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Miércoles, 19 Octubre 2011 12:53

Filosofía en el tocador o la rebelión del segundo sexo * / Xavier Araiza

Written by Xavier Araiza

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Primero la pregunta: ¿Desde qué situación existencial y de cuál contexto histórico es posible hablar y escribir de sexualidad y literatura, o de literatura y sexualidad? Hay que decirlo de entrada: en estos territorios del saber el orden de los conceptos, de las nociones, de las categorías, sí altera el producto.

No hay duda que se lastima la sensibilidad de los escritores que se asumen como pequeños dioses, y el saber de los apologistas del fetichismo que defienden la creación del mundo literario como ajeno al mundo real, como si de otra galaxia se tratara, si de entrada afirmamos que durante milenios la especie humana vivió sin la poesía, la novela, el ensayo, la dramaturgia, la filosofía, el periodismo; y que esos mismos ancestros nuestros, bárbaros e iletrados que no sabían de buenas costumbres y exquisiteces, de editoriales, premios, becas y encuentros literarios, nos engendraron mediante el sexo y el erotismo, pareja que desde tiempos inmemoriales asume la apariencia heterosexual, gay, lésbica y quizá travesti .

La sexualidad anida en el sujeto viviente, nació en la noche de la evolución de le especie, la llevamos en el cuerpo y es más antigua que el lenguaje y los pactos y códigos sociales. La literatura, la escritura no tiene más de cinco mil años y los libros impresos nacieron al mundo de los objetos culturales, gracias al proceso técnico y la imprenta inventada por Gutenberg apenas en el año 1440 de la era cristiana, una hoja del calendario en la hoguera del tiempo que la naturaleza nos ha permitido habitar en el planeta tierra.

Si en el origen oscuro del sexo, en la dialéctica evolutiva de la vida y la muerte, del abrazo entre la hembra y el macho se manifiesta la carne que llama a la perpetuación de la especie, la psiquis y la sociedad nacen como ruptura de la inmanencia y la inercia de los antiguos que con el tiempo en el proceso histórico darían paso a los  modernos.

La filosofía y las ciencias dicen que en el principio se confundían la violencia y el sexo, eros y tánatos, la pequeña muerte (Bataille Dixit) y la muerte grande, definitiva. En los rituales de la guerra y del sacrificio, reino de las hordas , los clanes y las tribus se fue conformando el principio de la fuerza física del macho, el origen de la propiedad privada y la familia, y la dominación sobre la hembra sin la cual todo intento de trascendencia era vano. 

El dominio del patriarca se fue haciendo denso, anclado en la fuerza y los códigos, las leyes, el lenguaje, las religiones, la producción económica, el poder político-militar. La literatura hizo su entrada narrando, cantando y representando esos modos, la lucha sorda entre el amo y el esclavo simbolizada en la relación sexual, familiar, social entre la hembra y el macho.

Después de las hordas y las tribus, en la era de la civilización entraría al escenario el tercero en discordia : el amor que llegó como invitado al banquete del gozo donde reinaban la imaginación, la fantasía, las emociones, la sensualidad y el contacto de los cuerpos (reales o imaginarios) del sujeto singular que saliendo de la inmanencia trascendió en el abrazo con el otro-la otra. Sexualidad, erotismo, amor, son, desde entonces, la trinidad echa carne en cada sujeto, objetos de los discursos, de los símbolos, los mitos, complejas redes tejidas y vasos comunicantes entre la realidad y el deseo.

Por supuesto, nos atenemos a la teoría de la evolución y a los que llamamos historia y prehistoria. Las distintas religiones tienen sus metáforas de la creación del mundo y la especie humana. Como se sabe, en el génesis bíblico, después de la simpática metáfora creacionista del Dios omnipotente, omnisciente, omnipresente (¡qué barbaridad!) que dijo algo así como “háganse los cielos, los mares y la tierra y todo lo que en ellos habita”, el señor de los castigos y de los ejércitos engendró a Adán a su imagen y semejanza; y luego, en segundo lugar, como mago en el número estelar de las apariciones y desapariciones, sacó a Eva de la costilla de su asexuado y solitario compañero . Ambos, cándidos, desnudos y sin deseo vagabundean por el paraíso; con la entrada a escena de la serpiente y la escenografía del árbol con el fruto prohibido, la primera pareja impoluta deja la obediencia y transgrede la prohibición del divino; él y ella intuyen, perciben, reflexionan y se dan cuenta que se gustan, que el deseo los anima y lujuriosos se abrazan y pecan con el primer polvo, la primera cópula, el primer orgasmo de la historia. Luego viene la descendencia formada de hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, y así hasta nuestros días. En esa descendencia nacieron mujeres y hombres de corazón noble como el buen samaritano, perversos como los habitantes de Sodoma y Gomorra, y hasta criminales como un tal Caín y un tipo siniestro llamado Caifás. Ahí, en la bíblia, libro sagrado, fundacional, de nuestra cultura judeo-cristiana está ya narrada la sexualidad como principio de la especie, pero también como transgresión a la ley y los reglamentos dictados por el autonombrado Dios padre.

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Para horror de los cristianos fundamentalistas que intentaron borrarlas de la historia y de la memoria, destrozando imágenes y quemando literaturas, en las culturas primitivas y en las avanzadas culturas griega y latina la orgía era una forma de la sexualidad colectiva, de la ceremonia pública.

En esta larga historia de sexo, erotismo, amor en los cuerpos singulares, vivientes, permeados por la cultura, destellan obras literarias, nada sagradas, que iluminan zonas oscuras donde tiene su origen y devienen las prohibiciones y las transgresiones que acotan y acosan al sujeto sin reducirlo jamás a la represión absoluta. Aún en la prohibición y la represión extrema los cuerpos hablan, se resisten a negar su origen en la pulsión vital y manifiestan el erotismo hasta en la muerte (otra vez Bataille dice), en el momento supremo, sagrado, cuando la conciencia vuelve a la nada y la carne inicia su proceso de descomposición y regresa a la tierra sin posibilidad de trascender al más allá, al glorioso cielo prometido o a la condenación del infierno tan temido.

Así, desde esta perspectiva es posible hablar de obras esenciales, de escrituras que condensan los procesos –en sus contradicciones y significaciones humanas- en los que el sexo nutre la realidad perturbadora que tratan las religiones, las leyes, las costumbres, los tabúes , los filósofos , el doctor Freud y dos escritores sin las cuales no entenderíamos el mundo que gozamos y padecemos los existentes, sujetos singulares aquí reunidos.

Se trata de los libros fundacionales, objetos literarios, obras de la pulsión escritural de dos celebres franceses, un hombre y una mujer: el legendario Marqués de Sade y la famosa Simone de Beauvoir; autores, la dama de El segundo sexo; y el caballero de las novelas, dramaturgia, textos híbridos titulados: Justin, Juliette, La filosofía en el tocador, Diálogo entre un moribundo y un sacerdote, los 120 jornadas de Sodoma. Dos obras literarias enfrentadas en un provocador discurso literario, un saber que ilumina los laberintos y los sótanos de la sexualidad y el erotismo desde los extremos, todavía hoy antagónicos, de lo masculino y lo femenino.

Sade escribe desde su experiencia existencial de libertino, desde su posición de excluido, perseguido, encarcelado por su clase social horrorizada por el escándalo y la provocación abierta contra los valores entendidos y la doble moral de sus privilegiados hombres y mujeres pertenecientes a la elite de la monarquía en decadencia, que pronto será derrocada por los revolucionarios encabezados por Robespierre, Danton, Marat, San Just. Después, en los años del terror jacobino, ya convertido el aristócrata Marqués en ciudadano de la nación francesa, sus mismos correligionarios lo perseguirán, intentarán decapitarlo y, finalmente, por orden de Napoleón, lo recluirán en el manicomio de Charenton.

Es la venganza social de dos mundos en colisión (la aristocracia en la debacle y la triunfante burguesía) contra el libertino y su lógica del amo y del esclavo donde el placer máximo es la puesta en escena de la fantasía (que luego se llamará sádica), el clímax de la trama que exhibe la blasfemia, la humillación del cuerpo del otro-víctima del verdugo, finalmente vulnerado , reprimido, violado, sodomizado y exterminado. Se trata del combate feroz en la cultura , la ideología , la política, la filosofía y la literatura que el Marqués lleva hasta los límites del horror. En su clásico libro El Erotismo George Bataille dice que el Marqués de Sade es un monstruo.

Por su parte, en el debate literario y filosófico, Simone de Beauvoir investiga y hiere de muerte la pretendida universalidad y privilegios de los machos y la misteriosa esencia del eterno femenino-mito patriarcal que había destinado a la mujer a la obediencia y la sumisión, a ser la otra inferior nunca afirmada como sujeto autónomo , trascendente, libre. Simone de Beauvoir piensa a la mujer dese el cuerpo como sujeto existente, como conciencia y deseo sexual en la red de los otros-en-el-mundo (objetos, instituciones sociales, religiosas, políticas, pedagógicas…), en el conflicto de saberse y sentirse destinada en su mismidad a la reproducción de especie.

Si en Sade la sexualidad y el erotismo expresan la imposible y absoluta soberanía del sujeto libertino que niega la subjetividad del otro hasta la justificación del asesinato como imperativo de una ética basada en la naturaleza irracional y devastadora, encarnada en la figura del macho que dispone de la hembra como si de su propiedad se tratara; en Simone de Beauvoir la libertad de la mujer en lucha perpetua contra los atavismos y controles del poder masculino que la reducen a la inferioridad del segundo sexo, abre la posibilidad a otro discurso, otro imaginario colectivo y otra praxis erótica, moral y sociopolítica . La autora de Los Mandarines, La fuerza de las cosas, La mujer rota, rompe con la lógica y las bases materiales de la relación dialéctica del amo y la esclava, y propone la relación femenina con el hombre en un plano de igualdad, reciprocidad y libertad compartida en las tensiones que lleva consigo todo encuentro entre sujetos soberanos, grupos y clases sociales.

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Las obras del más célebre teórico del libertinaje y de la filosofa de la liberación femenina trascienden el tiempo en que fueron escritas en la medida en que han ido a la raíz de la sexualidad, las formas discursivas y las prácticas en que hombres y mujeres viven el erotismo : la literatura fundacional de Sade se nutre del despotismo ilustrado y absoluto encarnado en la soberanía egocéntrica, solipsista, el libertinaje del autor, símbolo en su época del mal encarnado en el sexo, el erotismo, la pornografía, la perversión, la crueldad y la tortura , la cosificación y el asesinato del otro; El ensayo de Simone de Beauvoir , escrito en la investigación y la sintaxis del saber, sintetiza la filosofía existencial, la antropología, la biología, la sociología, el materialismo histórico, el psicoanálisis y la literatura . En este enorme trabajo intelectual y literario desenmascara la realidad histórica y cultural que ha dominado las relaciones entre la pareja hembra-macho, evidencia y pone a debate el poder ejercido por el patriarcado y la subordinación de la mujer convertida en la otra humillada o mitificada, pero siempre excluida de la construcción del mundo desde la equidad, la justicia, la libertad compartida.

Sade es el iniciador del teatro de la crueldad y de la escena pánica (distinta a los montajes pánicos que en los años sesentas tanto cultivó Fernando Arrabal, aquí entre nosotros), pero en la realidad, no en la ficción de la representación en el espacio simbólico iniciado en la antigua fiesta Dionisíaca que en la orgía celebraba la fecundación y el culto al dios Falós.

En cambio la tesis principal que se teje en la narrativa y la reflexión de El segundo sexo se condensa en la frase que deconstruye dogmas y cuestiona evidencias: no se nace mujer-ni hombre por obra y gracia solamente de la naturaleza, de los genes, sino que una-uno, se hace, se construye como sujeto individual en el universo humano , es decir: en la cultura, la economía, la política, la religión , las filosofías. Ahora sabemos, gracias a su libro fundante -libro que no sería exagerado decir que inicia una revolución todavía en proceso- que durante milenios ha sido el poder de los patriarcas el que ha decidido sobre el destino del mundo.

Simone de Beauvoir dice que entre la envidia que el segundo sexo tiene del pene que le cuelga al primero –tesis central del complejo de castración femenina que postula Freud y ella le refuta- y la devastadora filosofía en el tocador y las 120 jornadas de Sodoma, hay un abismo en el existente, las dos orillas del cuerpo singular-privado de los sujetos, y el espacio público-plural de los ciudadanos, de los otros-en-el-mundo.

El Marqués de Sade y Simone de Beauvoir, escritores provocadores (uno, libertino; otra, libertaria) a su manera y desde distintas concepciones del mundo, simbolizan el combate encarnizado que atraviesa la historia desde los tiempos arcaicos, y hoy pone al género humano al borde de la contradicción máxima.

Sus obras literarias están ahí, sin maquillajes. La de Sade señalando la raíz de la perversión despótica expresada en la tortura, la crueldad y la cosificación del otro como expresión suprema del totalitarismo al que ha conducido la moral patriarcal. Desde el siglo XVIII el marqués ha sido el profeta –contra censuras y negaciones puritanas- del mal estructural del capitalismo que en la lógica de la acumulación y el fetichismo de las mercancías habría de interrelacionar sexo, dinero, poder y delirio ideológico ( trasmutando el cuerpo en mercancía, objeto experimental y objeto erótico de la publicidad mediática ), mal que en el siglo XX ha llegado a su apogeo y en el XXI amenaza con llegar a al clímax y al precipicio del género humano.

¿Qué sentido y efecto tiene la dramaturgia de inspiración sadiana, ya no en el escenario teatral o en la novela, sino en la realidad contemporánea de la sociedad del espectáculo donde la crueldad, el terror, el horror, el miedo, paralizan la acción ciudadana?.

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Con la publicación del el segundo Sexo, Simone de Beauvoir  desmonta la ética totalitaria y la literatura sadiana como expresión máxima del poder patriarcal. Al exhibir los mecanismos culturales que históricamente han condicionado el sexo, el erotismo y el amor, abre la posible liberación de la mujer y del hombre, abona el terreno para nuevos discursos y prácticas sociales en lo que ahora se llama diversidad sexual. Pero también pone el dedo en la llaga de la reproducción del poder patriarcal en esa diversidad vivida en la pareja lésbica y gay. También en el amor entre dos del mismo sexo se reproduce el mito y la realidad del primer y segundo sexo, es decir, el poder sadomasoquista entre el macho que domina y la mujer dominada. El poder patriarcal aun dominante en la sociedad contemporánea, se cuela en las sábanas de la alcoba y en las redes de la Cosa Pública. La microfísica del poder, diría Michel Foucault.

* Texto leído en XIII Encuentro Internacional de Escritores dedicado al tema Literatura y Sexualidad. Monterrey, Nuevo León. México. 2008.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)