le digo a Gerardo que se quede al volante, corro hasta el punto donde está detenido el primer auto que tiene detrás una fila como de cien autos, trailers y camiones de pasajeros. Veo a decenas de militares y policías estatales. Le pregunto a un policía si habrá paso y me contesta –No sé, quizás en la madrugada, quizás hasta mañana. No sé si haya muertos o qué ocurrió-, -¿Fue un enfrentamiento?- Le pregunto. No se encuentra sereno, la presencia de los militares es relativamente reciente para él, tenerlos a un lado le indica que las cosas no son buenas. Me responde sólo que sí.

Regreso. Pude haberme quedado en Taxco, en la ciudad, pero Gerardo va a 15 km de ahí, a la comunidad de Puente Campuzano. Lugar donde los comuneros donaron 20 hectáreas para la construcción del campus de la universidad. Le digo que tenemos que irnos y le pregunto que por dónde. Me dice –Vete por La Zapata- (Sic).

Emprendemos el atajo, la ruta crítica. Le pido que cuente un chiste, me responde que mejor sigamos con los sones. El camino es pedregoso e irregular. Vamos a vuelta de rueda, nos espera un largo camino.

Gerardo me cuenta de sus experiencias en el gabacho. Y el gacho viaje que vivió en una de esas que intentó cruzar y donde metieron a 25 personas en una combi. Uno sobre otro, varios gritando, otros llorando; me dice dónde le fue mejor; cuenta que hay muchos paisanos gachos, pero que los más son los chidos, y que no aprendió inglés porque prácticamente la raza no se despega, están juntos, dándose la mano, apoyándose unos a otros, hablando español.

Gerardo ya me ha contado que lo deportaron saliendo del hospital en donde fue a parar por un accidente en auto, del cual no tuvo la culpa, pero eso ahora qué importa.

Diez cuarenta, los dos cigarros no fueron suficientes. Quiero uno más, pero aún no llegamos a la primera población, y ya cuando lo hacemos preferimos (por valores entendidos), llegar a casa. Son las 11 de la noche. Llegamos a casa de Gerardo. Me doy cuenta de que me va a invitar a pasar. No puedo negarme, su humilde hogar será brindado para el compañero de travesía, de chamba, para aquel que lo respeta, que lo escucha.

Su esposa me convida carne de puerco con una de las salsas más ricas que he probado. Me como 8 tortillas de las hechas a mano. El agua, me cuenta Gerardo, es de manantial. Ya no se siente el frío. Atrás está la balacera, atrás la preocupación por tener que levantarse temprano al día siguiente. Su hija, su Dulce hija le dice con su propio nombre en la voz -¿Quiere más apa'?- Gerardo me dice que pida más. Yo prefiero recargarme de la panza, a no prolongar más esa rica cena, pido otro poco de salsa y hastahí.

Gerardo me dice que pronto estaremos caminando en por su casa, en por sus tierras. El primer edificio de la universidad está por concluirse, y él está contento porque será anfitrión de más de 500 estudiantes y de sus ahora compañeros de trabajo, como yo. La humildad, de él y de los suyos, jamás impedirá que se arredre ante el compromiso. Él sabe que pueden hacernos sentir como en casa. Están acostumbrados. Así es el campesino, así los herederos de Zapata.

-Gracias señora, disculpe la molestia. Dulce, traeré a Valeria, mi hija, pa' que jueguen juntas. Gerardo muchas gracias, pronto te caigo con un mezcal-.

Nuevamente en dirección a casa. En México muchos tenemos muchas casas. "esta es tu casa" dicen por ahí.

Es la una de la mañana. Escribo para ustedes. Por todos nosotros. Podremos ser muertos en una balacera, perturbados cotidianamente. Pero eso no puede ser costumbre, no será nunca así. La costumbre, el costumbre, es lo trabajador y hospitalario de Gerardo y su familia, es la noche y su luna creciente, es el viento que rumora y nos dicen cosas de amor o de agüites del corazón. Somos nosotros los jóvenes y nuestros sueños, son Valeria y Dulce lo que debe permanecer...

La violencia no es nuestra. Es de ellos, de los políticos y del mal gobierno. ¡No somos, ni seremos daños colaterales jamás!

Nosotros... nosotros vamos a dormir. Mañana hay que trabajar, reír, jugar, llorar, amar...

Descansen en paz los que hoy murieron, víctimas de la violencia de Estado y de desesperación...

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)