header
Jueves, 16 Junio 2011 15:06

La autonomía universitaria: traicionada y olvidada

Written by Francisco Veloquio

big-brother-1984

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1969, AÑO DEL MOVIMIENTO POR LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA

El caso de la Universidad de Nuevo León.

Debo decir a los jóvenes que la Universidad fue hecha para ellos, mas no para el paso por las aulas con indolencia, frivolidad o afán de tumulto, ni la precipitada y desaprensiva búsqueda de títulos para amparar el ejercicio mediocre, incompetente y simulado de profesiones respetables.

Mensaje a los Universitarios.

Ex Rector UNL. José Alvarado. 1961.

Introducción.

A cuarenta años de la lucha por la autonomía universitaria en la Universidad de Nuevo León (UNL), nunca ha dejado de llamar la atención la experiencia de dicha lucha, su proceso, y por las lecciones que ésta dejó; sobre todo, por los sectores sociales participantes y su diversidad ideológica y de intereses que se encontraron en ese momento coyuntural y, más aún, por haber sido un movimiento estudiantil que estuvo fuera de control de las maniobras del Estado. Sin embargo, la evolución de dicho proceso, al haber sido efímero, pronto las fuerzas democráticas se dispersaron y nunca pudo la autonomía consolidarse como tal. La lucha por la autonomía universitaria, al convertirse tempranamente en una cortina de humo como parte de una estrategia basada en traiciones, represión y corrupción, por parte de grupos de poder del entorno del entonces gobernador Luis Elizondo hacia los grupos que se ostentaban de izquierda, (al respecto existieron muchas tendencias de izquierda como la Liga Leninista Espartaquista, las Juventudes Comunistas, el mismísimo Partido Comunista, la Organización Cultural Universitaria de orientación social cristiana); pero fue la izquierda "moderada", en particular la célula del Partido Comunista, Dr. Angel Martínez, la que contribuyó y posibilitó la alianza con el grupo de la derecha conocido como la Bata Blanca que tiene su reducto aún en la Facultad de Medicina para detener el avance de las fuerzas democráticas y progresistas. Dicha alianza al concretarse sólo trajo un breve tiempo de paz durante el periodo del Rector Dr. Luis Eugenio Todd; sin embargo; durante ese tiempo de escaramuzas entre la derecha tradicional y la izquierda oportunista, enquistada en el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Nuevo León, fueron contribuyendo a que se aceptara y fuera normal la existencia de una junta de notables o junta de gobierno, convirtiéndose ésta en el instrumento ideal del gobernador en turno para controlar la universidad colocando a su rector. Dicho puesto, como siempre ha sido y continuará siendo, considerado como un puesto de confianza, y las manos del gobernador en turno puestas en él dejara ver la presencia y la intromisión discreta del gobierno del Estado.

Así, la autonomía será parte de las reglas de un juego nunca escritas por parte de los grupos de poder de la universidad y el gobierno; si éstos cometen tropelías, abusos y desfalcos, el gobernador en turno dirá que no puede inmiscuirse en los asuntos de los universitarios y que respeta la autonomía, dejará actuar a sus anchas al grupo en el poder de la rectoría con complicidad del mismo gobierno, siendo así de mutuo beneficio. Y esta situación es la que merecerá una consideración especial para los analistas e historiadores porque plantea el principal problema actual de la susodicha autonomía universitaria: la falta de transparencia de todo tipo de la propia universidad.

El hecho de que la autonomía haya sido mutilada en su esencia, significa haberles quitado a los alumnos y maestros la libertad y la posibilidad de tener una participación social y política en la toma de decisiones y en el rumbo de la universidad hacia un horizonte de desarrollo económico. Sin embargo, dicha mutilación significa que al haberlos convertido en miembros y empleados de una comunidad universitaria amorfa e inerte y al no poder participar en una toma de decisiones de democracia y libertad, tal y como fue planteado en sus inicios la lucha por la autonomía universitaria por los primeros lideres como fue el caso de los ideales de Justo Sierra, a los cuales debería de regresar la universidad pública, significa que los universitarios no podrán participar ni regir los caminos de la vida democrática y de libertad que tanto se gritó en tiempos pasados.

Hay que recordar que desde 1910 apareció el primer movimiento que planteaba la lucha por la autonomía universitaria y ésta ha tenido varias presentaciones en la historia: en el caso de la UNAM, que ha sido el ejemplo a seguir fue en 1945, y también surgió con traiciones.

La UANL en la mira.

Un primer acercamiento a la situación actual de la UANL es que ésta requiere de una estructura democrática en la que las autoridades sean las autoridades de los profesores y de los estudiantes y no las autoridades de una junta de gobierno, convertida hoy en agencia de colocaciones que no deja de ser espuria y además no representa en lo más mínimo los intereses de la academia, ni de la ciencia y de las aspiraciones de la comunidad universitaria. Al final de cuentas es el encuentro de profesores y alumnos lo que más apremiante es para crear una estrategia de desarrollo económico, y dicha estrategia sólo es una política del gobernador en turno para hacer uso de sus recursos como más le parezca; ésto se ha visto así con más evidencia durante el gobierno de Martínez Domínguez, siendo rector el Dr. Alfredo Piñeyro, y los sucesos durante el rectorado del Dr. Manuel Silos, por la crisis que vivió el gobierno del Dr. Socrates Rizzo, provocada por grupos de poder oligárquicos "priístas empanizados". Sin descartar que los demás gobiernos y rectores también hayan sido seducidos por esta política de freno y oscurantismo que ha prevalecido durante los cuarenta famosos años de la autonomía.

Otra consideración crucial es que a la UANL, al no existir dicha participación, le ha faltado desarrollar un ambiente y una mística de libertad y de cultura. Lo que parece que ha sucedido y se comprueba fácilmente, es que a los estudiantes los han ido acostumbrando, desde hace algunos años, a que la universidad no les pertenece que no es cosa suya y que lo más importante consiste en la "prosperidad económica" y en la obtención de un titulo profesional. De esta forma, los estudiantes y maestros no encuentran en la UANL la fuerza de la cultura y el significado de la libertad y, por supuesto, no tienen ideas de que la universidad debe de ser una palanca importante y determinante para el desarrollo económico del país y no sólo la sala de espera de posibles inversiones extranjeras que les vayan a emplear o subcontratar.

Cuando falta ese ambiente y esa mística de la democracia, falta también la producción de la cultura y de la ciencia, porque ésta sólo es posible florecer en un ambiente de libertad. Cuando se llega a perder esa mística, se pierde no sólo la esencia de la universidad, sino también se pierde la esencia y la calidad de lo humano. Y entonces, nos convertimos en simples autómatas reproductores del estilo de sobrevivencia de los lideres que representan a las autoridades universitarias sin escrúpulos (aprendices de porros), que han controlado la universidad a base de corrupción, maniqueísmo y de control policial. Y no considero justo que ésto tenga que ser así. Puesto que lo más importante es que los universitarios se perciban a sí mismos como parte del engranaje de esa poderosa maquinaria que es la universidad y que, además, debe de crear riqueza económica; de la cual formamos parte de ese poder económico y estamos obligados a luchar por una mejor distribución de la misma. Pero si ésta no se plantea incidir en el desarrollo económico y científico del país como de su entorno más inmediato, pues, entonces, habría que buscar los espacios y el liderazgo adecuado que contribuya a esa búsqueda.

La autonomía universitaria sufrió muchas traiciones por parte del gobierno desde sus inicios con el plan Elizondo: un plan plagado de bromas y vaciladas, y después con las escaramuzas de los gobiernos que vinieron. Pero no hay que olvidar el episodio más negro de la gubernatura de Martínez Domínguez en cuanto a la cacería de brujas contra la izquierda democrática y que en ese proceso afecto sensiblemente los ideales universitarios de búsqueda de una sociedad plural y democrática. A tal grado fue la represión tipo rasura que no se ha vuelto a ver un movimiento de crítica universitaria. Pero también los sectores de la izquierda progresista y democrática que luchó por la autonomía universitaria, se enfrentaron a una contrarreforma conservadora diseñada por los grupos de poder que se cristalizó en una ley orgánica y en reglamentos internos que difícilmente pueden contemporanizar con las problemáticas del presente y con el devenir histórico, y solo contribuyó a consolidar a esos grupos de poder con mentalidades oligárquicas y de intereses comerciales para beneficios de ellos mismos. Tal es el caso, la misma historia de la universidad está relacionada con la presencia del PRI, que es la antítesis de la UANL (esto también vale para el caso de todas las universidades públicas del país), pero éstas nacen casi como gemelos a pesar de que los propósitos y finalidades de ambas instituciones sean distintas. La historia de la autonomía comienza con una definición muy clara: la del maestro Pablo González Casanova, siendo rector de la UNAM, no deja a lugar de dudas: "su objetivo y sus fines respecto a la necesidad de incrementar las organizaciones democráticas que decidan acerca de sus planes de estudio, presupuestos y obligaciones de maestros y estudiantes para que tengan una participación real en la sociedad en un ambiente de pluralismo ideológico, de libertad y de democracia". Los cuales hoy han sido olvidados en la UANL y los abusos de poder continúan expresándose: en maestros despedidos con indemnizaciones precarias, alumnos expulsados, fondo de pensiones desaparecidos, jubilaciones con salario precario, cero vivienda, atención médica en una clínica de experimentación y delatora de las condiciones de enfermedad de los trabajadores hacia las autoridades, amenazas de despido y/o cárcel, negación de derechos laborales a familiares de los trabajadores y un sin fin de demandas laborales que se cuentan en miles en la Junta de Conciliación y Arbitraje del Estado, lo cual hace difícilmente opinar que se trate de una institución administrada por personas "decentes". Más bien parece el viejo estilo de la oligarquía local en sus tradiciones de hacer pleitos rancheros a quienes tienen derechos constitucionales: comen santos y zurran diablos. De ahí que exista una corriente de opinión nada favorable para la burocracia de dicha institución, pues se le considera parte de un sistema de instituciones que padece de una patología social crónica, típica del circuito público y más aun que entre sus requisitos de reclutamiento laboral para sus aspirantes éste debe de poseer una falta completa de memoria y de conocimiento histórico de la misma. Son más atractivos los desmemoriados y los oportunistas arribistas que cualquier otro perfil de profesionistas. ¡Qué patético!

La UANL fuera de foco.

Comparto la idea de que en efecto la universidad no es un partido político, pero no se puede negar a que sus miembros tengan una cierta preferencia por un partido en especial, porque al fin y al cabo el PRI ha dejado la enseñanza que es el camino más sencillo de incorporarse a la burocracia y ésta es una lección que los demás partidos políticos la han aprovechado. Hace cuarenta años no existía una gran oferta de partidos políticos como ahora, pero si se pone atención sólo el PRI es el único al que se le ha facilitado hacer sus campañas al interior de la UANL, lo cual dice mucho de la relaciones entre la "familia revolucionaria" y las autoridades universitarias que en realidad es una oligarquía de caciques y éste es el modelo existente y dominante. Entonces hablar de la excelencia académica es sólo un simulacro que tiene su continuación en las formas de control, decisión y elección de los puestos directivos. Por cierto, el control que han tenido rectores como Dr. Piñeyro y Dr. Reyes Taméz sobre los directores de las dependencias, los ha llevado a crear una "casta de universitarios especiales" por los privilegios que ostentan al terminar sus periodos: salarios vitalicios y fueros políticos como medidas de protección si estuvieron involucrados en hechos represivos y de saqueos al erario universitario: qué más que al ser funcionarios se llegan a creer que son la mismísima universidad, este comportamiento en rectores y directores de escuela recuerda aquel viejo complejo napoleónico de que la "universidad soy yo y qué".

Si bien una cierta izquierda moderada tuvo una participación decisiva en la lucha por la autonomía, ésta fue desapareciendo gradualmente hasta el grado de que nunca la izquierda organizada en un partido político ha tenido la oportunidad de hacer campañas políticas al interior de la UANL. Quizá el impacto social de los efectos de la corrupción de aquellos tiempos iniciales de la lucha por la autonomía fue ganando adeptos en este sector y es por ello que hoy en día no aparecen haciendo proselitismo al interior de la misma, es debido a que aquella placentera experiencia de alianza con la derecha de hacerle una puñetita a la derecha (la alianza de la célula comunista Dr. Angel Martínez con la bata blanca) ésta sigue gozando de tal magnitud la gran autonomía obtenida en términos de su estrecha comprensión. Así, la derecha puede conmemorar cuarenta años de una autonomía de membrete y la izquierda oportunista sólo puede festejar su nostalgia por tiempos pasados y celebrar sus jubilaciones obtenidas por su gran participación.

No sé si la UANL tenga como compromiso social la necesidad de que este país se transforme y se ponga fin al sistema de poder que, de una manera general, ha estado destinado a favorecer a las clases poseedoras de la riqueza. No le debería dar pena al Consejo Universitario si esto no es así, pero tampoco es admisible que se ande con simulacros e hipocresías, si tiene tanta necesidad de ocultar a los universitarios que su verdadera política es la manipulación y el control policial de los mismos. No creo que la enseñanza de los paliativos obsoletos e innecesarios del entretenimiento corresponda a una universidad que se jacta y que aspira a ser una de las mejores del país. Por vergüenzas de nuestras autoridades no nos detenemos.

La UANL: La tijera que corta el papel.

Hay que oponerse a todos los dogmas democratizadores de la universidad: la experiencia del caso de la UANL habla por si misma, porque éstos han hecho mucho daño a la academia y no sólo a la academia, sino también a la población en general, es decir, la cuestión de que la universidad representa el progreso y el hecho de que éste no sea tal significa un engaño para la población y un autoengaño para los universitarios.

La cuestión es que muchos de los funcionarios de los últimos años recientes en la UANL sólo han atendido a una minoría a pesar de que dicen que han impugnado el elitismo, pero sólo basta observar: no sólo cuántos son los que terminan la preparatoria y más cuantos los que ingresan, a pesar de la práctica populista de las becas a la universidad y de ahí cuantos se titulan. La eficiencia terminal se reconoce como el mayor problema de la educación superior en todo el país. En el caso de la UANL, la "eficiencia" deficiente toma formas grotescas, aunada a una masificación que las autoridades han visto como un próspero negocio al proponer recientemente en el Consejo Universitario que es mucho mejor ofertar la venta del titulo que dedicar esfuerzos académicos y desarrollar mediante ejercicios de escritura y de cálculo la producción de una tesis que en muchos de los casos representaría posibilidades de solución de problemas técnicos y/o sociales. Y no sólo esto, sino también es la universidad pública más cara del país si comparamos el costo de trámites de documentos con otras universidades, por ejemplo, la UNAM. Así, la UANL se ha convertido en una universidad privada disfrazada de pública. Que el actual rector Ing. José Antonio González grita a los cuatro vientos que es la mejor casi del mundo en un estado de progreso; sólo falto que se agregara también de aniquilación.

Los títulos así obtenidos son un fraude y estafa para la mayoría de la población, que es clientela de los graduados y empleados selectivamente. Por ejemplo, la población pone su salud, su patrimonio y más aun su vida en manos de ineptos y de verdaderos asesinos, nada más porque el letrero que da a la calle de su consultorio o despacho dice que el pretendido profesional tiene titulo de la universidad. Lo que queda claro es que los grupos de porros que han controlado la universidad no les interesa el nivel académico en general, lo cual va en gravísimo detrimento de la población y de la propia universidad. No cabe ninguna duda que su sistema de planeación ha ido en una tendencia más bien de tipo cerrada tradicionalista, cuantitivista, deductivista, eficientista, etc.; más que apostar por una estrategia abierta cualitativa, inductiva y eficaz. No estoy en contra de la excelencia académica. Al contrario, me parece que el universitario está obligado a ser cada vez mejor consigo mismo y con los servicios profesionales que ofrece a la sociedad.

Pero si la UANL en su conjunto, pretende ser el santuario de la razón y, sin embargo, no comprende o no entiende esta razón; que no puede tolerarse que los recursos de un país en nuevas circunstancias obliga a la universidad a plantearse una redefinición y volver a establecer los fines y objetivos de nuevas políticas publicas que enmarquen lo pertinente para los próximos años y que efectivamente la conduzcan a mayor desarrollo y consolidación; al mismo tiempo, dar satisfacción a las necesidades esenciales del país o bien de la región inmediata de la misma. Así se podría cumplir que los recursos económicos y humanos se destinen adecuadamente a la satisfacción de las necesidades de la población. Si la universidad no le aporta a la nación el entender esa razón, su racionalidad es falsa y sus pretendidos privilegios carecen de fundamento. Y su discurso triunfalista un cinismo.

La UANL: la piedra que rompe la tijera.

En el sistema de propiedad privada los recursos de un país (materias primas, fuerza de trabajo, capitales) se destinan al fin de la ganancia; se dirigen como fin al incremento del capital y no se destinan directamente a satisfacer las necesidades de la población, ni siquiera a satisfacer la inaplazable necesidad de empleo. Si para las ganancias del capital conviene atender ciertas necesidades, entonces y sólo entonces se atiende a las necesidades de la población. Así se demuestra que el fin es el lucro, mientras la satisfacción de las necesidades es sólo un medio. Por ejemplo, ahora en este preciso momento las necesidades de empleo son trágicas y apremiantes; pero los capitales no se invierten porque en el capitalismo el criterio es la obtención de lucro y no el atender a las necesidades. En la globalización, la estrategia de los capitales es la obtención y reproducción de los capitales en los menos tiempos posibles. Y como en nuestro país siempre todo está por hacer, pues los inversionistas extranjeros voltean a ver otros territorios que si cumplen sus expectativas. Así que soñar que vendrán a salvar nuestro país es sólo un sueño. Bueno, quizá sólo vengan a salvar a la elite de siempre: la oligarquía.

Y bien, esa es la razón, además de concepciones ideológicas de transformación social que prevalecieron en los grupos de izquierda que participaron en aquellos años de la lucha por la autonomía. En efecto, existieron diferentes concepciones: a grosso modo los reformistas comunistas pedían espacios adecuados para el desarrollo de la universidad y así jugar a las escuelitas con el gobierno; los socialistas exigían que la actividad económica y los recursos de un país deben tener como único fin el satisfacer las necesidades de la población. Los radicales, con su concepción universidad-fabrica, querían hacer la revolución mediante la lucha armada para llegar al socialismo. Pero a toro pasado es sólo un pasado, pero hay que darle vuelta a la hoja y enfocar nuevamente la perspectiva social e institucional de la universidad considerando para fines de análisis y soluciones de sus problemas, así como: prever su futuro a base de clasificarla y distinguirla de los diversos tipos de universidad publica, por lo tanto es más productivo desagregarla que homologarla. Hoy el sistema universitario significa complejidad. El pluralismo ha llegado a la universidad y diversas son las historias, los actores, las oportunidades y los problemas y no continuar pensando en una experiencia pasada adolescente que no merece confianza: no hay que quedarse viviendo en el pasado. Hoy la misma sociedad ha madurado lo suficiente, existen sectores sociales y populares que no desean ser "invitados de piedra", también reclaman su derecho a participar; sólo basta observar la diversidad cultural y de comportamiento de los jóvenes para intuir que requieren una aspiración y un empujoncito: el ideal social.

Hay grandes pequeños burócratas que creen que nos hemos hechos comunistas, socialistas o críticos de la universidad por pura inclinación visceral, porque la índole de nuestro temperamento así lo pide. No pueden comprender que son razones las que nos convencen de que el capitalismo es radicalmente inmoral y que su civilización no aporta nada en lo absoluto a la vida misma. Luchamos ante todo mediante razones, mediante argumentaciones. Creemos en la racionalidad del ser humano, creemos en su capacidad de entender razonamientos y proceder en consecuencia. En efecto, el gobierno de aquellos años combatió a los grupos de izquierda porque pensaba que estaban ganando espacios políticos y querían instalar la universidad socialista en un sistema capitalista, pero no era así lo que sucedía: era que no había claridad de los fines y objetivos de la misma por parte de la derecha tradicional pues, la universidad estaba transformándose continuamente y rebasaba sus políticas y los grupos de izquierda si tenían conocimiento hacia donde debía de ir puesto que la composición social del estudiantado así lo indicaba. No sólo esto, sino también a nivel internacional existía una conmoción social emergente de nuevos sujetos sociales y de nuevos paradigmas epistemológicos que señalaban nuevos signos y por supuestos nuevos cambios sociales. A lo cual la UANL no estuvo ajena a toda esta atmósfera.

La UANL: El papel que envuelve la piedra.

Si la UANL en su conjunto no entiende esa razón, es que no cree que pueda haber razones y no cree que para las cuestiones fundamentales alguien pueda tener razón. Y entonces lo que sucede es que la UANL ha renunciado a la racionalidad. No dudo que, en el campo de cada especialidad, la universidad siga una cierta racionalidad, la mutilada racionalidad que dentro de esos límites es posible. Pero lo más específico de la irracionalidad es no aceptar cuestionamientos e ideas transformadoras.

La principal tarea de la razón es el juicio de importancia: saber reconocer cuando hay un problema cuya importancia desborda y engloba a los demás. Sin el juicio de importancia, la razón puede estarse empleando toda la vida muy irracionalmente. Y si de la universidad en su conjunto no resulta para la sociedad la capacidad de entender una razón que atañe a la sociedad, entonces, la universidad es escuela de irracionalidad.

Una racionalidad circuncidada por sus espacialísimos, que se vuelve incapaz de orientar y proteger la vida y las decisiones fundamentales acerca de los fines más que de los medios, es una racionalidad castrada. Por ese camino se promueve un etnocentrismo de subculturas científicas que destruye la apertura y amplitud de la crítica verdaderamente científica, y no sólo ésto sino también no se produce ningún horizonte científico y tecnológico que se oriente hacia el bienestar de la población en general. De por si, los problemas sociales y económicos del México presente son múltiples como para ser abandonados por las instituciones responsables en dar vida a la universidad, que en muchos de los casos debe de representar la capacidad de respuesta social a dichos problemas.

Con su indiferencia acerca de razonamientos fundamentales, las universidades públicas, la UANL no escapa a esto, viven de la plusvalía y sirven para reforzar el sistema social que la extrae. Pues, la opinión pública tácitamente se dice: si el argumento estuviese fundado, los preparados cuestionarían la manera de cómo está organizada la sociedad. Este debería ser el objetivo fundamental de una universidad pública como la UANL.

De suerte que la impasibilidad de la universidad frente a la razón de los críticos, socialistas humanistas y científicos que cuestionan al sistema vigente, su silencio es complicidad con la explotación capitalista. Su responsabilidad es enorme, pues se supone que en la universidad tiene su sede la razón; y cuando en una sociedad la razón abdica y no entiende razones, el único camino que queda es la construcción de plataformas científicas, políticas y culturales de lucha contra el control policiaco e ideológico de la educación superior publica en general y en el caso de la UANL en particular.

Decía Pepe Alvarado: "En toda Universidad viva y con aliento verdadero, se desarrolla un debate inextinguible entre la tradición y el impulso renovador. Así sucede, por fortuna, en la nuestra. Si así no fuera, seria una asamblea de fantasmas bizantinos y yo el primero en invitar a los jóvenes a dispersar las sombras". Y más adelante: "En la universidad de Nuevo León no debe de haber altares para los ídolos del Foro. No es un claustro para supervivientes adormecidos por la nostalgia, sino una morada para seres de hoy, con las cifras vivas de la técnica, la ciencia y la cultura."

Así me imagino a este gran personaje de nuestra historia, no de boca abajo en su ataúd, sino quizás en algún lugar profundo de su cripta en un panteón. Pepe Alvarado está haciendo tranquilamente un gesto admonitorio con el dedo y expresando: "se los dije". No cabe la menor duda los gobiernos cambian y las mentiras siguen siendo las mismas.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)