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Lunes, 03 Enero 2011 17:20

El surrealismo en el siglo XXI

Written by Xavier Araiza

In situ, el Encuentro

Edward James y el Surrealismo, Encuentro Internacional, celebrado en noviembre de 2007, en el pequeño pueblo de Xilitla, en el estado de San Luis Potosí, ha sido un acontecimiento importante, memorable. En esos días Xilitla se convirtió en la capital del debate y el diálogo sobre el surrealismo.

Entre la niebla y la humedad de las montañas de la Huasteca potosina, bajó el espíritu surrealista. Los vasos comunicantes entre los presentes, los célebres muertos y las obras vivas del surrealismo estuvieron ahí, en las exposiciones, las ponencias, los debates exaltados y los encuentros y desencuentros de los participantes. En el espíritu de libertad, de diálogo, antítesis del fasto de las ceremonias institucionales, de la pompa de políticos que se inhiben o exhiben ante el arte, se quebraron las inercias burocráticas y académicas que suelen cubrir los encuentros intelectuales con el manto soporífero y el no tan discreto encanto de lo fatuo.

Y no. No fue un espíritu bajado del cielo, un acto de comunicación esotérica con Artaud, Bretón, Buñuel, Aragón, Dalí, Eluard, Soupault y sus amigos: fue el cruce de la conciencia, los sueños y los deseos de cada uno de los/las participantes. El sentido del pudor y la importancia del tema daban certeza que hablar del surrealismo en el contexto de Las Pozas, era un acto que iba más allá de proyectos y cálculos de inversión turística, convenios políticos, prestigios estéticos y curriculums académicos.

En el entrecruzamiento azaroso de los participantes llegados a Xilitla de Argentina, España, Perú, Francia, Uruguay, Chile y de la geografía mexicana, flotaban interrogantes sobre la historia del surrealismo y su influencia en América Latina; y la pregunta clave, insoslayable, sobre la pertinencia, vitalidad y efectos del surrealismo en el mundo contemporáneo hundido en el desencanto posmoderno, la cultura fashion, el hedonismo narcisista, la dictadura del mercado y la histeria consumista que se exhibe, obscena, junto a la pobreza, el desempleo, la exclusión y las guerras.

 

El arquitecto y el paraíso surrealista en Las Pozas

Vivir con los cinco sentidos y la imaginación el tránsito por el espacio arquitectónico de Las Pozas construido por Edward James es una experiencia única, vivencia insólita que contrasta con la atmósfera y los significados del entorno social invadido por la publicidad y el ruido mediático, los objetos de consumo y el espectáculo tragicómico de la política globalizada. En Las Pozas la experiencia espiritual del surrealismo condensa la fuerza de la naturaleza vivida por los sujetos en la percepción que pone en juego todos sus sentidos. En el laberinto de significados, espacio y tiempo remiten a sueños y escenarios arcaicos-el tiempo de los hombres sin atributos tecnocráticos. Ahí, la vista toca el silencio; el oído ve lo que oculta la imagen; el olfato vuela con los perfumes y miasmas de la selva, de la roca y del agua; el tacto se reconoce en las texturas y produce sensaciones donde el deseo es el puente material entre los objetos y el propio cuerpo; y la boca nombra, sin decir palabra, las pulsiones del placer de sumergirse en los sabores que preserva la vida y que en el principio no eran productos industriales sino frutos de la naturaleza al alcance de la mano.

Si hay una experiencia cercana a la fantasía infantil del paraíso terrenal, eso es Las Pozas, Xilitla. Entre los altos árboles y la vegetación exuberante que exhibe todos los matices del verde, uno se imagina el misterio de las serpientes que acechan en cada rama, en cada recoveco; la súbita aparición de Adán y Eva desnudos y haciéndose el amor sin culpas y sin el ojo vigilante y el dedo flamígero del Señor condenándolos al sudor en la frente y a trabajos forzados en campos de concentración infernales. El visitante encuentra innumerables escaleras que llevan a ninguna parte y suben hasta suspenderse en el aire como improvisación y ensayo del reto locamente surrealista que significa subir al cielo por la famosa escalera de Led Zeppelin, construcción paralela de la bíblica torre de Babel. Y como se sube al paraíso, se baja al infierno por caminos sin salida, pequeñas cuevas y escenarios secretos que evocan el placer de "las escondidas", juego infantil que provocaba el miedo, el suspenso y un placer erótico primitivo. En el laberinto se traspasan umbrales de puertas de ninguna habitación, puertas de la percepción y del sueño, espacios que evocan célebres pinturas surrealistas y la imagen inconsciente de lo que permanece adentro y lo que está afuera, a la intemperie; de lo que protege (la cueva, la casa) o recluye y aísla (la fábrica, el monasterio, la oficina, la prisión, el manicomio, los castillos del Conde Drácula y del Marqués de Sade).

En los postulados de los manifiestos surrealistas, lugar privilegiado tienen el cuerpo y la imaginación. Con sus obras e ideas, los surrealistas impugnaron la moral conservadora y abrieron cauces para las posteriores revoluciones en torno al sexo, el erotismo ,el amor libre, las teorías de género y lo que hoy se promueve y define como diversidad sexual que impugna el totalitarismo religioso que impone, como natural y sagrada, la moral heterosexual y la familia tradicional.

En la construcción paciente, imaginaria y real de Las Pozas, el objeto surrealista se materializa en la conjunción de sueños, fantasías, naturaleza y una arquitectura realizada mediante planificación caprichosa que trastoca el principio de la construcción al servicio de un objetivo utilitario, racional. El dogma ortodoxo del menor gasto económico y el mayor beneficio, fundamento del ahorro y la acumulación de bienes, no entra en la "lógica" surrealista del extravagante inglés que llegó para constatar que, efectivamente, México era el país más surrealista del mundo, como seguramente le habían dicho Bretón y sus amigos.

Así, los trabajos y los días de obreros de la madera y el cemento, dan cuenta de una capacidad inventiva y artesanal que en sí misma constituye una experiencia estética extraordinaria.

Si en la visión del mundo el amor, el loco amor, fue uno de los temas artísticos, vivencias y experimentos existenciales del surrealismo, en el origen de la fantasía y la voluntad de Edward James, paciente arquitecto de Las Pozas, anida el azar objetivo, la estética surrealista y las pulsiones del erotismo y el amor. En la aventura que de a poco tomó forma en el espacio selvático de Xilitla y perdura en el tiempo de los hombres, es determinante la voluntad y la experiencia amorosa de Edward James. En su situación de extranjero en un pequeño y aislado pueblo mexicano, la aventura amorosa, prolongada y turbulenta, es insoslayable. Edward James, visitante, unió la pulsión creativa para construir, en compañía del amado, el objeto de su deseo sexual, de su placer erótico, de la presencia/ausencia del amor. Y no podía ser de otra manera: el escándalo del amor loco anidó en el pequeño pueblo traído por el extranjero excéntrico, rico y ostentoso, que llegó para fundar la utopía surrealista de Las Pozas.

Así, la relación de Edward James con los surrealistas, su cuna aristocrática ,la realidad o el mito de ser hijo del rey Eduardo VII, su vocación de mecenas, su enorme riqueza económica, su extravagancia y correrías amorosas, son los vasos comunicantes que conectan con el azar objetivo que impulsa la construcción surrealista y laberíntica de Las Pozas. El periplo por el mundo, encuentros y rupturas, las sacudidas pasionales y el escándalo moral de una sociedad conservadora, da para la narración novelesca en clave surrealista.

Edward James en Xilitla descubrió la selva. Encontró a su Nadja. Se convirtió en el arquitecto surrealista de Las Pozas.

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La historia surrealista en el siglo XX

En la prolongada crisis que abarca las dos guerras mundiales, de las manos de Hegel, Nietzsche, Marx y Freud, y de las vanguardias anunciadas por el Ubú Rey de Alfred Jarry llevado a escena en 1896; el surrealismo estalló en el Paris de los años veinte. El terreno cultural había sido previamente horadado por la revuelta anarco-nihilista y provocadora del Dadaísmo. Bajo el grito rebelde y la puesta en el banquillo de la razón occidental consagrada en el siglo XVIII y confirmada por el culto a la ciencia en el siglo XIX, los manifiestos surrealistas reivindicaron la verdad de los sueños, la necesidad de la poesía, de la libertad, del amor. El grupo de rebeldes encabezados por André Bretón inició la revolución espiritual más trascendente y duradera del siglo XX que toca a las puertas del siglo XXI.

El poder capitalista y el seudo-socialismo totalitario realmente existentes, fueron cuestionados por la explosión espiritual, estética, cultural y política que cuatro décadas más tarde volvió a asombrar al mundo con su influencia en las barricadas, las acciones , los gestos y las palabras de la revuelta estudiantil y la huelga de los trabajadores en el Paris del mayo de 1968. La ola expansiva de la revuelta estudiantil llegó a Berlín, a Roma, a Berkeley, a Tokio y otras grandes ciudades latinoamericanas. En México cimbró la arcaica estructura priísta. El poder ridiculizado y cuestionado por los estudiantes mexicanos reprimió el movimiento en la trágica noche de Tlatelolco del 2 de octubre.

La consigna Bretoniana "transformar el mundo y cambiar la vida" -lanzada de la síntesis de Marx y Rimbaud- , puso en entredicho el dogma del pensamiento estalinista y los valores y dogmas del capitalismo imperialista que luego protagonizarían el combate solitario y el terrorismo nuclear en la siniestra era de la Guerra Fría. Los ortodoxos de ambos bandos no toleraban a los subversivos que llegaban montados en los caballos salvajes de la poesía, de la libertad, del amor, del sueño y la revolución. Eran los rebeldes que impugnaban la estética consagrada y el espíritu de museo; artistas de la literatura, la pintura, el teatro, el cine, la fotografía, que ponían en el banquillo de los acusados a los Propietarios, los Jueces, los Intelectuales conservadores y las instituciones del capitalismo que los había arrojado a la carnicería de la Primera Guerra Mundial.

Esos ciudadanos desmesurados, hermanos, discípulos y aliados de los impugnadores del arte académico y de la política derechista de la Europa que anunciaba las matanzas del siglo, se negaron a predicar y congelar la negación de la dialéctica abanderada por los Dadaístas que apelaban al lado oscuro y destructivo del No absoluto. Los surrealistas, en el mismo movimiento del No aceptaron la síntesis del Sí que abre la trascendencia, la posibilidad de futuro, de transformación del mundo.

El surrealismo nunca fue un nihilismo. En su praxis y su discurso alentaba la esperanza de una sociedad libre y justa donde la poesía y los bienes materiales, el placer y la alegría serían de todos; en un mundo sin la razón instrumental, el despotismo de unos (la jerarquía, el poder) sobre otros: los excluidos, los condenados por la explotación, la producción, el consumo y la alienación del sistema analizado por Marx en su famoso libro El Capital. En esa brecha libertaria, años más tarde Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Merlau-Ponty, Albert Camus, desde la filosofía de la existencia y la crítica de los poderes despóticos, abrirían un mundo de ideas, obras literarias y filosóficas, acciones y compromisos para tender un puente entre la libertad individual y la revolución social que negaban, como dos enemigos gemelos gesticulando en el espejo: el Imperio norteamericano y el Estado policíaco encarnado en la URSS.

En las artes los surrealistas abrieron las puertas de la imaginación al poder liberador de la poesía, la pintura, el cine, el teatro, la danza, la fotografía, la arquitectura, y otras manifestaciones estéticas que escapan a los géneros y las disciplinas. La percepción visual e imaginaria del mundo nunca más fue la misma. Las palabras dejaron los grilletes de la lógica formal y con los sueños se travistieron en escritura automática: los juegos del inconsciente entre la frontera fantasmal del sueño y la vigilia se convirtieron en Cadáveres Exquisitos; la libertad en consigna política, insurrección moral, provocación cultural e invención poética.

El surrealismo fue una transgresión espiritual que también tuvo efectos en el pensamiento, la política, el amor y llegó hasta el combate dramatizado entre la imaginación y las instituciones de control pedagógico, tecnocrático y policíaco. Los surrealistas llevaron a la calle los decisivos descubrimientos del lado oscuro del Ser, del lado reprimido por la dictadura racional, la fría aplicación de la tecnología y el cálculo egoísta de posesión y acumulación de riqueza. Sigmund Freud fue el profeta que, sin proponérselo, anunciaba con sus investigaciones y descubrimientos en torno al inconsciente, la irrupción del surrealismo en los años que abrió el paréntesis entre las dos guerras mundiales.

Si cada uno a su modo y en sus contradicciones, los surrealistas fueron los heraldos de la principal revolución espiritual del siglo XX, no es posible negar los compromisos ideológicos que después adquirieron en las divisiones y rupturas que todos los grupos experimentan en su proceso creativo.

En las tendencias emblemáticas abiertas por el núcleo del grupo iniciador del surrealismo parisino: Antonin Artaud es el icono del fuego poético, los sueños y el inconsciente desatado que atrapó al gran poeta en la locura y la ignominia del manicomio. Salvador Dalí representa la conversión derechista, la derrota de la rebelión por la fuerza del dinero, el exhibicionismo, el fetichismo de la pintura y la idolatría del artista: se convirtió en el pintor genial al servicio del mercado del arte. En la contienda ideológica que sobrevino con la ruptura, Bretón lo bautizo como Ávida Dollars. Louis Aragón, por el contrario, en una confusa conversión ideológica, digna del análisis psicoanalítico y una cuidadosa fenomenología existencial, devino teórico del realismo socialista y militante del estalinismo francés. André Bretón, en cambio, en los años de los debates y las posiciones internacionales sobre la libertad de expresión en el arte y la política, se compromete a fondo y viene a México en busca de alianza con León Trotsky para combatir, a la vez, a los adversarios situados en la trinchera del capitalismo, y a los comisarios de Stalin situados en la razón autoritaria y el uso dogmático y reduccionista de la teoría marxista. Con su firma y la de Trotsky, en 1937 lanzan el Manifiesto por un arte revolucionario independiente.

Esos años polémicos y agitados desembocaron en el ascenso de Hitler, Mussolini y Franco, en el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Luego vendría el Holocausto, la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, el Muro de Berlín, la Guerra Fría, la carrera armamentista, la coexistencia y el terror nuclear entre Estados Unidos y la URSS.

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El surrealismo en el siglo XXI

En la era del vacío del sujeto convertido en mercancía, en cliente, en individuo alienado que se divierte en los centros comerciales como zombi expuesto a la depredación del mercado, a las estrategias del mundo desechable que produce la salvaje explotación y el enloquecido consumo, el legado surrealista está ahí para ser pensado en el nuevo contexto del mundo surgido de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría.

La razón tecnocrática y el cálculo de la máxima ganancia del capitalismo dominante que anunció su nuevo orden y el fin de la historia, está tocado fondo y llega al callejón sin salida. ¿Nos espera el fin de la humanidad que ya intuía el genio de Karl Kraus? ¿La locura de Artaud recluido en el manicomio es la metáfora anunciada de la locura colectiva que se está generando en nuestro tiempo? El manicomio ya no está acotado y distante de la sociedad racionalista y de la doble moral que niega sus pulsiones y sus pesadillas, sus propios fantasmas. El manicomio empieza a convertirse en el espacio público, en el entorno colectivo que avasalla la propiedad privada mediante imágenes televisivas y nuevas tecnologías que generan el mundo virtual y el encerramiento.

Para salir de la cotidianeidad y el conformismo de la sociedad del espectáculo, la frase de Bretón: "la belleza será convulsiva o no será" es una consigna que perturba y mueve a la reflexión profunda. Llamado de urgencia a los artistas, los intelectuales y los ciudadanos contra el mercantilismo, la estética fashion, el fanatismo del pensamiento único, el consumismo; pero también contra la aceptación pasiva y temerosa de la censura y la autocensura en una sociedad basada en los valores y los emblemas del poder, el dinero y la competencia desenfrenada.

Más allá del fetichismo y la consagración de las obras artísticas (sobre todo la pintura), al surrealismo como a tantos otros movimientos liberadores se le ha declarado muerto, démodé, expresión de otro siglo. Así, de manera simplista y para descalificar a Bretón, principal teórico del movimiento, basta con lanzar el anatema favorito de las derechas calificándolo de "estalinista" y "Papa" del surrealismo. Cada generación de intelectuales y académicos conservadores entierran a Marx, a Sartre, a Brecht. Es fácil matarlos imaginariamente de cuando en cuando: muy difícil recuperarlos, maquillarlos, para su causa alienadora.

Más obvia que la estrategia ninguneadora de los intelectuales orgánicos del poder del capital, es la estrategia de convertir todo objeto surrealista en fetiche o mercancía, alejándolo de sus significados profundos y los efectos que en contextos de análisis y experiencia directa, pueden decirnos sobre el mundo y el horizonte de nuestra época.

En su tiempo, en los años veinte, el surrealismo se levantó contra la sociedad mercantilista, contra el racionalismo y la falsa moral burguesa. Hoy sigue ahí exhibiendo las mortajas no de cadáveres exquisitos, sino de los cadáveres reales en Irak, en Palestina, de los indígenas chiapanecos, de las Muertas de Juárez, de los obreros sepultados en la mina Pasta de Conchos, de los "mojados ilegales" calcinados en el desierto de Arizona, los cadáveres que deja regados la guerra entre las mafias del narcotráfico, las muertes silentes, nada espectaculares, de los pobres y excluidos del llamado primer mundo.

¿Qué ha sucedido desde los años de la revolución estética, moral, intelectual del surrealismo?: la derrota del género humano, la descomposición de la sociedad mundial atrapada en la explotación, el consumismo, la competencia, el individualismo. El espectáculo de la razón tecnocrática ha sido puesto en escena en el delirio totalitario de los campos de concentración y exterminio nazis y estalinistas, pero también en el oropel del desarrollismo modernólatra del capitalismo que depreda la naturaleza, la vida privada y el espacio público, devastando los ciclos atmosféricos y propiciando el ya amenazante calentamiento global, convirtiendo a los sujetos en objetos vigilados por el Big Brother mediático y policíaco. Contra todo esto que intuían como futuro, se rebelaron los surrealistas en su tiempo.

En la profunda revolución espiritual iniciada por los surrealistas en hombros de Freud, Marx, Nietzsche y una larga lista de artistas y escritores de todos los tiempos, la crítica a la usura del capital fue uno de sus gritos de guerra. También levantaron banderas contra el cristianismo y sus promesas del más allá, apelando a la liberación de lo irracional, del deseo y el flujo de los sueños, desmontando los grilletes de la fe basada en el pecado, la culpa, el perdón, la condenación y la salvación eternas. Los surrealistas intentaron unir los postulados y la experiencia interior con la revolución socialista. Fueron avasallados (no suprimidos) por las dos fuerzas en contradicción que sentarían las bases para el desastre del siglo XX y el hundimiento del siglo XXI en que estamos.

Los soñadores y combatientes por un mundo libre, justo, igualitario, fueron derrotados por las maquinarias ideológicas de los imperios en la era nuclear. Derrota que celebraron los conservadores de todos los colores que vieron amenazada su rutina privada y el orden público autoritario.

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Surrealistas en México

Entre las naciones, México es el país surrealista, la sociedad que vive los sueños, la fantasía, el arte que producen Posada, María Izquierdo, Frida Kahlo, Gironella y muchos otros artistas inspirados en el arte popular, maravilloso y callejero, siempre en la frontera de lo trágico y lo cómico, de lo grotesco que maravilla a los extranjeros con el humor negro dedicado a los muertos y la fiesta permanente de los vivos.

Aquí llegaron Bretón, Artaud, Soupault. En México vivió Luis Buñuel exiliado del franquismo y produjo varias de sus películas clásicas con el ojo de director robado al famoso ojo cercenado por la navaja, imagen clásica del surrealismo en la portentosa película El Perro Andaluz. Antonin Artaud, en su periplo trágico, acosado por los demonios de la locura y de la droga, vive una temporada en el infierno mexicano y se adentra en los terrenos de la sociedad y los ritos sagrados de los Tarahumaras. Tal vez buscaba la esencia del grito y el silencio, lo sagrado y el rito sin palabras que funda la teoría de su teatro y la incandescencia de su poesía. Bretón llega invitado por Diego Rivera y Frida Kahlo, hace alianza con León Trotski (Bestia Negra del estalinismo internacional) para reforzar la trinchera teórica y estética del arte libre contra los intelectuales de la izquierda dogmática y los intelectuales de la derecha exquisita igualmente dogmática. Artaud, el frágil poeta arrasado por sus demonios, la razón utilitaria y las instituciones psiquiátricas al servicio de la normalidad conformista en una sociedad esquizofrénica. Bretón, el poeta y pensador del surrealismo que resistió los embates de los hermanos gemelos (ambos deformes) conocidos como socialismo real (más ficticio que real) y capitalismo democrático (más despótico que liberal).

En memoria (crítica, no sagrada) de los surrealistas que eligieron, visitaron y honraron a nuestro país como Meca del surrealismo de facto; preservar, difundir y mantener en las mejores condiciones la obra y la memoria de Edward James, sería un acto de sensibilidad cultural, civilidad política y conciencia plena de que no existe en otra parte del mundo una arquitectura caprichosa y salvaje, unida a la naturaleza, como la que pervive en Las Pozas, monumento in situ del surrealismo.

Sería motivo de escándalo y protesta nacional e internacional, que los barones de las finanzas invirtieran sus capitales para convertir lo que es abigarrado, provocador, indefinible, maravilloso, bellamente convulsivo, legado surrealista al mundo; en un paseo turístico, mecanizado, estandarizado, tecnificado, vigilado en exceso por los guardianes y las cámaras avasallantes en la sociedad nuestra del crimen y el espectáculo.

Por supuesto, hace falta preservar Las Pozas del deterioro del tiempo y del vandalismo, con formas promocionales y administrativas discretas para optimizar la visita de los ciudadanos de San Luis Potosí, de México y del mundo que seguramente serán tocados sensiblemente por la potencia estética del raro matrimonio entre la naturaleza y el espíritu surrealista, cosa que nunca sucedería en una especie de Xilitilandia, en Las Pozas convertida en escenografía.

Como legado estético al mundo, Las Pozas en principio pertenece a los ciudadanos de Xilitla, al estado de San Louis Potosí, luego al patrimonio nacional y a los ciudadanos del mundo. No pude ser, no debe ser propiedad de Banamex o de Cemex.

Así entonces, los funcionarios de Cultura del gobierno de San Luis Potosí tienen un reto grande: no permitir -por la vía de la expropiación- que Las Pozas se convierta en lugar turístico a la manera en que operan los negocios trasnacionales del ramo. Eso no debe hacerse con un santuario laico del surrealismo. De permitirlo se corre el riesgo de devastar la herencia en México de un movimiento artístico, espiritual y político que sigue llamándonos a buscar la libertad, la justicia y la democracia en el mundo que se nos deshace en las manos.

Un camino posible para preservar el legado de Edward James inició con el primer Encuentro Internacional sobre el surrealismo. A futuro debe crearse un programa para convertir Xilitla en un espacio de investigación, diálogo y difusión sobre el surrealismo en el siglo XXI, apuntalado con encuentros anuales de artistas, críticos y académicos. Eso dará protección internacional a Las Pozas y proyectará a San Luis Potosí y a México en el ámbito de los proyectos culturales que preservan y promueven las grandes obras humanas contra el abandono y el embate de la mercantilización global. En este ambicioso y urgente programa podrían apoyar y participar el Instituto de Cultura potosino, Conaculta y la Unesco.

La gratuidad de la naturaleza y la donación del arte sintetizan el llamado urgente a defender la libertad creativa y los ritmos de la naturaleza que no deben someterse a la lógica depredadora de la ganancia económica, a los caprichos del business cultural y turístico. Las Pozas debe ser testamento material del arte surrealista. Patrimonio artístico de la humanidad.

(Imágenes tomadas de Internet / Derechos reservados por el autor)